Archivo categoría Ideolochía-Identidá

Fue Fernando II el primer españolista?

fiiPara españolizar más aún al rey aragonés más españolizado, el actual Gobierno de Aragón ha montado, a la manera de un stand de feria de muestras y con el propósito de un parque temático, la exposición “Fernando II de Aragón, el rey que imaginó España y la abrió a Europa”. Ya el título denota que el planteamiento está hecho al gusto de una parte de la clase política aragonesa “ávida de españolidad, cargada de anti-catalanismo y de encefalograma plano en aragonesismo”. Se trata de un planteamiento propagandístico con obras y documentos originales para pre-condicionar al visitante a la “verdad” ideológica que el españolismo siempre ha querido dar sobre Fernando II de Aragón, que está en las antípodas del rigor histórico, y que no aporta nada nuevo en el formato del mito de los “Reyes Católicos” y del “Tanto Monta, Monta Tanto…”.

A Fernando de Aragón se le ha definido como el mejor político de su época. Quizás, por ello, el empeño en borrarle lo “de aragonés” y fichar, o mejor dicho, usurpar, su ilustre persona por parte del españolismo, tan carente de referentes. ¡Como no es mío, me lo apropio!. Es la “eterna envidia“, y el no poder consentir que un Reino tan “insignificante” y “periférico” como Aragón “diera” un hombre con tantas virtudes políticas y que dominó en Castilla durante 35 años.

Ya va siendo hora que alguien diga lo contrario sobre este rey y, aunque me pueda sobrepasar en mis planteamientos, intentaré dar algún argumento en que pensar. Lejos de los mitos con los que juega el españolismo, Fernando II fue un rey “muy aragonés”  y sus reinos patrimoniales de la Corona de Aragón estuvieron en el eje de sus intereses como gobernante, aunque con sus “particularidades”.

Como dicen todos los manuales, Fernando de Aragón era un político en sentido moderno y con una muy gran ambición. Aunque lo era más en sus planteamientos y su estrategia que en sus resultados, pues acabó metiéndonos en ese batiburrillo de reinos, ducados y señoríos que fue la Monarquía hispánica, donde acabó imponiéndose la visión centralista castellana.

Le gustaba el poder y disfrutaba con él y con lo que es la extensión más agradable del poder, la coyunda con fembra plazentera a un chasquido de dedos, lo que también le dio fama.

Era audaz también, como se dice. Y en tanto que audaz era capaz de desorientar a los necios de su época y a los actuales en cuanto a sus fines. Por eso, su primer objetivo, el de ser el “hombre más poderosos de Castilla”, que el españolismo siempre ha querido interpretar (interesadamente) como el intento de unir los dos reinos en uno y formar España, fue, contrariamente, una parte de su ambiciosa estrategia para salvar de sus enemigos a sus Estados patrimoniales en la Península y en Italia, lo que todos conocemos como la Corona de Aragón.

La Corona de Aragón estuvo siempre entre los dientes de una tenaza. Por un lado Castilla, por el otro Francia. La política que siguió Fernando impidió que ésta tenaza se cerrara sobre Aragón en un momento crítico, a finales del siglo XV… Las torpezas de sus antecesores en el cargo, Alfonso V, dicho “El Magnánimo”, su tío, y Juan II, calificado como “El Grande”, su padre, no hicieron más que agravar los problemas y la crisis de la Corona, incluidos una guerra civil en Cataluña y la ocupación de los condados de Cerdaña y Rosellón por los franceses… Ni que decir tiene que la tenaza se cerró definitivamente en 1714, con la alianza entre Francia y Castilla, para instaurar la actual dinastía borbónica en España.

Así pues, bastantes problemas tuvo el rey Fernando en su reinado como para pararse a “imaginar” Estados que no existían, ni nadie necesitaba que existiesen en Europa, ni en ese momento ni después. Como político pragmático que era, no nos lo imaginamos perdiendo el tiempo “imaginando España”. Más bien su preocupación en aquel momento era como mantener la independencia y la integridad de los Estados de la Corona de Aragón. Porque, desde Pedro II, muerto en 1213 en batalla de Muret, y el fin del imperio aragonés en Occitania, el principal enemigo de Aragón fue Francia, que avanzaba en sus ambiciones territoriales en el Pirineo y que comprometía el dominio de Aragón sobre el Reino de Nápoles. Francia era un peligro real e inminente en aquel momento para la Corona de Aragón, mayor que Castilla que no se percibía tan inmediatamente como tal. El genio personal y político de Fernando II estuvo dedicado a conjugar este peligro, con un sentido muy pragmático y muy realista y de acuerdo a la manera de hacer política en aquel tiempo. Sus alianzas matrimoniales, incluido el casamiento de su hija Catalina con los Tudor de Inglaterra, estuvieron dirigidas a aislar a Francia. Todo este esfuerzo político, diplomático y bélico permitió probablemente que los Estados de la Corona de Aragón sobrevivieran a las potencias emergentes de Francia y Castilla, prolongando, al menos durante 200 años más, su existencia como entidades políticas.

Sin embargo, y a pesar de que Fernando tenía en el pensamiento sus Estados patrimoniales en su acción política, estamos lejos de considerarlo un patriota aragonés. Su ambición de poder le impedía tener un buen entendimiento con las Cortes y las instituciones del Reino.  En un contexto de la Monarquía autoritaria y en el intento de hacer valer la supremacía del poder real en todos los ámbitos de la política, ejerció medidas  tan despóticas como la de implantar la inquisición castellana en Aragón o mismamente la expulsión de los judíos.

El matrimonio de Fernando con su prima castellana Isabel, de hecho una usurpadora, le dio a Fernando la posibilidad de controlar Castilla durante la mayor parte de su reinado, a pesar de los múltiples problemas y conflictos que le generó sacó dos ventajas; la financiación para sus empresas políticas (incluidas las aragonesas) y, al estar bajo su control efectivo, quedar neutralizada en cuanto potencial enemiga de Aragón. Como pragmático se decantó por el “mal menor”, una decisión criticable desde la perspectiva actual vista como origen remoto de la pérdida de Aragón de su condición de Estado independiente, aunque eso fuera realmente el resultado directo de la guerra de agresión de los borbones contra el Reino de Aragón, que sucedió 200 años más tarde.

La unión Isabel y Fernando fue una asociación de monarquías formalizada en las respectivas personas de los monarcas, no en los Reinos en cuanto a entidades políticas o nacionales. Cada monarca obtiene de esa simbiosis una particular ventaja personal y política en su reino, para Isabel, que tenía, además del conflicto dinástico, todos los frentes abiertos contra ella: el exterior, la guerra con Portugal y, el interior, contra la propia nobleza castellana, obtener y consolidar su posición de poder en Castilla, y para Fernando, como rey de sus propios Estados y rey fiduciario de otro, dar satisfacción a su ambición y disuadir con su poder crecido la presión de sus enemigos sobre Aragón. No pretendieron unir nada. La Concordia de Segovia no ofrece dudas: fue un pacto o protocolo de lo que cada monarca puede hacer en el Reino del otro, pero sin reciprocidad y sin igualdad en la competencia, pues, así como Fernando lo fue todo en Castilla, Isabel ni pinchaba ni cortaba en Aragón. Ambos monarcas obtenían con esa asociación lo que ambicionaban políticamente. Era una asociación personal y no pretendieron crear una nueva nacionalidad.

Cuando, muerta Isabel, los nobles castellanos dieron la espalda a Fernando no se pararon a contemplar si ellos se consideraban españoles o si consideraban español al rey, ese concepto era inexistente tanto antes como después de su reinado. Si Isabel y Fernando alguna vez secretamente pretendieron crear una nueva nacionalidad, se vio que había sido un fracaso. En Castilla tenían unos nuevos reyes con los floridos nombres de Juana “La Loca” y Felipe “El Hermoso”. Se habían cumplido las previsiones sucesorias de Isabel. Y él, después de todo, sólo era “el marido aragonés” de la difunta reina y desde la “cuna de la españolidad”, Castilla, le dieron a entender al rey más españolizado de la historia, ¡oh, paradojas!, que allí ya no hacía falta.

El eje axial de la política de Fernando conseguir una alianza que garantizará la seguridad, integridad e independencia de sus reinos aragoneses retornó en ese momento a su punto de partida. Caducada la opción castellana (lo que debería dar idea de cuan débil era aquella unión), Fernando se vio en la obligación de hacer del antiguo enemigo un nuevo aliado y se casó con la sobrina del rey de Francia, Germana de Foix. El nacionalismo español siempre ha pasado de puntillas sobre esta cuestión, porque aquí se enfrenta la visión ñoña, distorsionada y cansina hasta la agonía del españolismo del eje Zaragoza-Madrid del ser rey “más ensoñador de las Españas”, con la visión auténtica del rey ambicioso, pragmático, audaz, abierto a todas opciones que no desdeñaría pactar con el diablo para salvaguarda de su Patrimonio aragonés.

El matrimonio con Germana de Foix fue una jugada maestra de Fernando “El Pragmático”. Si el de Isabel fue un matrimonio por razón de Estado, con más razón lo fue el de Germana. Para pasarlo bien ya tenía a las amantes. La audacia, que descolocó a propios y extraños, estuvo en aliarse con el enemigo tradicional de Aragón y emparentar él mismo, por razón de Estado y aunque pareciera contradictorio, con la familia del rey de Francia. ¡Precisamente emparentar él, que intentó aislar a Francia con las políticas matrimoniales y los casamientos de sus hijas!. Por otra parte y en vista de lo loca que estaba su hija Juana y lo mal que se llevaba con su yerno El Hermoso, tenía la mismo tiempo la intención de tener un heredero propio para Aragón y evitar que coincidieran los de  Aragón y los de Castilla  en la misma persona.

Fernando de Aragón jamás imaginó España, ni hubiera perdido el tiempo en semejante sandez. Ello hubiera ido en contra de sus hechos y sus hechos son incontrovertibles. Esto ni el españolismo más revisionista puede cambiarlo con mil exposiciones que hagan. Fernando actuó siempre en función de su instinto político y, aunque sus actos resultaran contradictorios, siempre deseó obtener la mejor ventaja para la Corona de Aragón. En su deseo final estuvo  apartar a Aragón de Castilla para siempre.

