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Fiestas populares y colonización. “Pal Pilar sale lo mejor”
Por Picarralero67 - Ideolochía-Identidá - 12/Ene/2010
La Reivindicación de unas Fiestas Populares tras el Franquismo
Tengo edad para recordar la reivindicación de unas fiestas populares en Zaragoza, allá por 1978. Recuerdo a las peñas manifestándose en la calle Alfonso pidiéndolas, y me llamó la atención la reivindicación de encierros como en Pamplona. Me pareció estimulante la idea, la verdad: yo tenía 11 años y ya empezaba a hacer mis pinitos en la suelta de vaquillas en el pueblo de mi padre, Azuara, con lo que unos encierros que trascurriesen por la calle Pignatelli hasta la plaza de toros me parecieron buena idea. Afortunadamente, el “primer Ayuntamiento democrático tras el franquismo” en 1979 no instituyó la barbaridad de los encierros y a mi me entró el conocimiento con 15 años y dejé de saltar a las vaquillas.
Pero no, la exigencia de fiestas populares no era una simple reivindicación festiva: en 1977 comenzaron a constituirse peñas en los barrios de Zaragoza, impulsadas por jóvenes militantes de izquierda, fundamentalmente de las JJSS, JCA, JGR y JAR, como una forma de movilizar a la juventud por unas “fiestas populares” que cuestionase también al Régimen en la forma de divertirse. Algunos amigos de la Peña La Pasarela recuerdan en primera persona “aquellos maravillosos años”. Lo de los encierros no era más que una anécdota, aquello era un auténtico movimiento popular.
En el 79 las elecciones municipales las ganó la izquierda y una coalición postelectoral de PSOE, PCE y PTA (maoístas y autodeterministas) ocupó el gobierno municipal. La Concejalía de Festejos correspondió al PTA. Así comenzó la historia de las Fiestas Populares en Zaragoza. En los 80 se utilizó el Pabellón Francés de la antigua Feria de Muestras como pabellón de fiestas, con sala de conciertos cubierta y explanada donde los colectivos de la ciudad (las peñas entre ellos) montaban sus chiringuitos para beber cerveza, calimocho y otros brebajes, o para comer bocatas, empanadas y demás. Yo participé en esos años, en los que el Ligallo de Fablans financiaba buena parte de sus actividades con la gestión de esa barra para Pilares.
Llegaron los 90 y García-Nieto reorganizó la ciudad, no sólo urbanísticamente, también socio-políticamente: se hizo un nuevo pabellón, pero en él solo tenían cabida las peñas que pasasen por el aro. Los colectivos protestamos e intentamos reorganizarnos, algunas peñas se escindieron y montaron la Agrupación de Peñas Populares (con las que todavía en 1995 colaboró Fablans), pero al final el PSOE se salió con la suya, para convertir al Pabellón Interpeñas en un gigantesco negocio. Las peñas sobreviven, sin embargo como la manera más importante y masiva de autoorganización popular de la fiesta, pero muy vigiladas por el Ayuntamiento desde Interpeñas, a cambio de buenas subvenciones. No son ya aquellas peñas reivindicativas de los 70 y 80, aunque mantienen su carácter popular. Resultaría estúpido no reconocer que la clase obrera aragonesa nutre mayoritariamente a las peñas y que, por tanto, forman parte de nuestra cultura de clase.
Algunos colectivos fueron organizando sus fiestas en el barrio de la Madalena que ahora hace las veces de una especie de Green Village zaragozano, con su colorido, su diversidad, su radicalismo estético y político, pero también su toque friki, folklórico y sectario. Pero bueno, si no, no se parecería tampoco al Green Village. Por otro lado camina el Ayuntamiento, con sus conciertos y actuaciones (muchas, es cierto, en la calle) y sobre todo la monumental Ofrenda de Flores, único acto que ha sobrevivido del franquismo, creado por éste y convertido, paradójicamente, en buque insignia de las “fiestas populares”.
Pero ¿Por qué? ¿Qué celebramos realmente los zaragozanos el 12 de octubre? ¿El día de la llegada de la Virgen a Zaragoza? Hay que decir bien alto que no. Eso lo sitúa la tradición católica un 2 de enero y durante 17 siglos así se celebró. Desde la conquista de Zaragoza por el Reino de Aragón, justamente el día de San Salvador de 1118, cuya onomástica correspondía entonces al 12 de octubre (por eso la Seo ostenta esa advocación), la fiesta mayor de la Ciudad era el Corpus Christi. Era el día en que salían “Los Gigantes y la Procesión”: los cuatro Gigantes originales representando a los soberanos de las cuatro partes del mundo rindiendo pleitesía al Cuerpo de Cristo y los cuatro Cabezudos originales representando a los cuatro brazos de las Cortes de Aragón (iglesia, nobleza, caballeros y ciudades, villas y aldeas) haciendo lo propio. Obviamente, tampoco celebramos esa conquista, al menos hoy en día, pues nadie recuerda el evento.
El primer año en que se celebró el Pilar el 12 de octubre fue en 1641. Pero, ¿Por qué? Al igual que las fiestas pilaristas, casposas y rancias, de entre 1936 y 1977, son reflejo del franquismo y posteriormente, con un toque más popular, de la contradictoria Monarquía parlamentaria, las fiestas de 1641 reflejan la sociedad y la política de la época y hay que conocer la sociedad y la política, y sus cambios, para entender los cambios de la fiesta. Hasta 1640, el Pilar de Zaragoza era una pequeña basílica románica, con su propio cabildo (y financiación ad hoc). Ahí se veneraba un Pilar (no una advocación de la Virgen) donde había estado la Virgen María “en carne mortal antes de ascender a los cielos”. El Pilar es la columna y eso era lo que se veneraba. En 1641, sólo hacía 200 años que sobre el Pilar se había colocado una imagen de la Virgen.