A la pregunta del inicio hay que responder, que no lo fue, que esa estirpe de cretinos aún tardaría algún tiempo en aparecer.

Arnau de Borau

, , , ,

2 Comentarios

Pedagoxía d’una esferra

11set1Un diya nazional “en negatibo”.- Cada 11 de setiembre Cataluña remera lo suyo “Diya Nazional” u Diada Nacional. As festibidaz zibicas u d’aponderazión patriotica naxen de bella bisión romantica d’a istoria d’os Pueblos dillá por o sieglo XIX, como ideya de que bi ha bels feitos en a istoria d’un país á los que lis se puede atribuyir prou bistera ta reforzar una pertenenzia u bella conzienzia común. Lo dito, una bisión de raso romantica, pero que funciona. A particularidá de l’11 de setiembre en Cataluña ye que ye una d’as poquetas enchaquias en que a zelebrazión s’alazeta en una rebesada: una esferra melitar. Una graniza esferra que arrambló con as instituzións puliticas istoricas d’o Prenzipato. O feito que siñala lo fin de Cataluña como entidá pulitica y soberana. Ye un caso estranio, profes, y, dito por os mesmos catalans, con un brin masoquista. Á ormino se cloxidan os aspeutos positibos d’a istoria d’o país, bitorias u los digamos,”cambeos a millor”, pero lo contrario no ye pas cutiano.

O que amuestra una esferra.- Pero lo feito de remerar una esferra tiene un platero oxetibo pedagoxico, aquer de poder mantener una conzenzia pulitica sobre os suyos efeutos y meter os alazez d’una azión pulitica orientata a la superazión d’as suyas consecuenzias: recuperar o status d’antis de l’esferra; recuperar as instituzions soberanas, u en un luengache más esauto, recuperar a independenzia. Isto l’asume lo Pueblo catalán y ye en a radiz de l’esito d’as mobilizazions independentistas de l’11 de setiembre. Una esferra ye una endominia, pero conmemorar-la talmén te fa más rebindicatibo y más presto a movilizar-te. Si no estase asinas, no se poderba contar con l’esito de partizipazión que s’ha bisto dica agora en ixas combocatorias.

No bi ha un diya ofizial ta ro patriotismo aragonés.- Remerar a istoria y no xuplidar-se’n nunca, ixe ye ro prenzipal sentiu d’ixa festibidá catalana. No bi ha en Aragón cosa parellana á una “Fiesta nazional aragonesa”, una Diyada Nazional d’Aragón, nomás un “esbafato” y tasamén rebindicatibo, sin garra conteniu pulitico, “San Chorche” (Santo patrón antimás d’una ripa de países uropeyos) que ni por acucuto puede comparar-li-ne. Os nazionalistas aragoneses remeramos o no-ofizial (anque poderba fer as begadas) 20 d’Abiento, diya d’a execuzión de Chuan de Lanuza, o Chustizia d’Aragón que se concaró con o rai Felipe II en 1591. ¡Jolio, que no mos mancan estronchinatas ni esferras en a nuestra istoria que mos poderban fer o paper d’un 11 de setiembre á los catalans!. Sin dembargo, no remeramos ufizialmén dengún feito que pasase entre 1707 y 1714. Ni sisquiera una bitoria, a batalla de Zaragoza (u de Torrero) en 1710 con a que Aragón recuperé os suyos fuers por un breu espazio de tiempo. Siga porque á los aragoneses mos agana xuplidar ascape ros “malos gotarrons” y os suyos protagonistas, siga porque aparentemén mos emos trasquiu ro punto de bista d’os benzadors, cualcosa nos leba á considerar á los fillos d’ista tierra que luitoron contra os Borbons y por a perduranzia d’as instituzións soberanas d’o Raino d’Aragón, como aliens á nusatros y á lo nuestro presén pulitico. En 300 añadas no emos pensau en onrar cosa á los nuestros erois d’a Iª Guerra d’o Franzés, tamién clamata de “Suzesión española”. ¡Qué menos que aber-lo feito bella begata por qui esfendión con as suyas bidas os fuers y as libertaz d’a nuestra tierra! En o sitio de Barcelona d’o 1714, bi eba soldaus aragoneses, que ni eban reblau, ni eban quiesto estar budatos d’allí y que luitón en as suyas murallas dica ras acabanzas y por as libertaz d’Aragón y d’a Corona d’Aragón. Son erois que nos pueden amostrar que a resistenzia nunca ye bofa y son testimonio y enchaquia ta que as chenerazions d’aragoneses, autuals y esbenideras, tiengan esmo ta luitar por o suya libertá.

A istoria como pedagoxía d’a libertá.- Os aragoneses no emos feito garra pedagoxía d’a nuestra istoria. No emos aprendiu cosa d’as nuestras esferras. Os benzedors mos imposaron a suya bersión d’a istoria: “Toz ganamos si os aragoneses renunziaz á los buestros biellos dreitos y tos gubernamos con as lais d’a benzedora Castiella borbonica”. ¡Y ya lo creigo que nos l’han feito trasquir! Nos dizión que yera cosa grandiza a unión a una Castiella, ta fer cualcosa muito güena clamata España. ¡Castiella, mesmamén a tradizional, a más zerrina, terne y “unica” enemiga d’as libertaz de Aragón!. Ye l’unico país que mos ha embadito y que s’ha quedau. Pero Aragón no ye Castiella. L’angluzia d’esbandidura de Castiella no ye pro ta chunir cosa. A tradizión pulitica d’Aragón y d’a Corona de Aragón ye en as antipodas de Castiella-España. No se puede chunir o zielo con a tierra ni l’azaite con l’augua, sin fer-ne una borustaca. Nomás l’espansionismo castellán enta ra Corona d’Aragón esplica l’Estau español autual. Cosa más. Nunca abié un auto d’unión consentiu por o Pueblo aragonés, sino que un esclatero y de raso ilegal y soberbioso auto d’imposizión y d’allanazión d’os nuestros dreitos. Semos charrando de fa 300 añadas y encara güei Castiella-España ye en o mesmo plan; centralismo, absolutismo (agora ye absolutismo constitucional esfrazato de democrazia) y legalismo a machamartillo: Tu charrarás en lo que nusatros te digamos, a tuya economía será a que nusatros queramos, a tuya pulitica la que te dexemos fer, os tuyos impuestos os amenistraré yo, ezetra. Antis yera lo Consello de Castiella, güei o Gubierno d’España, pero sigue estando ro mesmo, contina rainando un Borbón, atro más. Pero agora empezipiamos á prener conzenzia de que l’esferra istorica d’a nuestra nazión en 1707, ye l’orixen de toz os mals modernos d’Aragón. Dende allora semos chusmesos á l’espolladura contina d’ os nuestros cabals esprituals, materials, puliticos y culturals como Pueblo, con l’unico oxetibo de querer rancar-nos a nuestra conzenzia d’aragoneses libres, bibindo en un Aragón libre. Güei ya nomás confitamos en l’unico que nos queda, o nuestro triballo y o nuestro indibidualismo, entre condeszendiens y aconortaus, lebando ro nuestro esistencialismo etnico á caramanchons, gubiernatos como somos por unos puliticos locals de raso chusmesos á lo zentralismo, chestors d’ixe nuebo corregimiento borbonico que se fa á clamar “Comunidá Autonoma d’Aragón”, an de contino fan prebatina d’a incheniería sozial d’o españolismo ta fer d’os aragoneses chusmesos y asimilatos y rainando un monarca deszendién d’una saga d’absolutistas bengatibos y despoticos, á los que a Istoria nunca ha conseguido fer-los jopar definitibamén d’España.

Refer-se á lo españolismo en a nuestra tierra.- Como comunidá umana, os aragoneses semos os ereders d’a nuestra istoria. Nazión zibica que ha bibito 1000 añadas dentro d’as mesmas mugas y ereders d’o que estioron y construyeron ta ers, y profes ta nusatros, os aragoneses de sieglos pasaus. Tamién d’una forma propria de gubierno y d’a soberanía que espleitón mientres 700 añadas. Debemos y podemos buscar rispuestas en a nuestra istoria. Queremos trobar-las, anque ye esclatero que mos fa zerina (porque a rispuesta poderba estar, plantando cara á l’españolismo, tamién a independenzia) u talmen encara femos as cosas con bergoña (¡no mos se’n baigan á arreguir por aimar un Estau proprio, nusatros pobrez baturros!) Semos muito aclapatos por l’españolismo, perén estirau y muito repinchato en Aragón; un españolismo forano, soberbioso, fachendoso y castellán, que mos tiene á los aragoneses de reyens en a nuestra tierra y que ya no amaga que quiere fer d’Aragón ribazera, balluarte u mesmo muga y muro de contenzión, debán d’o que ye pasando en Cataluña. Bistas as cosas, se repleca ra situazión: ye difízil fer pedagoxía en Aragón sobre os dreitos coleutibos nazionals de nusatros, charrar sobre l’exerzizio d’as antiguas libertaz d’os aragoneses u fer omenaches á los erois que las esfendión. Debantar y emparar istas ideyas, ta que a chen lis dé refirme, fan una zuña á la reata españolista. Contino te surtirán á lo trango los “corregidores borbónicos” locals, señeros puliticos españolistas d’a nuestra tierra, os melitans aliberatos u criptomelitans mesos en todas as dempas que con l’aduya d’os sendicatos ultras d’a negazión, rebestius d’asoziazions culturals, te engaronarán con os suyos argumens negazionistas, fatos y ofensibos, que preban falsiar a conzienzia sobre la nuestra historia y a nuestra cultura. Ixos que si no te combenzen t’esacraitarán, ta bier si reblas, t’aborrezes y te sacan d’o zircuito cultural y pulitico.

Redotaus puede, pero con recordanza y con ganas de dixar d’estar-ie.- Remerar una esferra ye lo millor antidoto contra l’asimilazión. Esferrato sí, pero zereño con combizión, dica que plegue un tiempo más propizio. Ta ros catalans ixe tiempo parixe aber plegato, en er son triballando… Os aragoneses encara somos luen, pero bel diya talmén saldremos enta la carrera a contrimuestrar, á ixena o fendo cualsiquier letra de l’abezedario, nuestro refirme a un Aragón libre y soberano.

¡Redotados, pero nunca xublidaus por o Pueblo! ¡Onor y gloria ta los aragoneses cayius en as murallas de Barcelona l’11 setiembre de 1714! ¡Aragón no rebla!

, , , , , , , , ,

No hay Comentarios

1710-1714: Toda una generación de Aragoneses luchó para no ser nunca españoles.

battorr

Batalla de Torrero 1710/ Pierde el Borbón / Aragón recuperó su Constitución

Toda una generación de Aragoneses luchó para no ser nunca españoles. Sabían lo que se les venía encima y querían preservar a las futuras generaciones de aragoneses del oprobio de tal identificación; de perder su auténtica identidad de aragoneses, libres e independientes, y de caer en la indignidad que conllevaría ser asimilados a España… La destrucción del “Reino” y sus instituciones, es decir, de su forma de gobierno, se antoja como la mayor desgracia ocurrida a Aragón y a sus gentes en toda su historia. No hubo mayor desastre para el Pueblo aragonés que perder su República (su sistema de gobierno) y tener que vivir sin Estado propio, privado de la Honra y de la Libertad desde entonces. Los quebrantos, los perjuicios, los detrimentos, las ruinas y las destrucciones espirituales, culturales y materiales posteriores sufridos por un Aragón perteneciente a España no son más que una consecuencia lógica de tan infausto acontecimiento.

Aquellos aragoneses, nuestros tatarabuelos, supieron reaccionar, y sin dudar aplicaron para sí mismos el eterno dilema de Libertad o Muerte… ¿Por qué se lo tenían que dejar fácil a un ejército de invasores extranjeros? ¿Por qué tenían que permitir que Castilla consiguiese finalmente lo que había estado intentando durante 600 de los 700 años de existencia de Aragón: la destrucción como reino independiente y el aniquilamiento de la Corona de Aragón, unciendo a su yugo a tan magníficos territorios? Territorios que son a la postre los únicos que le ha quedado como nación imperialista que fue de su particular saqueo del Mundo y la Península ibérica.

Aquellos aragoneses tenían un desarrollado concepto de la política. Para ellos, en contraposición al “rey”, existía “el Reino” como entidad distinta y autónoma, que se expresaba a través de sus principales instituciones: las Cortes, la Diputación del General y un supremo magistrado denominado Justicia Mayor. Muchos han hablado de ellos pero pocos han comprendido su significado. El Reino no era una extensión del rey, como en otros países o como propugnaban los Borbones («L’État, c’est moi» decía por entonces Luis XIV, abuelo de Felipe V), sino el vínculo entre la ciudadanía y sus instituciones políticas, que constituía la materialización de la libertad de las gentes y del territorio que habitaban. Posiblemente en toda la historia pocos pueblos como el aragonés lo han tenido tan claro y, por eso, durante tantos siglos y tan celosamente, defendieron su sistema político frente a cualquiera de las dinastías reales que sobre él reinaron. Nunca se conformaron con otra cosa, ni tenían por qué doblarse sin entablar batalla. Sus habitantes siempre se tuvieron más próximos a la consideración de ciudadanos que a la de lacayos o siervos de un rey. De ahí viene sin duda, y no de otra consideración, la legendaria  fama de tenaces (¿tercos?) de los aragoneses.

¿Pero qué razones tendrían aquellos nuestros tatarabuelos? Desde luego no estaban locos y aunque algunos historiadores hayan estado intentando durante los últimos tres siglos borrar su memoria, sus razones continúan hoy en día siendo vigentes y evidentes. Principalmente no querían convertirse en una provincia, ni en una ciudadanía de segunda. No querían perder el control sobre su tierra y del derecho a decidir sobre lo que ella permanece, corre, fluye o emana y sobre a lo que debe prestar utilidad. No querían la militarización de su territorio. No querían ceder el empleo público en el Reino, que es por donde primero entra la aculturación y constituye la quinta columna de la política antiaragonesa y de promoción del centralismo a la par que la expulsión de los aragoneses de sus propios ámbitos de decisión. No querían destacamentos castellanos, incluido su “destacamento cultural” (y de aculturación, por supuesto), que aún hoy se encuentra acuartelado en la Universidad, dedicado a lanzar “granadas fragmentarias” contra de la Lengua aragonesa. No querían que nadie les dijera como debían considerarse como pueblo y orientar su sentido patriótico. Pero sobre todo lo que no querían es tener que pedir permiso para administrar su propia tierra y a su propia gente.

Nunca, en ningún momento de la historia, se ha dado el caso que un pueblo haya abandonado voluntariamente las instituciones que marcan su ser independiente para permitir ser gobernados por otros en su propia tierra. Nunca. Jamás. Ni antes ni ahora. Todo lo contrario, siempre han querido ganarlas o conservarlas. Aragón en eso no es una excepción, aunque quizá muchos, aturdidos por la cantidad de veces que se lo han repetido, hayan creído lo contrario. La construcción historiográfica del consabido mito de la “unidad de España” y la épica de sus orígenes, repetido hasta la saciedad por el publicismo filo-españolista, es una construcción literaria. Una gaita pan-castellana. No es un acto refrendado ni consentido por el “Reino de Aragón”, como dan testimonio la lucha de sus soldados que en levas legales resistieron con las armas en la mano. Es por tanto absurdo, contrario al sentido lógico de los acontecimientos y completamente ahistórico, considerar la llamada unidad de España como un supremo acto de auto-desposesión, “abandono voluntario de nuestra forma de gobierno”, en aras a construir otra cosa con los que siempre fueron extranjeros en nuestra tierra, los castellanos (y nosotros en la suya, dicho sea de paso). Eso más que épica es lírica. Se tendrían que haber vuelto locos todos en Aragón. Nos están explicando cuentos al estilo de Galdós, no historia. Si las cosas funcionaran en la lógica de unirse al país extranjero más próximo, “también podríamos estar unidos a Francia”. Pero de hecho, un país extranjero muy próximo, Portugal, es un Estado independiente gracias a que pudo desligarse a tiempo de la Monarquía española.

Nosotros queremos rendir homenaje en este Blog a esos últimos aragoneses alzados en armas contra la imposición; (injusta y deliberadamente olvidados por los que hacen la historia oficial) que, encuadrados en sus propias compañías de voluntarios y maltrechos tras la evacuación de Aragón en 1711, lucharon con las armas en la mano hasta el fin y, en un postrer acto de resistencia en el asedio de Barcelona de 1714. No hubo deshonra ante la jauría de lobos que les enviaron las dos coronas, Castilla y Francia; ambas enemigas seculares de la Corona de Aragón, siempre en disputas entre ellas, pero en aquel momento aliadas en contra nuestro, en la conjunción de eventos históricamente más nefasta para Aragón.

¡Gloria y Honra a los Voluntarios Aragoneses!   1710-1714

Recreación de la Batalla de Monte Torrero o de Zaragoza

, , , , , ,

7 Comentarios

OS SIÑALS ESTRELAUS D’ARAGON

Estreladas aragonesas

Estreladas aragonesas

De las tres banderas la que tiene una simbología más antigua es la de Estado Aragonés. La estrella blanca y el fondo azul fue usada por primera vez en la Revolución Americana y luego en la guerra civil norteamericana: los confederados usaban una bandera la “blue & bonnie” (azul y hueso) que sólo consistía en una estrella blanca sobre fondo azul. El azul es el color que significa la unión libre (confederación) y la estrella blanca significa la soberanía. Es una simbología inspirada en la de la masonería.

A la estrella de cinco puntas se le puede atribuir un origen más y tiene que ver con la búsqueda de la perfección matemática, racional, pues las cinco aristas engloban una circunferencia que se explica en sí misma (por eso significa también soberanía o independencia). Los esperantistas adoptaron la estrella de cinco puntas (verde) como símbolo del carácter internacional, global (por la circunferencia), y Trosky la pintó de rojo para que sirviese de emblema del Ejército Rojo soviético; símbolo de la revolución proletaria (por el color rojo) e internacional (por la estrella de cinco puntas). Así pues, en origen la estrella de cinco puntas significa lo mismo: el valor de la “perfección racional” como idea, pero blanca significa la soberanía nacional y roja la revolución proletaria. Gaspar Torrente se inspiró en la bandera de la República Catalana (propuesta hecha, creo, inicialmente por Estat Catalá) para hacer su propia propuesta para Estado Aragonés, así que el simbolismo es claro y responde a lo antedicho.

El simbolismo en la segunda bandera es menos claro y como bandera tiene una historia desconocida. En 1993 el Gobierno de Aragón, compuesto por una coalición PAR-PP y presidido por Eiroa (PAR) decidió continuar las exitosas manifestaciones autonomistas con una convocatoria en Madrid ante el Congreso de los Diputados. CHA decidió continuar participando en esas manifestaciones con nuestra reivindicación propia de Autodeterminación. Paralelamente, el Rolde Joven del PAR, presidido por Manuel Escolá, decidió impulsar la creación de una “Plataforma Joven por la Autonomía Plena”, como CHA no tenía organización juvenil, la gente del Política Sectorial de CHA (Pascual Jiménez de Bagüés a nivel nacional y Chorche Tricas en el Ligallo de Zaragoza-Capital) hicieron una convocatoria a todos los jóvenes militantes y simpatizantes de CHA para que creasen el Rolde de Juventud, que rápidamente pasó a llamarse, por acuerdo del Comité Nazional, “Chobenalla Aragonesista” y tener forma jurídica de asociación juvenil.

La nueva asociación necesitaba un logotipo y Dani Viñuales elaboró uno en el que combinaba las cuatro barras con la estrella roja, inspirándose sin duda en las banderas con estrella roja del Bloque Nacionalista Galego o el Partit Socialista d’Alliberament Nacional. Sin embargo, el logo no resolvía cómo ubicar esa estrella en esa bandera, de echo aparece en un lateral de la misma, no en el centro. No hubo ningún problema hasta que llegó la manifestación del 15 de noviembre de 1993 en Madrid: ¿Como llevar la bandera con la estrella? a alguien (no sé a quién) simplemente se le ocurrió la solución más sencilla: colocar la estrella en el centro. Y así nació “la estelada aragonesa”. Perfilar con negro la estrella roja sólo tiene sentido para resaltarla sobre las cuatro barras.