La fiesta mayor de la ciudad era el Corpus Cristi, como ya se ha dicho, y su santo patrón, quien fuera su obispo al final del Imperio Romano: San Valero. El Pilar había sido, en tiempos musulmanes, lugar de reunión de mozárabes (como Santa Engracia) y su fiesta era el 2 de enero, cuando desde los barrios y las torres de las Huertas, la gente bajaba en romería de madrugada a “Misa de Infantes” (bueno, y todavía bajan). El cabildo “fuerte” de la ciudad era el de La Seo, alrededor del cual, desde la unión dinástica con Castilla, se agrupaban los adeptos al Partido Fuerista, celosos de la preservación de nuestra identidad política nacional frente al asimiliacionismo castellano de los seguidores del Partido Realista.
Tras la sublevación de 1591 y la ejecución sumaria de El Justicia de Aragón, los Reyes de España habían apoyado al cabildo de El Pilar como centro de reunión de sus partidarios, y la pequeña y humilde basílica del Pilar comenzaba a hacerle la competencia a la vieja Catedral consagrada a San Salvador (La Seo de San Salvador, se llama, de hecho). Aún a pesar de la dolorosa derrota militar de diciembre de 1591 y la represión posterior, el Partido Fuerista se había reconstituido y todavía ostentaba la hegemonía política en el país, el Partido Realista no logró aprovechar la victoria militar para hacerse con la hegemonía en las instituciones aragonesas, tan fuertes eran éstas, y sólo sobrevivía por el apoyo constante recibido de Madrid.
En 1641 la monarquía española cayó en profunda crisis fiscal. Los grandes dispendios militares efectuados para mantenerse como superpotencia, unidos a los enormes gastos suntuarios de la aristocracia castellana (clase dominante ad hoc de todo el Imperio), habían secado las arcas de la Corona de Castilla y la burocracia madrileña miraba con codicia las saneadas arcas de los pequeños Estados periféricos, que sobrellevaban con dignidad la crisis económica que se sufría en toda Europa. Como consecuencia, un nuevo decreto fiscal de la monarquía obligó a pagar más impuestos tanto en la Corona de Aragón como en el Reino de Portugal. En nuestro país hubo protestas, pero la correlación de fuerzas no permitió ir más allá, sin embargo en Portugal (dominado por el Imperio Español sólo hacía 60 añ 32 os) los partidarios del Rey de España eran escasos y sin fuerza, y sus Cortes, declararon la Independencia, aclamando a un nuevo Rey, apoyado por todos los estamentos (aristocráticos, eclesiales y populares) del Reino. En Cataluña los fueristas devinieron en secesionistas y proclamaron así mismo su independencia, en Aragón, sin embargo, había un nutrido grupo de partidarios del Rey dispuestos a dar la batalla por la integración.
El Rey de España decidió olvidarse de Portugal y centrar todos sus esfuerzos en la reconquista de Cataluña. Pero tenía un problema: las Cortes de Aragón se habían declarado neutrales en la guerra y, en libre ejercicio de su soberanía, no permitían el paso de los ejércitos castellanos por su territorio. Mientras tanto, el Partido Fuerista (liderado, tal vez, por el Conde de Sástago, sospechas que luego le costarían la vida, a él y otros de sus amigos, a manos de la “justicia” Real) intentaba organizarse para impulsar la sublevación también aquí, y tal vez en contacto con otros conjurados en el Reino de Valencia. Felipe IV podría haber ordenado como su abuelo una nueva invasión de Aragón, pero esta vez Aragón hubiese contado con el apoyo de Cataluña en su retaguardia, y muy probablemente también de su archienemigo, el Reino de Francia; y los Tercios de Flandes ya no eran lo que habían sido en 50 años antes, con lo que cambió de estrategia: Colmó de halagos a los aragoneses, convocó Cortes de Aragón en Alcañiz para ese mismo año a las que acudió en persona, reconoció por escrito la belleza de la lengua aragonesa de la que dijo gozar con su lectura (hace años publicó el sorprendente texto la revista Rolde), e incluso convocó un concurso poético en nuestra lengua (que ganó Ana Abarca de Bolea). En fin, que el Rey de España era el primer aragonesista.
El objetivo de las Cortes convocadas era declararle la guerra a Cataluña y, por tanto, permitir el paso del ejército castellano por Aragón. Pero obviamente, el Partido Fuerista se resistía, el Rey necesitaba un golpe de efecto que, en clave de la cultura barroca de la época, convencieses a las masas, muy religiosas (“el opio del pueblo…”) a favor de su política belicista. El Rey de España había conseguido ya el apoyo del Papado, y el 12 de octubre ocupaba ya su puesto en la imaginería política como “día de la raza”, aunque San Salvador, que se celebraba ese día, era un santo bastante inútil a los objetivos del Rey. La solución vino por sí misma: pegueñar un milagro realizado por la Virgen del Pilar (“sede” de los partidarios del Rey en Aragón) el 12 de octubre, que convenciese a los aragoneses de que la Unidad de España era voluntad divina y les dejase bien claro que era el Rey de España quien mandaba. Dicen que 7 notarios firmaron que al cojo de Calanda le había crecido la pierna amputada, pero ¿cuántos no hubiesen firmado en el contexto de la histeria político-religiosa del momento? Hubiesen seguido la misma suerte que los cabecillas del Partido Fuerista, que fueron acusados (sin pruebas, pero muy probablemente con razón) de intentar la independencia de Aragón: su ejecución sumaria.