Así pues, “o nuestro sinyal estrelau”, desde Gaspar Torrente, significa la soberanía del Estado Aragonés en el contexto de una hipotética confederación internacional (él hablaba de confederación ibérica, si recordamos), entroncando hoy con la propia tradición de la Unión Europea (que utiliza para su bandera el mismo lenguaje simbólico), mientras que “la estrelada” (como le dicen quienes la usan) utiliza el lenguaje revolucionario del Ejército Rojo soviético.

La tercera bandera no la había visto nunca, pero parece que sigue el camino del PSAN: a partir de la tradición de Estat Catalá integra en la composición aquella la estrella roja, de igual forma parece que quien ha diseñado esta propuesta quiere integrar la estrella roja en la composición histórica de Estado Aragonés. Supongo que habrá surgido del ámbito de alguna “colla pro-soviética”… Es broma, pero seguro que sabremos su significado en algún comentario a este post.

El elemento común de las tres banderas, las barras o palos de Aragón, fue en su origen símbolo de la dignidad real vinculada a la Casa de Aragón (no al “Reino”, Diputación del General y Cortes, que tenían el suyo propio, la cruz de San Jorge y las cuatro cabezas de moros). Sobre la “patrimonialidad” o “mejor derecho” sobre este símbolo de los distintos territorios que hoy lo emplean como parte de su bandera decir que: Bueno, todos tuvieron al fin y al cabo un mismo soberano, el Rey de Aragón. Sin embargo, una constatación es clara para determinar quien lo tuvo históricamente como más suyo y es que, durante toda la Edad Moderna, fue precisamente en Zaragoza, donde existía una casa de acuñación de moneda, donde prácticamente sin excepción toda moneda que se acuñó lo fue con las barras de Aragón en su reverso, siendo las impresas en otras cecas de la Corona de Aragón con un variopinto catálogo de símbolos en los que destacaba la clásica cruz de las monedas castellanas. Por tanto, fue Aragón, como territorio patrimonial de la Casa de Aragón, quien siempre las tuvo como propias o por lo menos durante más tiempo.

Hoy las barras aragonesas son el símbolo del territorio, el Pueblo y la Entidad Política de Aragón, que junto a los elementos que se han descrito anteriormente componen diferentes significados, podría decirse “programas políticos”, respecto a Nuestra Tierra. Desde E. A. anhelamos que algún día la estrella de nuestra tierra brille con luz propia en la constelación de países independientes.

, , , , , ,

3 Comentarios

Fiestas populares y colonización. “Pal Pilar sale lo mejor”

La Reivindicación de unas Fiestas Populares tras el Franquismo

 

Tengo edad para recordar la reivindicación de unas fiestas populares en Zaragoza, allá por 1978. Recuerdo a las peñas manifestándose en la calle Alfonso pidiéndolas, y me llamó la atención la reivindicación de encierros como en Pamplona. Me pareció estimulante la idea, la verdad: yo tenía 11 años y ya empezaba a hacer mis pinitos en la suelta de vaquillas en el pueblo de mi padre, Azuara, con lo que unos encierros que trascurriesen por la calle Pignatelli hasta la plaza de toros me parecieron buena idea. Afortunadamente, el “primer Ayuntamiento democrático tras el franquismo” en 1979 no instituyó la barbaridad de los encierros y a mi me entró el conocimiento con 15 años y dejé de saltar a las vaquillas.

 

Pero no, la exigencia de fiestas populares no era una simple reivindicación festiva: en 1977 comenzaron a constituirse peñas en los barrios de Zaragoza, impulsadas por jóvenes militantes de izquierda, fundamentalmente de las JJSS, JCA, JGR y JAR, como una forma de movilizar a la juventud por unas “fiestas populares” que cuestionase también al Régimen en la forma de divertirse. Algunos amigos de la Peña La Pasarela recuerdan en primera persona “aquellos maravillosos años”. Lo de los encierros no era más que una anécdota, aquello era un auténtico movimiento popular.

 

En el 79 las elecciones municipales las ganó la izquierda y una coalición postelectoral de PSOE, PCE y PTA (maoístas y autodeterministas) ocupó el gobierno municipal. La Concejalía de Festejos correspondió al PTA. Así comenzó la historia de las Fiestas Populares en Zaragoza. En los 80 se utilizó el Pabellón Francés de la antigua Feria de Muestras como pabellón de fiestas, con sala de conciertos cubierta y explanada donde los colectivos de la ciudad (las peñas entre ellos) montaban sus chiringuitos para beber cerveza, calimocho y otros brebajes, o para comer bocatas, empanadas y demás. Yo participé en esos años, en los que el Ligallo de Fablans financiaba buena parte de sus actividades con la gestión de esa barra para Pilares.

 

Llegaron los 90 y García-Nieto reorganizó la ciudad, no sólo urbanísticamente, también socio-políticamente: se hizo un nuevo pabellón, pero en él solo tenían cabida las peñas que pasasen por el aro. Los colectivos protestamos e intentamos reorganizarnos, algunas peñas se escindieron y montaron la Agrupación de Peñas Populares (con las que todavía en 1995 colaboró Fablans), pero al final el PSOE se salió con la suya, para convertir al Pabellón Interpeñas en un gigantesco negocio. Las peñas sobreviven, sin embargo como la manera más importante y masiva de autoorganización popular de la fiesta, pero muy vigiladas por el Ayuntamiento desde Interpeñas, a cambio de buenas subvenciones. No son ya aquellas peñas reivindicativas de los 70 y 80, aunque mantienen su carácter popular. Resultaría estúpido no reconocer que la clase obrera aragonesa nutre mayoritariamente a las peñas y que, por tanto, forman parte de nuestra cultura de clase.

 

Algunos colectivos fueron organizando sus fiestas en el barrio de la Madalena que ahora hace las veces de una especie de Green Village zaragozano, con su colorido, su diversidad, su radicalismo estético y político, pero también su toque friki, folklórico y sectario. Pero bueno, si no, no se parecería tampoco al Green Village. Por otro lado camina el Ayuntamiento, con sus conciertos y actuaciones (muchas, es cierto, en la calle) y sobre todo la monumental Ofrenda de Flores, único acto que ha sobrevivido del franquismo, creado por éste y convertido, paradójicamente, en buque insignia de las “fiestas populares”.

 

Pero ¿Por qué? ¿Qué celebramos realmente los zaragozanos el 12 de octubre? ¿El día de la llegada de la Virgen a Zaragoza? Hay que decir bien alto que no. Eso lo sitúa la tradición católica un 2 de enero y durante 17 siglos así se celebró. Desde la conquista de Zaragoza por el Reino de Aragón, justamente el día de San Salvador de 1118, cuya onomástica correspondía entonces al 12 de octubre (por eso la Seo ostenta esa advocación), la fiesta mayor de la Ciudad era el Corpus Christi. Era el día en que salían “Los Gigantes y la Procesión”: los cuatro Gigantes originales representando a los soberanos de las cuatro partes del mundo rindiendo pleitesía al Cuerpo de Cristo y los cuatro Cabezudos originales representando a los cuatro brazos de las Cortes de Aragón (iglesia, nobleza, caballeros y ciudades, villas y aldeas) haciendo lo propio. Obviamente, tampoco celebramos esa conquista, al menos hoy en día, pues nadie recuerda el evento.

 

El primer año en que se celebró el Pilar el 12 de octubre fue en 1641. Pero, ¿Por qué? Al igual que las fiestas pilaristas, casposas y rancias, de entre 1936 y 1977, son reflejo del franquismo y posteriormente, con un toque más popular, de la contradictoria Monarquía parlamentaria, las fiestas de 1641 reflejan la sociedad y la política de la época y hay que conocer la sociedad y la política, y sus cambios, para entender los cambios de la fiesta. Hasta 1640, el Pilar de Zaragoza era una pequeña basílica románica, con su propio cabildo (y financiación ad hoc). Ahí se veneraba un Pilar (no una advocación de la Virgen) donde había estado la Virgen María “en carne mortal antes de ascender a los cielos”. El Pilar es la columna y eso era lo que se veneraba.  En 1641, sólo hacía 200 años que sobre el Pilar se había colocado una imagen de la Virgen.

 

La fiesta mayor de la ciudad era el Corpus Cristi, como ya se ha dicho, y su santo patrón, quien fuera su obispo al final del Imperio Romano: San Valero. El Pilar había sido, en tiempos musulmanes, lugar de reunión de mozárabes (como Santa Engracia) y su fiesta era el 2 de enero, cuando desde los barrios y las torres de las Huertas, la gente bajaba en romería de madrugada a “Misa de Infantes” (bueno, y todavía bajan). El cabildo “fuerte” de la ciudad era el de La Seo, alrededor del cual, desde la unión dinástica con Castilla, se agrupaban los adeptos al Partido Fuerista, celosos de la preservación de nuestra identidad política nacional frente al asimiliacionismo castellano de los seguidores del Partido Realista.

 

Tras la sublevación de 1591 y la ejecución sumaria de El Justicia de Aragón, los Reyes de España habían apoyado al cabildo de El Pilar como centro de reunión de sus partidarios, y la pequeña y humilde basílica del Pilar comenzaba a hacerle la competencia a la vieja Catedral consagrada a San Salvador (La Seo de San Salvador, se llama, de hecho). Aún a pesar de la dolorosa derrota militar de diciembre de 1591 y la represión posterior, el Partido Fuerista se había reconstituido y todavía ostentaba la hegemonía política en el país, el Partido Realista no logró aprovechar la victoria militar para hacerse con la hegemonía en las instituciones aragonesas, tan fuertes eran éstas, y sólo sobrevivía por el apoyo constante recibido de Madrid.

 

En 1641 la monarquía española cayó en profunda crisis fiscal. Los grandes dispendios militares efectuados para mantenerse como superpotencia, unidos a los enormes gastos suntuarios de la aristocracia castellana (clase dominante ad hoc de todo el Imperio), habían secado las arcas de la Corona de Castilla y la burocracia madrileña miraba con codicia las saneadas arcas de los pequeños Estados periféricos, que sobrellevaban con dignidad la crisis económica que se sufría en toda Europa. Como consecuencia, un nuevo decreto fiscal de la monarquía obligó a pagar más impuestos tanto en la Corona de Aragón como en el Reino de Portugal. En nuestro país hubo protestas, pero la correlación de fuerzas no permitió ir más allá, sin embargo en Portugal (dominado por el Imperio Español sólo hacía 60 añ 32  os) los partidarios del Rey de España eran escasos y sin fuerza, y sus Cortes, declararon la Independencia, aclamando a un nuevo Rey, apoyado por todos los estamentos (aristocráticos, eclesiales y populares) del Reino. En Cataluña los fueristas devinieron en secesionistas y proclamaron así mismo su independencia, en Aragón, sin embargo, había un nutrido grupo de partidarios del Rey dispuestos a dar la batalla por la integración.

 

El Rey de España decidió olvidarse de Portugal y centrar todos sus esfuerzos en la reconquista de Cataluña. Pero tenía un problema: las Cortes de Aragón se habían declarado neutrales en la guerra y, en libre ejercicio de su soberanía, no permitían el paso de los ejércitos castellanos por su territorio. Mientras tanto, el Partido Fuerista (liderado, tal vez, por el Conde de Sástago, sospechas que luego le costarían la vida, a él y otros de sus amigos, a manos de la “justicia” Real) intentaba organizarse para impulsar la sublevación también aquí, y tal vez en contacto con otros conjurados en el Reino de Valencia. Felipe IV podría haber ordenado como su abuelo una nueva invasión de Aragón, pero esta vez Aragón hubiese contado con el apoyo de Cataluña en su retaguardia, y muy probablemente también de su archienemigo, el Reino de Francia; y los Tercios de Flandes ya no eran lo que habían sido en 50 años antes, con lo que cambió de estrategia: Colmó de halagos a los aragoneses, convocó Cortes de Aragón en Alcañiz para ese mismo año a las que acudió en persona, reconoció por escrito la belleza de la lengua aragonesa de la que dijo gozar con su lectura (hace años publicó el sorprendente texto la revista Rolde), e incluso convocó un concurso poético en nuestra lengua (que ganó Ana Abarca de Bolea). En fin, que el Rey de España era el primer aragonesista.

 

El objetivo de las Cortes convocadas era declararle la guerra a Cataluña y, por tanto, permitir el paso del ejército castellano por Aragón. Pero obviamente, el Partido Fuerista se resistía, el Rey necesitaba un golpe de efecto que, en clave de la cultura barroca de la época, convencieses  a las masas, muy religiosas (“el opio del pueblo…”) a favor de su política belicista. El Rey de España había conseguido ya el apoyo del Papado, y el 12 de octubre ocupaba ya su puesto en la imaginería política como “día de la raza”, aunque San Salvador, que se celebraba ese día, era un santo bastante inútil a los objetivos del Rey. La solución vino por sí misma: pegueñar un milagro realizado por la Virgen del Pilar (“sede” de los partidarios del Rey en Aragón) el 12 de octubre, que convenciese a los aragoneses de que la Unidad de España era voluntad divina y les dejase bien claro que era el Rey de España quien mandaba. Dicen que 7 notarios firmaron que al cojo de Calanda le había crecido la pierna amputada, pero ¿cuántos no hubiesen firmado en el contexto de la histeria político-religiosa del momento? Hubiesen seguido la misma suerte que los cabecillas del Partido Fuerista, que fueron acusados (sin pruebas, pero muy probablemente con razón) de intentar la independencia de Aragón: su ejecución sumaria.

 

Las Cortes de Aragón aprobaron así la guerra contra Cataluña y la aceptación de la Virgen del Pilar como patrona de Zaragoza, Aragón y España (compartiendo patronazgo con San Valero, San Jorge y Santiago, respectivamente) y que su nueva festividad recayese el 12 de octubre, “día de la raza” de la Monarquía Hispánica. En los siguientes 10 años, Aragón se desangró en una guerra contra sus hermanos catalanes que acabó sumiendo más todavía  a los Estados de la antigua Corona de Aragón en el dominio absolutista del Imperio Español y el marasmo económico.

 

Las fiestas del Pilar fueron diseñadas hace 360 años ya para que los aragoneses comprendiésemos que somos españoles y así reclutarnos, con nuestras fiestas, para reproducir el discurso imperialista de la monarquía española.

 

Durante siglos, las fiestas del Corpus fueron declinando y cogiendo fuerza las del Pilar, el partido fuerista desapareció, aunque fue sustituido por discursos autonomistas y aragonesistas, más o menos sinceros, más o menos moderados y más o menos timoratos; pero el partido realista se engordó y se trasformó en un auténtico partido nacionalista español, que en los años 30 tomó la forma del fascismo y trató de deglutir a las clases populares, tras derrotarlas en la guerra del 36: igual que se inventó los sindicatos verticales para encuadrar bajo sus órdenes a los obreros, hizo de la cultura popular aragonesa un pastiche baturrista para la reproducción de su discurso fascista.

 

En 1958, el Real Aeroclub de Zaragoza (club exclusivo de la clase dirigente local, alta burguesía y jefes militares) decidió conmemorar otro “milagro” pilarista: la no-explosión de las bombas caídas sobre la plaza y la basílica en 1938 (de poco sirve que los planes de vuelo de ese bombardeo expliquen de forma científica y técnica porqué no explotaron la bombas). Para realzar las exhibiciones aéreas de ese 12 de octubre de 1958, el alcalde franquista de la época decidió copiar la ofrenda de flores que se realiza en Valencia a la “Verge dels Desamparats” con ocasión de las fiestas mayores de esa ciudad. Ignoraba el alcalde que en octubre no hay flores más que de invernadero y que por eso la fiesta valenciana es en marzo, pero había que inventar algo vistoso para realzar la unión mística entre el Régimen y el Pueblo por medio de la Virgen del Pilar como símbolo de la Unidad de España. Como en 1641.

 

Mi madre, que vivía en el casco viejo de la ciudad, recuerda la ofrenda: hicieron un llamamiento a todas las mozas para que vistiese el “traje regional” (el vestido de campesina aragonesa, que hasta primeros de siglo XX vistió la mayoría de las mujeres de una ciudad todavía agraria como era Zaragoza entonces) y fuesen a la Plaza de Los Sitios (rebautizada por el franquismo como “de José Antonio”) para recoger cada una un ramo de claveles y fuesen ordenadamente a realizar la ofrenda de flores a una imagen de la Virgen en la Plaza del Pilar. El que haya visto la ofrenda valenciana, donde cada Casal Faller lleva sus flores el día que le viene bien durante las fiestas, con todo el Casal encabezado por su banda de música y su fallera mayor en procesión por toda la ciudad, cortando el tráfico a su libre albedrío, comprenderá la diferencia entre una fiesta realmente popular y este “nuestro” engendro franquista.

 

El cambio de Régimen también significó el cambio de las formas, y el engendro se convirtió en una manifestación popular donde se observaba la cara del nuevo Régimen, aragonesismo incluido, en el mejor gusto y más espontaneidad de los trajes y también en el carácter popular y masivo de la celebración. Pero el significado viene a ser el mismo que antaño: la unión mística entre Pueblo Aragonés y Reino de España por medio de la santificación del 12 de octubre, día del Pilar, como Día Nacional de España. Paradójicamente, cuando los jóvenes de izquierda de los 70 pedían (pedíamos, que aunque yo era un crío, allí hubiese estado si hubiese podido) unas fiestas populares, estábamos en realidad trabajando para la consolidación ideológica del Régimen que queríamos socavar. ¿Y entonces, qué hacemos? Nos encontramos con que las fiestas populares de Zaragoza son un símbolo, en sí mismas, de colonización: la secular manipulación que se ha hecho de la fiesta desde el Poder centralista de la Monarquía española ha tenido como objetivo que nuestras fiestas se conviertan en una exaltación más de sus símbolos, especialmente de la Virgen del Pilar como “nexo sagrado” entre el Pueblo Aragonés y el Reino de España.

 

Sin embargo, sería miope ignorar la trasformación que de esas fiestas ha realizado el propio pueblo aragonés al apropiarse de ellas: realmente, para cualquiera que viva las fiestas del Pilar de Zaragoza, el españolismo resulta anecdótico, forzado desde las instituciones y en muchos casos postizo o incluso residual. La dialéctica entre el discurso españolista de las instituciones del Reino de España y el concepto de Fiestas Populares como conquista frente a esas instituciones genera una situación contradictoria que, como socialistas e independentistas aragoneses debemos afrontar.

 

Sobre las Peñas hay que decir que es cierto que la Federación Interpeñas funciona, en muchos casos, como una herramienta del Alcalde para domesticar a los peñistas, que su Pabellón es un monstruo totalmente mercantilizado, pero no es menos cierto que las peñas de Zaragoza son una forma genuina de auto-organización popular, de socialización de las clases populares con un objetivo claramente lúdico, pero que en la práctica resulta una alternativa totalmente válida frente a la programación institucional. Se puede ser peñista y crítico con Interpeñas, las peñas son una alternativa asociativa propia de los barrios obreros tan válida como cualquier otra, y no estaría de más resucitar el espíritu de su fundación, readecuándolo a la actualidad, potenciando las expresiones culturales genuinamente aragonesas, propiciando su independencia respecto del Ayuntamiento y promoviendo un concepto de fiesta echa por el pueblo y por el pueblo.

 

Las Peñas de Zaragoza representan el genuino espíritu de las clases populares de la ciudad, “el ambiente de la Madalena” no es más que otra propuesta lúdica más, muy politizada desde la izquierda, lo que sin duda tiene su potencialidad positiva; pero también, hay que decirlo, fuertemente sectaria. Los nacionalistas de izquierda aragoneses debemos estar con el Pueblo Aragonés, y en las Fiestas de Zaragoza eso significa participar en la Peña de nuestro barrio (como socios o como simples invitados), sin despreciar otras alternativas lúdicas, pero entendiendo que nuestro lugar está entre nuestra gente.