Las Cortes de Aragón aprobaron así la guerra contra Cataluña y la aceptación de la Virgen del Pilar como patrona de Zaragoza, Aragón y España (compartiendo patronazgo con San Valero, San Jorge y Santiago, respectivamente) y que su nueva festividad recayese el 12 de octubre, “día de la raza” de la Monarquía Hispánica. En los siguientes 10 años, Aragón se desangró en una guerra contra sus hermanos catalanes que acabó sumiendo más todavía a los Estados de la antigua Corona de Aragón en el dominio absolutista del Imperio Español y el marasmo económico.
Las fiestas del Pilar fueron diseñadas hace 360 años ya para que los aragoneses comprendiésemos que somos españoles y así reclutarnos, con nuestras fiestas, para reproducir el discurso imperialista de la monarquía española.
Durante siglos, las fiestas del Corpus fueron declinando y cogiendo fuerza las del Pilar, el partido fuerista desapareció, aunque fue sustituido por discursos autonomistas y aragonesistas, más o menos sinceros, más o menos moderados y más o menos timoratos; pero el partido realista se engordó y se trasformó en un auténtico partido nacionalista español, que en los años 30 tomó la forma del fascismo y trató de deglutir a las clases populares, tras derrotarlas en la guerra del 36: igual que se inventó los sindicatos verticales para encuadrar bajo sus órdenes a los obreros, hizo de la cultura popular aragonesa un pastiche baturrista para la reproducción de su discurso fascista.
En 1958, el Real Aeroclub de Zaragoza (club exclusivo de la clase dirigente local, alta burguesía y jefes militares) decidió conmemorar otro “milagro” pilarista: la no-explosión de las bombas caídas sobre la plaza y la basílica en 1938 (de poco sirve que los planes de vuelo de ese bombardeo expliquen de forma científica y técnica porqué no explotaron la bombas). Para realzar las exhibiciones aéreas de ese 12 de octubre de 1958, el alcalde franquista de la época decidió copiar la ofrenda de flores que se realiza en Valencia a la “Verge dels Desamparats” con ocasión de las fiestas mayores de esa ciudad. Ignoraba el alcalde que en octubre no hay flores más que de invernadero y que por eso la fiesta valenciana es en marzo, pero había que inventar algo vistoso para realzar la unión mística entre el Régimen y el Pueblo por medio de la Virgen del Pilar como símbolo de la Unidad de España. Como en 1641.
Mi madre, que vivía en el casco viejo de la ciudad, recuerda la ofrenda: hicieron un llamamiento a todas las mozas para que vistiese el “traje regional” (el vestido de campesina aragonesa, que hasta primeros de siglo XX vistió la mayoría de las mujeres de una ciudad todavía agraria como era Zaragoza entonces) y fuesen a la Plaza de Los Sitios (rebautizada por el franquismo como “de José Antonio”) para recoger cada una un ramo de claveles y fuesen ordenadamente a realizar la ofrenda de flores a una imagen de la Virgen en la Plaza del Pilar. El que haya visto la ofrenda valenciana, donde cada Casal Faller lleva sus flores el día que le viene bien durante las fiestas, con todo el Casal encabezado por su banda de música y su fallera mayor en procesión por toda la ciudad, cortando el tráfico a su libre albedrío, comprenderá la diferencia entre una fiesta realmente popular y este “nuestro” engendro franquista.
El cambio de Régimen también significó el cambio de las formas, y el engendro se convirtió en una manifestación popular donde se observaba la cara del nuevo Régimen, aragonesismo incluido, en el mejor gusto y más espontaneidad de los trajes y también en el carácter popular y masivo de la celebración. Pero el significado viene a ser el mismo que antaño: la unión mística entre Pueblo Aragonés y Reino de España por medio de la santificación del 12 de octubre, día del Pilar, como Día Nacional de España. Paradójicamente, cuando los jóvenes de izquierda de los 70 pedían (pedíamos, que aunque yo era un crío, allí hubiese estado si hubiese podido) unas fiestas populares, estábamos en realidad trabajando para la consolidación ideológica del Régimen que queríamos socavar. ¿Y entonces, qué hacemos? Nos encontramos con que las fiestas populares de Zaragoza son un símbolo, en sí mismas, de colonización: la secular manipulación que se ha hecho de la fiesta desde el Poder centralista de la Monarquía española ha tenido como objetivo que nuestras fiestas se conviertan en una exaltación más de sus símbolos, especialmente de la Virgen del Pilar como “nexo sagrado” entre el Pueblo Aragonés y el Reino de España.
Sin embargo, sería miope ignorar la trasformación que de esas fiestas ha realizado el propio pueblo aragonés al apropiarse de ellas: realmente, para cualquiera que viva las fiestas del Pilar de Zaragoza, el españolismo resulta anecdótico, forzado desde las instituciones y en muchos casos postizo o incluso residual. La dialéctica entre el discurso españolista de las instituciones del Reino de España y el concepto de Fiestas Populares como conquista frente a esas instituciones genera una situación contradictoria que, como socialistas e independentistas aragoneses debemos afrontar.
Sobre las Peñas hay que decir que es cierto que la Federación Interpeñas funciona, en muchos casos, como una herramienta del Alcalde para domesticar a los peñistas, que su Pabellón es un monstruo totalmente mercantilizado, pero no es menos cierto que las peñas de Zaragoza son una forma genuina de auto-organización popular, de socialización de las clases populares con un objetivo claramente lúdico, pero que en la práctica resulta una alternativa totalmente válida frente a la programación institucional. Se puede ser peñista y crítico con Interpeñas, las peñas son una alternativa asociativa propia de los barrios obreros tan válida como cualquier otra, y no estaría de más resucitar el espíritu de su fundación, readecuándolo a la actualidad, potenciando las expresiones culturales genuinamente aragonesas, propiciando su independencia respecto del Ayuntamiento y promoviendo un concepto de fiesta echa por el pueblo y por el pueblo.
Las Peñas de Zaragoza representan el genuino espíritu de las clases populares de la ciudad, “el ambiente de la Madalena” no es más que otra propuesta lúdica más, muy politizada desde la izquierda, lo que sin duda tiene su potencialidad positiva; pero también, hay que decirlo, fuertemente sectaria. Los nacionalistas de izquierda aragoneses debemos estar con el Pueblo Aragonés, y en las Fiestas de Zaragoza eso significa participar en la Peña de nuestro barrio (como socios o como simples invitados), sin despreciar otras alternativas lúdicas, pero entendiendo que nuestro lugar está entre nuestra gente.
Mención aparte merece las ofrendas de flores y frutos a la Virgen del Pilar. Son actos religiosos que se entremezclan con lo político (como hemos demostrado) y que deben ser rechazados por cualquier aragonés de ideas nacionalistas y de izquierdas: debemos reclamar un Estado Aragonés laico y eso significa exigir políticamente la separación total de la Iglesia Católica, así como, en lo personal, renunciar a participar en ninguna de esas manifestaciones que, tras su velo aragonesista, ocultan el verdadero espíritu colonial de los valedores de la Monarquía Española.
ARAGÓN, LA “NUEVA PLANTA” Y LA INDEPENDENCIA
Por Estau Aragones - Ideolochía-Identidá - 28/Sep/2009
El fin de la independencia de Aragón.- Indudablemente un documento histórico de gran importancia para Aragón fue el Decreto de Nueva Planta. El denominado también “Primer Decreto de Nueva Planta”, por el cual el Pueblo aragonés fue despojado de sus leyes y de sus instituciones y, consecuentemente, de su independencia. Hoy se hace necesario releerlo porque de lo que en él se trata tendría distintas lecturas que pueden estar las claves jurídicas de nuestra independencia en el futuro, si los aragoneses queremos. No importa la antigüedad de esta cuestión, el tiempo no convalida las situaciones agraviantes, ni corre en contra de la libertad, porque los derechos de los pueblos no caducan nunca. Todo el derecho político o constitucional, que se haya echado encima de ese expolio ocurrido en 1707 contra Aragón, sólo sirve para complicar y retrasar la independencia, pero nunca para negarla o impedirla.
El Decreto de Nueva Planta como registro documental de una ilegalidad.- La dinastía borbónica deja para la historia en ese documento una completa muestra de sus maneras de gobierno. Es tal la soberbia y la arrogancia con la que irrumpe Felipe V el Borbón que tuvo que dejar además un documento escrito gracias al cual hoy en día podemos juzgar histórica, pero sobre todo jurídicamente, el acto de usurpación y expolio que cometió de las instituciones y las leyes del Reino de Aragón. Pensando como él creía que, siendo rey por derecho divino, sólo tenía que rendir cuentas ante Dios y que jamás nadie juzgaría sus hechos en la Tierra, el primero de los Borbones no sólo cometió el crimen, sino que además tuvo que dejar acta del mismo en la notaría de la Historia. Jamás nadie dejó tan claramente expresado el espíritu de revancha contra un pueblo, con un acto de ilegalidad tan manifiesto.
“considerando también, que uno de los principales atributos de la Soberanía es la imposición y derogación de leyes, las cuales con la variedad de los tiempos y mudanza de costumbres podría yo alterar, aun sin los graves y fundados motivos y circunstancias que hoy concurren para ello en lo tocante a los de Aragón y Valencia”
Dos concepciones de gobierno frente a frente.- Esa infalibilidad del derecho divino de su gobierno en la que los Borbones creían ciegamente, les hizo añadir a su delito de lesa humanidad la necesidad de relatarlo. Hay algo psicopático en esta manera de proceder. Representa un postrero acto de arrogancia de una dinastía pervertida y enferma de soberbia contra un pueblo indefenso, vencido, abandonado por sus aliados, pero que siempre se consideró dueño para decidir en sus interregnos y que había hecho uso de la facultad de elegir a los que habían de ser sus monarcas en otros momentos de la historia (Compromiso de Caspe). Aragón no estaba dispuesto a aceptar el derecho divino del gobernante como práctica de gobierno. Si los castellanos estaban dispuestos a aceptar el testamento de Carlos II allá ellos, Aragón había otro sistema constitucional y unas instituciones que se consideraban con la potestad de decidir quien tenía que ser el nuevo rey.