 

Mención aparte merece las ofrendas de flores y frutos a la Virgen del Pilar. Son actos religiosos que se entremezclan con lo político (como hemos demostrado) y que deben ser rechazados por cualquier aragonés de ideas nacionalistas y de izquierdas: debemos reclamar un Estado Aragonés laico y eso significa exigir políticamente la separación total de la Iglesia Católica, así como, en lo personal, renunciar a participar en ninguna de esas manifestaciones que, tras su velo aragonesista, ocultan el verdadero espíritu colonial de los valedores de la Monarquía Española.

, , , , , ,

3 Comentarios

ARAGÓN, LA “NUEVA PLANTA” Y LA INDEPENDENCIA

Zelipe V, maldau sigas!

Zelipe V, maldau sigas!

El fin de la independencia de Aragón.- Indudablemente un documento histórico de gran importancia para Aragón fue el Decreto de Nueva Planta. El denominado también “Primer Decreto de Nueva Planta”, por el cual el Pueblo aragonés fue despojado de sus leyes y de sus instituciones y, consecuentemente, de su independencia. Hoy se hace necesario releerlo porque de lo que en él se trata tendría distintas lecturas que pueden estar las claves jurídicas de nuestra independencia en el futuro, si los aragoneses queremos. No importa la antigüedad de esta cuestión, el tiempo no convalida las situaciones agraviantes, ni corre en contra de la libertad, porque los derechos de los pueblos no caducan nunca. Todo el derecho político o constitucional, que se haya echado encima de ese expolio ocurrido en 1707 contra Aragón, sólo sirve para complicar y retrasar la independencia, pero nunca para negarla o impedirla.

 

El Decreto de Nueva Planta como registro documental de una ilegalidad.- La dinastía borbónica deja para la historia en ese documento una completa muestra de sus maneras de gobierno. Es tal la soberbia y la arrogancia con la que irrumpe Felipe V el Borbón que tuvo que dejar además un documento escrito gracias al cual hoy en día podemos juzgar histórica, pero sobre todo jurídicamente, el acto de usurpación y expolio que cometió de las instituciones y las leyes del Reino de Aragón. Pensando como él creía que, siendo rey por derecho divino, sólo tenía que rendir cuentas ante Dios y que jamás nadie juzgaría sus hechos en la Tierra, el primero de los Borbones no sólo cometió el crimen, sino que además tuvo que dejar acta del mismo en la notaría de la Historia. Jamás nadie dejó tan claramente expresado el espíritu de revancha contra un pueblo, con un acto de ilegalidad tan manifiesto.

 

“considerando también, que uno de los principales atributos de la Soberanía es la imposición y derogación de leyes, las cuales con la variedad de los tiempos y mudanza de costumbres podría yo alterar, aun sin los graves y fundados motivos y circunstancias que hoy concurren  para ello en lo tocante a los de Aragón y Valencia”

 

Dos concepciones de gobierno frente a frente.- Esa infalibilidad del derecho divino de su gobierno en la que los Borbones creían ciegamente, les hizo añadir a su delito de lesa humanidad la necesidad de relatarlo. Hay algo psicopático en esta manera de proceder. Representa un postrero acto de arrogancia de una dinastía pervertida y enferma de soberbia contra un pueblo indefenso, vencido, abandonado por sus aliados, pero que siempre se consideró dueño para decidir en sus interregnos y que había hecho uso de la facultad de elegir a los que habían de ser sus monarcas en otros momentos de la historia (Compromiso de Caspe). Aragón no estaba dispuesto a aceptar el derecho divino del gobernante como práctica de gobierno. Si los castellanos estaban dispuestos a aceptar el testamento de Carlos II allá ellos, Aragón había otro sistema constitucional y unas instituciones que se consideraban con la potestad de decidir quien tenía que ser el nuevo rey.

 

 “y tocándome el dominio absoluto de los referidos Reinos de Aragón y de Valencia, pues a la circunstancia de ser comprendidos en los demás que tan legítimamente poseo en esta Monarquía, se añade ahora la del justo derecho de la conquista que de ellos han hecho últimamente mis Armas con el motivo de su rebelión”

 

El “derecho de conquista” como aberración jurídica.- Si invocaba el “derecho de conquista” no podía afirmar que el objeto sobre el que lo ejerciera fuera suyo con anterioridad. Si hubiera tenido un derecho previo sobre este Reino, el fundamento jurídico para la incorporación de Aragón a su monarquía lo debía haber hecho y lo debía haber denominado de otra manera, por lo tanto, está reconociendo implícitamente que lo ejerce de facto y con violencia sobre un territorio que le es ajeno, un territorio extranjero (otro Estado en términos modernos). Conquista genera concomitancias con la consideración de ajeno, foráneo, respecto a cosas o personas sin vinculación previa, contra las que se ejerce, y cuyo status político y cultural no se piensa respetar. Felipe V no debía desconocer la situación jurídico-institucional del Reino de Aragón respecto a otros reinos, por tanto el empleo del término conquista se ajusta a la realidad y a su particular y general percepción de los hechos y las circunstancias, sólo que “derecho” y “conquista” no son términos que admitan compatibilidad. Conquista, es una situación de facto y violenta. Derecho, un sistema reglado de proceder, normalmente con aceptación general.

 

Naturaleza de la “Guerra de Sucesión”.- La de extranjeros era efectivamente la consideración mutua que se tenían los territorios de Aragón y Castilla y extranjeros se consideraron siempre respectivamente aragoneses y castellanos. Los aragoneses ya tenían su rey y los castellanos el suyo. La historiografía española-castellana ha intentado hacernos creer que el contexto de la Guerra de Sucesión era una guerra de pretendientes (en una hipotética unidad política denominada “España”, inexistente antes de 1707) y que uno de ellos, el ganador, traía un paquete de medidas que removerían los “problemas de gobernación” (vertebración dirían hoy en día) que originaba la existencia en los territorios de la monarquía de Estados constitucionalmente distintos. Esta teoría ha sido aceptada en una actitud enteramente acrítica por parte de la historiografía aragonesa. Pero no… El conflicto no correspondía al formato de una guerra de bandos, sino al de una guerra internacional entre Estados (o reinos como se decía en aquella época); una guerra contra Castilla y contra un rey castellano Felipe de Borbón y, por tanto, contra un extranjero que se quería imponer como rey de Aragón.

 

El absolutismo, los Borbones y el golpe de Estado contra las instituciones del Reino.- En todo caso queda clara la poca consideración que tenía el rey Borbón del Reino de Aragón recién conquistado. Aprovechó la ocasión e hizo tabla rasa del Reino y su constitución. Ya no era de aquellos reyes que castigaban a sus enemigos y perdonaban al resto sin tocar las instituciones del Reino, como si se hubiera tratado de una guerra en formato de bandos entre pretendientes… Este traía un programa político denominado  absolutismo y tanto le daba si el Reino le aceptaba como rey o no, porque al fin y el cabo Felipe V de Castilla, educado en la teoría política de la Corte de Versalles, y como su abuelo Luís XIV de Francia, creía también que el Estado era él y que por ello no iba a gobernar junto a las instituciones representativas del Reino. No tuvo ningún reparo, ni duda, ni objeción para disolver las instituciones que podían haberlo reconocido a la postre como rey. Con ello al pecado de arrogancia añadió el de una necia y escasa visión de Estado. Esto ha sido una constante de esa dinastía desde hace tres siglos (sólo así se entiende que los Borbones hayan sido llevados al exilio en tres ocasiones en tres siglos. Mucho tardaron en entender que había que contar con el pueblo para gobernar.

 

La ilegalidad jurídica de la incorporación del reino de Aragón a Castilla.- Un final no violento de las Instituciones aragonesas en 1707 podía haber propiciado, en otro contexto, la aceptación del rey Borbón por parte de las Cortes del Reino y ya en un terreno allanado y políticamente favorable podrían haber aceptado cualquier pretensión real.  Pero tal era la arrogancia de una dinastía, que no tomaba la precaución de dar una mínima legitimación formal a sus actos de Estado. Simplemente no entraba en los esquemas del absolutismo pactar con los representantes del Reino. Hoy Aragón podría ser un territorio foral, o no, nadie puede saberlo, pero nos hubiera fastidiado la parte fundamental de nuestro argumento. Nos lo hubiera dejado muy difícil argumentar como ILEGAL la incorporación de Aragón al Reino de Castilla-España.

 

 “he juzgado por conveniente (así por esto como por mi deseo de reducir todos mis Reinos de España a la uniformidad de unas mismas leyes, usos, costumbres y Tribunales, gobernándose igualmente todos por las leyes de Castilla tan loables y plausibles en todo el Universo) abolir y derogar enteramente, como desde luego doy por abolidos y derogados, todos los referidos fueros, privilegios, práctica y costumbre hasta aquí observadas en los referidos Reinos de Aragón y Valencia; siendo mi voluntad, que éstos se reduzcan a las leyes de Castilla, y al uso, práctica y forma de gobierno que se tiene y ha tenido en ella y en sus Tribunales sin diferencia alguna en nada”

 

Estatuto de colonia castellana.- Aragón y el resto de Estados de la Corona de Aragón desde esa época se convirtieron en territorios ocupados derivados de un acto de conquista, esencialmente en colonias de Castilla, como la isla de Cuba, la Florida, Nueva Granada (hoy Colombia y Venezuela) o el Perú, ejemplos claros de territorios reducidos a las leyes de Castilla. Cuba y anteriormente otros Estados de la América latina ya tomaron su camino y hoy son repúblicas  independientes. Pero para Aragón ese status colonial se ha mantenido hasta la actualidad, pues que se sepa nadie ha consultado nunca al Pueblo Aragonés expresamente sobre su incorporación al Reino de España. Aragón tiene derecho y puede seguir el mismo camino de la autodeterminación de las republicas americanas, pero con más razón, pues ya  tuvo un Estado propio durante siete siglos.

 

Un nuevo marco del derecho público internacional.- Pasan dos siglos y medio y los dos últimos despotismos que creían en el “derecho de conquista” en formato borbónico, Alemania y Japón, son vencidos en los campos de batalla de Europa y Asía. Los vencedores de la II Guerra Mundial, dispuestos a crear un derecho internacional civilizado, ponen en la Carta de las Naciones Unidas las bases del posterior proceso de Descolonización. Un gran número de nuevas naciones, y algunas muy viejas también que formaban parte de otros Estados, han alcanzado su independencia. Hoy ya nadie admite como permisible que un efecto de la guerra sea que un Estado se incorpore el territorio de otro. No se admitiría el acto de conquista que llegó a cabo Felipe V el Borbón que, además de usurpador, buscó notarios para relatar su crimen. Un documento como el decreto de Nueva Planta sería suficiente para condenarlo dolosamente y encarcelar a su autor en una corte de justicia internacional.