“y tocándome el dominio absoluto de los referidos Reinos de Aragón y de Valencia, pues a la circunstancia de ser comprendidos en los demás que tan legítimamente poseo en esta Monarquía, se añade ahora la del justo derecho de la conquista que de ellos han hecho últimamente mis Armas con el motivo de su rebelión”
El “derecho de conquista” como aberración jurídica.- Si invocaba el “derecho de conquista” no podía afirmar que el objeto sobre el que lo ejerciera fuera suyo con anterioridad. Si hubiera tenido un derecho previo sobre este Reino, el fundamento jurídico para la incorporación de Aragón a su monarquía lo debía haber hecho y lo debía haber denominado de otra manera, por lo tanto, está reconociendo implícitamente que lo ejerce de facto y con violencia sobre un territorio que le es ajeno, un territorio extranjero (otro Estado en términos modernos). Conquista genera concomitancias con la consideración de ajeno, foráneo, respecto a cosas o personas sin vinculación previa, contra las que se ejerce, y cuyo status político y cultural no se piensa respetar. Felipe V no debía desconocer la situación jurídico-institucional del Reino de Aragón respecto a otros reinos, por tanto el empleo del término conquista se ajusta a la realidad y a su particular y general percepción de los hechos y las circunstancias, sólo que “derecho” y “conquista” no son términos que admitan compatibilidad. Conquista, es una situación de facto y violenta. Derecho, un sistema reglado de proceder, normalmente con aceptación general.
Naturaleza de la Guerra de Sucesión.- La de extranjeros era efectivamente la consideración mutua que se tenían los territorios de Aragón y Castilla y extranjeros se consideraron siempre respectivamente aragoneses y castellanos. Los aragoneses ya tenían su rey y los castellanos el suyo. La historiografía española-castellana ha intentado hacernos creer que el contexto de la Guerra de Sucesión era una guerra de pretendientes (en una hipotética unidad política denominada “España”, inexistente antes de 1707) y que uno de ellos, el ganador, traía un paquete de medidas que removerían los “problemas de gobernación” (vertebración dirían hoy en día) que originaba la existencia en los territorios de la monarquía de Estados constitucionalmente distintos. Esta teoría ha sido aceptada en una actitud enteramente acrítica por parte de la historiografía aragonesa. Pero no… El conflicto no correspondía al formato de una guerra de bandos, sino al de una guerra internacional entre Estados (o reinos como se decía en aquella época); una guerra contra Castilla y contra un rey castellano Felipe de Borbón y, por tanto, contra un extranjero que se quería imponer como rey de Aragón.
El absolutismo, los Borbones y el golpe de Estado contra las instituciones del Reino.- En todo caso queda clara la poca consideración que tenía el rey Borbón del Reino de Aragón recién conquistado. Aprovechó la ocasión e hizo tabla rasa del Reino y su constitución. Ya no era de aquellos reyes que castigaban a sus enemigos y perdonaban al resto sin tocar las instituciones del Reino, como si se hubiera tratado de una guerra en formato de bandos entre pretendientes… Este traía un programa político denominado absolutismo y tanto le daba si el Reino le aceptaba como rey o no, porque al fin y el cabo Felipe V de Castilla, educado en la teoría política de la Corte de Versalles, y como su abuelo Luís XIV de Francia, creía también que el Estado era él y que por ello no iba a gobernar junto a las instituciones representativas del Reino. No tuvo ningún reparo, ni duda, ni objeción para disolver las instituciones que podían haberlo reconocido a la postre como rey. Con ello al pecado de arrogancia añadió el de una necia y escasa visión de Estado. Esto ha sido una constante de esa dinastía desde hace tres siglos (sólo así se entiende que los Borbones hayan sido llevados al exilio en tres ocasiones en tres siglos. Mucho tardaron en entender que había que contar con el pueblo para gobernar.
La ilegalidad jurídica de la incorporación del reino de Aragón a Castilla.- Un final no violento de las Instituciones aragonesas en 1707 podía haber propiciado, en otro contexto, la aceptación del rey Borbón por parte de las Cortes del Reino y ya en un terreno allanado y políticamente favorable podrían haber aceptado cualquier pretensión real. Pero tal era la arrogancia de una dinastía, que no tomaba la precaución de dar una mínima legitimación formal a sus actos de Estado. Simplemente no entraba en los esquemas del absolutismo pactar con los representantes del Reino. Hoy Aragón podría ser un territorio foral, o no, nadie puede saberlo, pero nos hubiera fastidiado la parte fundamental de nuestro argumento. Nos lo hubiera dejado muy difícil argumentar como ILEGAL la incorporación de Aragón al Reino de Castilla-España.
“he juzgado por conveniente (así por esto como por mi deseo de reducir todos mis Reinos de España a la uniformidad de unas mismas leyes, usos, costumbres y Tribunales, gobernándose igualmente todos por las leyes de Castilla tan loables y plausibles en todo el Universo) abolir y derogar enteramente, como desde luego doy por abolidos y derogados, todos los referidos fueros, privilegios, práctica y costumbre hasta aquí observadas en los referidos Reinos de Aragón y Valencia; siendo mi voluntad, que éstos se reduzcan a las leyes de Castilla, y al uso, práctica y forma de gobierno que se tiene y ha tenido en ella y en sus Tribunales sin diferencia alguna en nada”
Estatuto de colonia castellana.- Aragón y el resto de Estados de la Corona de Aragón desde esa época se convirtieron en territorios ocupados derivados de un acto de conquista, esencialmente en colonias de Castilla, como la isla de Cuba, la Florida, Nueva Granada (hoy Colombia y Venezuela) o el Perú, ejemplos claros de territorios reducidos a las leyes de Castilla. Cuba y anteriormente otros Estados de la América latina ya tomaron su camino y hoy son repúblicas independientes. Pero para Aragón ese status colonial se ha mantenido hasta la actualidad, pues que se sepa nadie ha consultado nunca al Pueblo Aragonés expresamente sobre su incorporación al Reino de España. Aragón tiene derecho y puede seguir el mismo camino de la autodeterminación de las republicas americanas, pero con más razón, pues ya tuvo un Estado propio durante siete siglos.
Un nuevo marco del derecho público internacional.- Pasan dos siglos y medio y los dos últimos despotismos que creían en el “derecho de conquista” en formato borbónico, Alemania y Japón, son vencidos en los campos de batalla de Europa y Asía. Los vencedores de la II Guerra Mundial, dispuestos a crear un derecho internacional civilizado, ponen en la Carta de las Naciones Unidas las bases del posterior proceso de Descolonización. Un gran número de nuevas naciones, y algunas muy viejas también que formaban parte de otros Estados, han alcanzado su independencia. Hoy ya nadie admite como permisible que un efecto de la guerra sea que un Estado se incorpore el territorio de otro. No se admitiría el acto de conquista que llegó a cabo Felipe V el Borbón que, además de usurpador, buscó notarios para relatar su crimen. Un documento como el decreto de Nueva Planta sería suficiente para condenarlo dolosamente y encarcelar a su autor en una corte de justicia internacional.
El Pueblo Aragonés expoliado.- Un Estado propio es la mayor aspiración que un Pueblo puede alcanzar, pues le permite escoger las políticas y marcar su destino, sin condicionamientos, sin que tenga que soportar que le nieguen las esencias como nación, sin que le marquen dirección política de lo cotidiano. Cuando una nación tiene un Estado ya nadie le discute si es una nación o no. Por ello es una deshonra para los políticos y una humillación para un Pueblo tener estos títulos históricos de estatalidad y nacionalidad y no reivindicarlos ni hacerlos respetar. Que no nos embauquen: una comunidad por muy autónoma que sea no es el destino ni la finalidad. Como mucho el origen de un proceso de más largo alcance. Que no nos vengan a discutir la historia porque está muy claro: Aragón tuvo un Estado, Aragón en este momento no tiene un Estado, porque depende de otro, Aragón tendrá un Estado propio y los partidos políticos aragoneses tienen el deber de reconstituirlo. Este es su papel histórico. Cualquier solución intermedia es perder el tiempo.
La falsedad y la ocultación en las interpretaciones historiográficas.- Si uno se lee el papel de Aragón en la llamada Historia de España y parece que el esfuerzo haya sido siempre a converger en la “unidad de España”. Como si hubiese sido un pueblo siempre “predispuesto” y “deseoso” a perder su independencia. La historiografía castellano-española así lo pone, con complacencia de parte de la aragonesa, que no sale de ese circulo vicioso del seguidismo cultural del centro. Nada más lejos de la realidad. Muchos de los esfuerzos políticos históricos del Pueblo aragonés, que se han ocultado, han sido precisamente tendentes a recuperar la plenitud de sus instituciones como Reino; algo incompatible con lo que se nos ha dado a entender que es la “unidad de España”, concepto condicionado a los dictados del centro. Cien años después de la llegada al trono de los Borbones, con la invasión francesa en ciernes, una sublevación cívico-militar nombra a Palafox Capitán General de Aragón y para dar validez a estos actos se reunen Cortes, que instauran la Diputación del Reino, encarcelan al Virrey (el representante del poder borbónico) y hacen marchar al corregidor de Zaragoza a Madrid. Es decir los aragoneses en base y en ejercicio de sus derechos históricos seculares echan a las instituciones centralistas-ocupantes y derogan, literalmente aplastan, los efectos jurídicos de la Nueva Planta. No se paran a pensar si vulneran alguna ley o alguna constitución o algún capricho despótico de algún Borbón. Van y como pueblo soberano se otorgan a sí mismos un gobierno. ¿Hay una manera más clara y meridiana de poner en práctica el ejercicio del derecho a la autodeterminación?
La Alternativa de Estau Aragonés
Por Estau Aragones - Ideolochía-Identidá - 26/Sep/2009
Este año se cumple el 75 aniversario de la fundación, por unos inmigrantes aragoneses en Barcelona, del partido Estado Aragonés. Eran de extracción obrera, militancia progresista y vinculados al movimiento cultural aragonesista que se movía más en Catalunya que en Aragón. El nuevo partido era de tendencia republicana, de izquierdas y nacionalista que abogaba por “la constitución de la República Aragonesa dentro de la República Española”, en 1936 apostó decididamente por el antifascismo y la revolución.
Tras la negra noche del franquismo, el aragonesismo renació y se articuló políticamente en el PSA. No consiguió este movimiento nada concreto, fuera de concienciar al pueblo aragonés de su existencia como tal (lo que no es poco), y Aragón quedó como una “autonomía de vía lenta” en el contexto de una Monarquía Parlamentaria donde las noticias de corrupción política y económica están a la orden del día. Estado Aragonés no era más que el recuerdo de unos pocos.
Pero en los ochenta, en pleno desencanto, desde el movimiento cultural aragonesista, nunca desaparecido del todo, resurgió lo que se llamó “aragonesismo político”. La fundación de UA-CHA y la conversión del PAR al nacionalismo significaron golpes de efecto importantes para un stablishment que apostaba por que nada se movería en el “mapa político de Aragón”. El recuerdo de “los aragonesistas de Barcelona” estaba ya presente en este movimiento, pero todavía demasiado débil: el aragonesismo no deja de ser un término ambiguo, que incluye al nacionalismo vergonzante, el arribismo regionalista o el cripto-independentismo. No es de extrañar, pues, que la alianza con el PSOE, en sus diversas opciones, haya resultado letal para un movimiento que adolece de tal debilidad teórica.