 

El Pueblo Aragonés expoliado.- Un Estado propio es la mayor aspiración que un Pueblo puede alcanzar, pues le permite escoger las políticas y marcar su destino, sin condicionamientos, sin que tenga que soportar que le nieguen las esencias como nación, sin que le marquen dirección política de lo cotidiano. Cuando una nación tiene un Estado ya nadie le discute si es una nación o no. Por ello es una deshonra para los políticos y una humillación para un Pueblo tener estos títulos históricos de estatalidad y nacionalidad y no reivindicarlos ni hacerlos respetar. Que no nos embauquen: una comunidad por muy autónoma que sea no es el destino ni la finalidad. Como mucho el origen de un proceso de más largo alcance. Que no nos vengan a discutir la historia porque está muy claro: Aragón tuvo un Estado, Aragón en este momento no tiene un Estado, porque depende de otro, Aragón tendrá un Estado propio y los partidos políticos aragoneses tienen el deber de reconstituirlo. Este es su papel histórico. Cualquier solución intermedia es perder el tiempo.

 

La falsedad y la ocultación en las interpretaciones historiográficas.- Si uno se lee el papel de Aragón en la llamada Historia de España y parece que el esfuerzo haya sido siempre a converger en la “unidad de España”. Como si hubiese sido un pueblo siempre “predispuesto” y “deseoso” a perder su independencia. La historiografía castellano-española así lo pone, con complacencia de parte de la aragonesa, que no sale de ese circulo vicioso del seguidismo cultural del centro. Nada más lejos de la realidad. Muchos de los esfuerzos políticos históricos del Pueblo aragonés, que se han ocultado, han sido precisamente tendentes a recuperar la plenitud de sus instituciones como Reino; algo incompatible con lo que se nos ha dado a entender que es la “unidad de España”, concepto condicionado a los dictados del centro. Cien años después de la llegada al trono de los Borbones, con la invasión francesa en ciernes, una sublevación cívico-militar nombra a Palafox Capitán General de Aragón y para dar validez a estos actos se reunen Cortes, que instauran la Diputación del Reino, encarcelan al Virrey (el representante del poder borbónico) y hacen marchar al corregidor de Zaragoza a Madrid. Es decir los aragoneses en base y en ejercicio de sus derechos históricos seculares echan a las instituciones centralistas-ocupantes y derogan, literalmente aplastan, los efectos jurídicos de la Nueva Planta. No se paran a pensar si vulneran alguna ley o alguna constitución o algún capricho despótico de algún Borbón. Van y como pueblo soberano se otorgan a sí mismos un gobierno. ¿Hay una manera más clara y meridiana de poner en práctica el ejercicio del derecho a la autodeterminación?

, , , , ,

13 Comentarios

La Alternativa de Estau Aragonés

Este año se cumple el 75 aniversario de la fundación, por unos inmigrantes aragoneses en Barcelona, del partido Estado Aragonés. Eran de extracción obrera, militancia progresista y vinculados al movimiento cultural aragonesista que se movía más en Catalunya que en Aragón. El nuevo partido era de tendencia republicana, de izquierdas y nacionalista que abogaba por “la constitución de la República Aragonesa dentro de la República Española”, en 1936 apostó decididamente por el antifascismo y la revolución.


Tras la negra noche del franquismo, el aragonesismo renació y se articuló políticamente en el PSA. No consiguió este movimiento nada concreto, fuera de concienciar al pueblo aragonés de su existencia como tal (lo que no es poco), y Aragón quedó como una “autonomía de vía lenta” en el contexto de una Monarquía Parlamentaria donde las noticias de corrupción política y económica están a la orden del día. Estado Aragonés no era más que el recuerdo de unos pocos.


Pero en los ochenta, en pleno desencanto, desde el movimiento cultural aragonesista, nunca desaparecido del todo, resurgió lo que se llamó “aragonesismo político”. La fundación de UA-CHA y la conversión del PAR al nacionalismo significaron golpes de efecto importantes para un stablishment que apostaba por que nada se movería en el “mapa político de Aragón”. El recuerdo de “los aragonesistas de Barcelona” estaba ya presente en este movimiento, pero todavía demasiado débil: el aragonesismo no deja de ser un término ambiguo, que incluye al nacionalismo vergonzante, el arribismo regionalista o el cripto-independentismo. No es de extrañar, pues, que la alianza con el PSOE, en sus diversas opciones, haya resultado letal para un movimiento que adolece de tal debilidad teórica.


En el contexto de la crisis de este modelo, algunos aragoneses de Barcelona, que logramos coincidir, ideológica y físicamente, con los últimos militantes de aquel Estado Aragonés de 1933, decidimos refundar el viejo partido de nuestros abuelos políticos. Pronto otros amigos y compañeros  se nos unen en Aragón y, lentamente por nuestros propios y humildes medios de gente de clase trabajadora, tratamos de impulsar un auténtico movimiento nacionalista aragonés, que surja de la clase obrera (en su día no surgió de la burguesía, es tarde para eso), no se oculte tras términos ambiguos, y que por tanto apueste decididamente por la soberanía del pueblo aragonés y por la república. Hoy no podemos exigir la República Aragonesa igual que lo hicieron nuestros abuelos en el 33. O mejor dicho: exigir hoy la República Aragonesa significa exigir la independencia de Aragón, pues la República Española tampoco existe y resultaría estúpido y absurdo abogar por la República Aragonesa dentro de… la Monarquía Española.


Por otro lado, la adicción frenética del Capitalismo Internacional por el crecimiento económico nos lleva al desastre global. Una economía sostenible, de la que tanto se habla, exige una economía sin crecimiento. Equilibrio demográfico y económico: no hace falta ya “crear más riqueza”, por lo menos en Europa Occidental, basta con repartir de forma justa la que ya tenemos. A nivel local la Zaragoza del millón de habitantes, como proponen todos los partidos representados en el Ayuntamiento, significa seguir apostando por el crecimiento sin freno, el desequilibrio económico, los problemas medioambientales y, como empieza a verse ya, los conflictos interculturales.

 

Desde Estado Aragonés consideramos que nuestros planteamientos pueden ser asumidos por muchas personas y organizaciones aragonesas, pero que para hacerlos visibles y que influyan realmente en el cambio de la sociedad, precisan una plasmación electoral. Por eso apostamos por impulsar coaliciones amplias de cara a las elecciones de 2011, municipales y aragonesas: en pro de la soberanía para el pueblo aragonés y un decrecimiento sostenible que ponga efectivo freno al “desarrollo” desaforado.

 

(Artículo publicado con anterioridad en adeban.org)

, ,

4 Comentarios

De los “jefes” y los “indios”.

Chestora Nazional d’EA. Zaragoza 27 de junio de 2009

 

El nacionalismo aragonés ha reventado. Casi dos décadas de unidad en el seno de CHA, se acabaron debido a la política de exclusiones dirigida por su Consello Nazional desde 2004, con el apoyo unánime, y entusiasta, de cargos públicos y los liberados. La Dirección Nacional y el Aparato Burocrático consideraron que los discrepantes eran un lastre para seguir subiendo y optaron por la marginación interna, la exclusión y la expulsión.

 

Desde entonces, CHA no ha hecho más que perder militantes y votos, lo que demuestra que el análisis de aquella (y ésta) Dirección Nacional de CHA era erróneo. Pero, como un jarrón que ya no se puede recomponer una vez se ha roto en mil trozos, la unidad del nacionalismo aragonés no puede volver a recomponerse dentro de CHA: es una estructura que ya no merece la confianza precisa para acoger una unidad estratégica que garantice la pluralidad ideológica. La unidad es deseable, pero ha de conseguirse por medio de otro tipo de estructura: una coalición o similar. Sólo recuperando la unidad, el nacionalismo aragonés puede plantearse volver al 20% de los votos que en su día obtuvo.

 

Pero la unidad se enfrenta a otro problema, además de la necesidad de inventarse la estructura apropiada: La ambición política de algunos de los militantes nacionalistas. Como suele decirse “tenemos más jefes que indios”: la desmovilización de la militancia ha dejado a los colectivos convertidos bien en estructuras vacías, bien en  grupos amorfos que cambian de denominación cada seis meses. O en una mezcla de ambos. Parece que todos queramos ser “jefes”.

 

Bien, pues los militantes de Estado Aragonés declaramos que no somos más que un colectivo sin ninguna pretensión dirigente, ni individual ni colectiva. Simplemente queremos participar en la reconstrucción del nacionalismo aragonés con voz propia, sin asumir ningún protagonismo ni ocupar ningún puesto relevante en ninguna lista electoral. Pero somos conscientes de que la unidad del nacionalismo aragonés precisa que haya quién sí que ocupe esos puestos y asuma ese protagonismo, la unidad del nacionalismo aragonés pasa por la elaboración de listas electorales.

 

En resumen: los militantes y simpatizantes de Estado Aragonés preferimos asumir el papel de base militante en el movimiento independentista; “indios” antes que “jefes”, entendiendo que debe haber dirigentes, pero sobre todo militantes. Nosotros pues, queremos ser de estos últimos.

 

Estado Aragonés apoyará cualquier intento honesto por reunificar el nacionalismo aragonés, desde la humildad y la lealtad; entendiendo que “reunificar” es una palabra contraria a “excluir” y que si realmente queremos que esa reunificación sea un proceso activo en 2011, debemos iniciarla cuanto antes.

 

Portaboz Nazional d’Estau Aragonés

, , , , ,

7 Comentarios

¿República Popular Aragonesa o República Aragonesa “a secas”?

Estado Aragonés es un partido socialista. Eso significa, entre otras cosas, que considera que la dirección política de la sociedad y los gobiernos, para poder impulsar políticas sostenibles, progresistas y que respondan al interés general, corresponde a la clase trabajadora. Somos críticos, pues, con la llamada “democracia formal”, pues en su fondo responde a los intereses de la clase propietaria de los medios de producción y somos partidarios de una república que responda a los intereses del conjunto del Pueblo, por tanto somos partidarios de una república popular.