En el contexto de la crisis de este modelo, algunos aragoneses de Barcelona, que logramos coincidir, ideológica y físicamente, con los últimos militantes de aquel Estado Aragonés de 1933, decidimos refundar el viejo partido de nuestros abuelos políticos. Pronto otros amigos y compañeros se nos unen en Aragón y, lentamente por nuestros propios y humildes medios de gente de clase trabajadora, tratamos de impulsar un auténtico movimiento nacionalista aragonés, que surja de la clase obrera (en su día no surgió de la burguesía, es tarde para eso), no se oculte tras términos ambiguos, y que por tanto apueste decididamente por la soberanía del pueblo aragonés y por la república. Hoy no podemos exigir la República Aragonesa igual que lo hicieron nuestros abuelos en el 33. O mejor dicho: exigir hoy la República Aragonesa significa exigir la independencia de Aragón, pues la República Española tampoco existe y resultaría estúpido y absurdo abogar por la República Aragonesa dentro de… la Monarquía Española.
Por otro lado, la adicción frenética del Capitalismo Internacional por el crecimiento económico nos lleva al desastre global. Una economía sostenible, de la que tanto se habla, exige una economía sin crecimiento. Equilibrio demográfico y económico: no hace falta ya “crear más riqueza”, por lo menos en Europa Occidental, basta con repartir de forma justa la que ya tenemos. A nivel local la Zaragoza del millón de habitantes, como proponen todos los partidos representados en el Ayuntamiento, significa seguir apostando por el crecimiento sin freno, el desequilibrio económico, los problemas medioambientales y, como empieza a verse ya, los conflictos interculturales.
Desde Estado Aragonés consideramos que nuestros planteamientos pueden ser asumidos por muchas personas y organizaciones aragonesas, pero que para hacerlos visibles y que influyan realmente en el cambio de la sociedad, precisan una plasmación electoral. Por eso apostamos por impulsar coaliciones amplias de cara a las elecciones de 2011, municipales y aragonesas: en pro de la soberanía para el pueblo aragonés y un decrecimiento sostenible que ponga efectivo freno al “desarrollo” desaforado.
(Artículo publicado con anterioridad en adeban.org)
De los “jefes” y los “indios”.
Por Picarralero67 - Ideolochía-Identidá - 29/Jun/2009
Chestora Nazional d’EA. Zaragoza 27 de junio de 2009
El nacionalismo aragonés ha reventado. Casi dos décadas de unidad en el seno de CHA, se acabaron debido a la política de exclusiones dirigida por su Consello Nazional desde 2004, con el apoyo unánime, y entusiasta, de cargos públicos y los liberados. La Dirección Nacional y el Aparato Burocrático consideraron que los discrepantes eran un lastre para seguir subiendo y optaron por la marginación interna, la exclusión y la expulsión.
Desde entonces, CHA no ha hecho más que perder militantes y votos, lo que demuestra que el análisis de aquella (y ésta) Dirección Nacional de CHA era erróneo. Pero, como un jarrón que ya no se puede recomponer una vez se ha roto en mil trozos, la unidad del nacionalismo aragonés no puede volver a recomponerse dentro de CHA: es una estructura que ya no merece la confianza precisa para acoger una unidad estratégica que garantice la pluralidad ideológica. La unidad es deseable, pero ha de conseguirse por medio de otro tipo de estructura: una coalición o similar. Sólo recuperando la unidad, el nacionalismo aragonés puede plantearse volver al 20% de los votos que en su día obtuvo.
Pero la unidad se enfrenta a otro problema, además de la necesidad de inventarse la estructura apropiada: La ambición política de algunos de los militantes nacionalistas. Como suele decirse “tenemos más jefes que indios”: la desmovilización de la militancia ha dejado a los colectivos convertidos bien en estructuras vacías, bien en grupos amorfos que cambian de denominación cada seis meses. O en una mezcla de ambos. Parece que todos queramos ser “jefes”.
Bien, pues los militantes de Estado Aragonés declaramos que no somos más que un colectivo sin ninguna pretensión dirigente, ni individual ni colectiva. Simplemente queremos participar en la reconstrucción del nacionalismo aragonés con voz propia, sin asumir ningún protagonismo ni ocupar ningún puesto relevante en ninguna lista electoral. Pero somos conscientes de que la unidad del nacionalismo aragonés precisa que haya quién sí que ocupe esos puestos y asuma ese protagonismo, la unidad del nacionalismo aragonés pasa por la elaboración de listas electorales.
En resumen: los militantes y simpatizantes de Estado Aragonés preferimos asumir el papel de base militante en el movimiento independentista; “indios” antes que “jefes”, entendiendo que debe haber dirigentes, pero sobre todo militantes. Nosotros pues, queremos ser de estos últimos.
Estado Aragonés apoyará cualquier intento honesto por reunificar el nacionalismo aragonés, desde la humildad y la lealtad; entendiendo que “reunificar” es una palabra contraria a “excluir” y que si realmente queremos que esa reunificación sea un proceso activo en 2011, debemos iniciarla cuanto antes.
Portaboz Nazional d’Estau Aragonés
¿República Popular Aragonesa o República Aragonesa “a secas”?
Por Picarralero67 - Ideolochía-Identidá - 17/Jun/2009
Estado Aragonés es un partido socialista. Eso significa, entre otras cosas, que considera que la dirección política de la sociedad y los gobiernos, para poder impulsar políticas sostenibles, progresistas y que respondan al interés general, corresponde a la clase trabajadora. Somos críticos, pues, con la llamada “democracia formal”, pues en su fondo responde a los intereses de la clase propietaria de los medios de producción y somos partidarios de una república que responda a los intereses del conjunto del Pueblo, por tanto somos partidarios de una república popular.