            Sin embargo, reiteradamente se ha demostrado que el socialismo, como modo de producción superior al capitalismo, debe triunfar en el centro de la economía capitalista, igual que el capitalismo, en su día, triunfó en el centro de la economía feudal: este proceso fue debatido por la llamada “escuela de historiadores marxistas británicos” hace años y compendiada en el libro “la transición del feudalismo al capitalismo” por R. Hilton. Los triunfos revolucionarios en países subdesarrollados se han producido por la debilidad de sus regímenes políticos postcoloniales o burgueses, y han dado como fruto gobiernos que se reivindican del socialismo, pero que tienen graves dificultades, a nivel interno y externo, para desarrollar políticas socialistas.


            En definitiva, las experiencias que en el último siglo se han dado, y se dan, de socialismo en países pequeños o subdesarrollados han acabado en sonoros fracasos o en derrotas, y los regímenes socialistas que sobreviven (Corea del Norte o Cuba), lo hacen sobre la base de una fuerte militarización de la producción y del consumo, y consecuentemente de la sociedad y la vida política. Sólo Cuba ha podido iniciar un proceso de “politización” y “desmilitarización” de su sociedad (de la mano de quien fuera el artífice de la militarización en el “Periodo Especial”: Raúl Castro), gracias al apoyo de Venezuela y otros países latinoamericanos, que en vez de optar por la “Vía Guevarista” al socialismo, optaron por la “Vía Chilena” de Allende. Esto es, las elecciones y no la insurrección, y además en clave continental (el llamado “bolivarianismo”) y no sólo nacional.


            Igual que el capitalismo triunfó en los países feudales más desarrollados del momento, el socialismo sólo puede hacerlo en los más desarrollados de ahora mismo. EEUU está en crisis estructural y como Imperio se encuentra en su ocaso. La Unión Europea ha conseguido una fuerte integración económica, va vía de una fuerte integración social, pero la política se encuentra atascada por unos Estado-Nación burgueses, decimonónicos, que no permiten su democratización.

            El socialismo debe ser impulsado en el marco político de la Unión Europea: el discurso sesentero del “marco autónomo de la lucha de clases” que le sirvió a ETA para organizarse al margen del PNV (compitiendo por la dirección política del nacionalismo) en la lucha antifranquista, no sirve. Pero para eso la izquierda debe abandonar sus discursos antieuropeos y comenzar un movimiento político por la democratización de la UE. Porque el socialismo sólo puede ser más democrático que el capitalismo, fracasar o convertirse en una sociedad militarizada.


            Los independentistas aragoneses no pueden pretender una República Popular Aragonesa si no es en el seno de una Unión Europea confederal, socialista y democrática. Pero antes que eso, una eventual, y posiblemente próxima, crisis de la Monarquía Española debe encontrarnos unidos a todos los partidarios de una República Aragonesa, foralistas, socialistas o revolucionarios, para hacer frente al Régimen heredero de Franco, la ruptura democrática de la Monarquía Española y la irrupción de la República Aragonesa en la Unión Europea realmente existente. Ante esta situación, toda división significa el fortalecimiento de las fuerzas dinásticas: PSOE, PP y sus auxiliares, un fortalecimiento por tanto de la Monarquía y como consecuencia un obstáculo para la independencia y el socialismo.

, , ,

No hay Comentarios

La Identidad en la política de Aragón.

En el pasado Alderdi Eguna (día del partido), los dirigentes del PNV se quisieron reafirmar en que su partido representa el vasquismo político y por lo tanto se consideran legitimados para representarlo y gestionarlo en toda su extensión. En su posición de partido de la mayoría nacionalista de Euskadi, el PNV se declara depositario de las esencias políticas del vasquismo e incluso de lo vasco mismo. Es el efecto político del frente antinacionalista, liderado por Patxi López. El PNV tenía que dejar claro esta precisión ideológica tras perder el Gobierno de Euskadi. Es además una reacción consecuente con ello, pues representa un toque a rebato por lo que pudiera venir de la mano de la alianza entre PP y PSE-PSOE. En Catalunya es CiU quien ha pretendido representar ese papel, “la Casa Gran del Catalanismo” la llaman, aunque matizadamente porque, a diferencia del PSOE vasco, respecto al vasquismo, el PSC catalán tiene buenas dosis de catalanismo y no está en un frente antinacionalista. Esto que expongo no es un reproche a la actitud ideológica de esos partidos frente a la identidad colectiva de la que forman parte y de la que se erigen como valedores. Más bien es una virtud política. La mayor virtud política de un político nacionalista, porque es fundamentalmente lo que le alienta, su razón de ser y de parecer …

Ahora bien, ¿Dónde encontramos en Aragón semejante virtud? ¿Qué partido o partidos, aunque sea en una posición minoritaria, se sienten legitimados o con “animos” para representar y gestionar el aragonesismo político, incluso lo aragonés? Es más… ¿Qué partidos consideran prioritario hacer de su eje de su acción política la Identidad aragonesa? ¿Quién se siente con derecho a hacer vindicación de lo aragonés?.

Hoy por hoy esa no es una virtud de ninguno de los partidos políticos parlamentarios o institucionales de Aragón. Y no la es por una alta consideración o respeto a la Identidad colectiva de los aragoneses. No, porque la política es precisamente el acto de apropiación, o de “asunción” de asumir, de lo colectivo. No es por eso… Las esencias políticas del aragonesismo, la Identidad aragonesa, el aragonesismo en todo su extensión se encuentran huérfanas de representatividad política; como quien dice tiradas en la calle a la espera de que alguien se digne a recogerlas. El PP de Aragón, ni merece comentario, al contrario aún se recuerda su papel de quinta columna trasvasista. Es nacionalista sí, pero españolista, y lo es para recordar a los aragoneses que son españoles. Para el PSOE de Aragón no hay tal Identidad, como afirmó una vez alguno de sus máximos representantes, por lo tanto no pueden, ni deben se sentirse legitimados para administrarlo. El PAR nunca ha ido más allá del antitrasvasismo, del agua, de lo agrario y lo local. No ha entendido nunca el aragonesismo más que como un  folklore político. Chunta se regocija en la ambigüedad del termino aragonesista: quiere parecer, pero de facto no lo es. Le fue útil para coger fuerza, pero el tiempo ha demostrado que, por lo menos su dirección, nunca lo buscó realmente y lo poco que tenía se lo sacó de encima en su viaje a ninguna parte de convergencia con el PSOE.

Para hacer política aragonesista hay que tener esa virtud política de asunción de la Identidad del colectivo, de lo aragonés, presentarse así a la ciudadanía y actuar en consecuencia y categóricamente en la actividad y el programa político. Han sido 25 los años perdidos en la práctica de una política camaleónica y vergonzante de alianzas con las fuerzas centralistas, que ideológicamente y de facto rechazan activamente lo identitario de Aragón, como reacción a cualquier analogía posible con la situación política de Euskadi o de Cataluña y que han esclafado el aragonesismo político por ahogamiento y con la ayuda interesada de aragonesistas asimilados a los que se les ha pedido que suelten el “lastre” de la Identidad, que marginen a los que la sostienen, y acepten las “bondades” del sistema. Una auténtica política aragonesista es hoy utópica en Aragón, porque nadie se plantea la ineficacia, el agotamiento y la corrupción en cuanto al diseño del propio sistema político de Comunidades Autónomas que reproduce el modelo estandarizado de la Constitución española: Un corsé que condiciona los límites y los alcances del aragonesismo y que fundamentalmente niega a los aragoneses no sólo su identidad política, sino también su identidad cultural. Pero a fin de cuentas no radica sólo ahí el problema: Hay una imposibilidad técnica para hacer una auténtica política aragonesista que radica en el fraccionamiento del aragonesismo social, la falta de preparación ideológica, la imposibilidad de coordinar los diferentes aragonesismos, la excesiva individualización del asociacionismo, el divorcio de la cultura oficial con la identitaria, el complejo de inferioridad y el hecho de no poder plantear un frente común ante la política oficial. El cosmos identitario aragonés no puede ejercer de grupo de presión. Más bien presenta profundas brechas y puntos de vista radicalmente opuestos; lo que permite una acción de inhibición de la política aragonesa, en la cual los que gobiernan en Aragón se complacen y se instalan en el no hacer nada por la Identidad, evitando así abrir nuevos frentes políticos que puedan ser gestionados por otros partidos. Tal es la aberración del sistema y en ella llevamos 25 años…

La Identidad no puede estar siempre en discusión y hay que elevarla al rango de valor y de virtud política y este es el objetivo de Estau Aragonés. O se puede creer más o se puede creer menos en ella, pero hay que acabar en Aragón con este planteamiento suicida: La política oficial no cree en absoluto en ella. Si no fuera así, si yo me equivocara, no estaríamos 25 años después aún pendientes de una ley de lenguas, que debería haber quedado resuelta en la primera legislatura de las Cortes de Aragón.

Estau Aragonés plantea a la sociedad aragonesa una ruptura democrática de ese sistema. Se refunda este partido histórico para asumir el aragonesismo político de más avanzado alcance, para vindicar lo aragonés en la política de una vez por todas y para dar a “lo aragonés” en sentido extenso carta de naturaleza institucional que permita su desarrollo y su proyección social. Un camino propio de Aragón a la plenitud nacional, donde no le impongan una identidad política y cultural basada en una supremacía legal-constitucional sobre su identidad de Pueblo.

La Identidad es considerada por los políticos aragoneses como un elemento menor de la política, pero no lo es. No lo es ni en Galicia, por ejemplo, donde gobierna un partido españolista. Y tampoco depende de la amplitud o la fortaleza del fenómeno, 50 mil hablantes del aragonés frente 1,2 millones de habitantes. La Identidad es un elemento categórico de nacionalidad, de existencia y de esencia, de orígenes, de permanencia y de futuro, de conocimiento. Es de obligación aportarlo a la política y de darle prioridad. Bien vale que algunos asumamos su defensa… Aunque mejor sería que lo hicieran todos. No pretendemos monopolizarla.

 

, , , , ,

2 Comentarios