Sin embargo, reiteradamente se ha demostrado que el socialismo, como modo de producción superior al capitalismo, debe triunfar en el centro de la economía capitalista, igual que el capitalismo, en su día, triunfó en el centro de la economía feudal: este proceso fue debatido por la llamada “escuela de historiadores marxistas británicos” hace años y compendiada en el libro “la transición del feudalismo al capitalismo” por R. Hilton. Los triunfos revolucionarios en países subdesarrollados se han producido por la debilidad de sus regímenes políticos postcoloniales o burgueses, y han dado como fruto gobiernos que se reivindican del socialismo, pero que tienen graves dificultades, a nivel interno y externo, para desarrollar políticas socialistas.
En definitiva, las experiencias que en el último siglo se han dado, y se dan, de socialismo en países pequeños o subdesarrollados han acabado en sonoros fracasos o en derrotas, y los regímenes socialistas que sobreviven (Corea del Norte o Cuba), lo hacen sobre la base de una fuerte militarización de la producción y del consumo, y consecuentemente de la sociedad y la vida política. Sólo Cuba ha podido iniciar un proceso de “politización” y “desmilitarización” de su sociedad (de la mano de quien fuera el artífice de la militarización en el “Periodo Especial”: Raúl Castro), gracias al apoyo de Venezuela y otros países latinoamericanos, que en vez de optar por la “Vía Guevarista” al socialismo, optaron por la “Vía Chilena” de Allende. Esto es, las elecciones y no la insurrección, y además en clave continental (el llamado “bolivarianismo”) y no sólo nacional.
Igual que el capitalismo triunfó en los países feudales más desarrollados del momento, el socialismo sólo puede hacerlo en los más desarrollados de ahora mismo. EEUU está en crisis estructural y como Imperio se encuentra en su ocaso. La Unión Europea ha conseguido una fuerte integración económica, va vía de una fuerte integración social, pero la política se encuentra atascada por unos Estado-Nación burgueses, decimonónicos, que no permiten su democratización.
El socialismo debe ser impulsado en el marco político de la Unión Europea: el discurso sesentero del “marco autónomo de la lucha de clases” que le sirvió a ETA para organizarse al margen del PNV (compitiendo por la dirección política del nacionalismo) en la lucha antifranquista, no sirve. Pero para eso la izquierda debe abandonar sus discursos antieuropeos y comenzar un movimiento político por la democratización de la UE. Porque el socialismo sólo puede ser más democrático que el capitalismo, fracasar o convertirse en una sociedad militarizada.
Los independentistas aragoneses no pueden pretender una República Popular Aragonesa si no es en el seno de una Unión Europea confederal, socialista y democrática. Pero antes que eso, una eventual, y posiblemente próxima, crisis de la Monarquía Española debe encontrarnos unidos a todos los partidarios de una República Aragonesa, foralistas, socialistas o revolucionarios, para hacer frente al Régimen heredero de Franco, la ruptura democrática de la Monarquía Española y la irrupción de la República Aragonesa en la Unión Europea realmente existente. Ante esta situación, toda división significa el fortalecimiento de las fuerzas dinásticas: PSOE, PP y sus auxiliares, un fortalecimiento por tanto de la Monarquía y como consecuencia un obstáculo para la independencia y el socialismo.
La Identidad en la política de Aragón.
Por Anchel Gorriz - Ideolochía-Identidá - 21/Abr/2009
En el pasado Alderdi Eguna (día del partido), los dirigentes del PNV se quisieron reafirmar en que su partido representa el vasquismo político y por lo tanto se consideran legitimados para representarlo y gestionarlo en toda su extensión. En su posición de partido de la mayoría nacionalista de Euskadi, el PNV se declara depositario de las esencias políticas del vasquismo e incluso de lo vasco mismo. Es el efecto político del frente antinacionalista, liderado por Patxi López. El PNV tenía que dejar claro esta precisión ideológica tras perder el Gobierno de Euskadi. Es además una reacción consecuente con ello, pues representa un toque a rebato por lo que pudiera venir de la mano de la alianza entre PP y PSE-PSOE. En Catalunya es CiU quien ha pretendido representar ese papel, “la Casa Gran del Catalanismo” la llaman, aunque matizadamente porque, a diferencia del PSOE vasco, respecto al vasquismo, el PSC catalán tiene buenas dosis de catalanismo y no está en un frente antinacionalista. Esto que expongo no es un reproche a la actitud ideológica de esos partidos frente a la identidad colectiva de la que forman parte y de la que se erigen como valedores. Más bien es una virtud política. La mayor virtud política de un político nacionalista, porque es fundamentalmente lo que le alienta, su razón de ser y de parecer …
Ahora bien, ¿Dónde encontramos en Aragón semejante virtud? ¿Qué partido o partidos, aunque sea en una posición minoritaria, se sienten legitimados o con “animos” para representar y gestionar el aragonesismo político, incluso lo aragonés? Es más… ¿Qué partidos consideran prioritario hacer de su eje de su acción política la Identidad aragonesa? ¿Quién se siente con derecho a hacer vindicación de lo aragonés?.
Hoy por hoy esa no es una virtud de ninguno de los partidos políticos parlamentarios o institucionales de Aragón. Y no la es por una alta consideración o respeto a la Identidad colectiva de los aragoneses. No, porque la política es precisamente el acto de apropiación, o de “asunción” de asumir, de lo colectivo. No es por eso… Las esencias políticas del aragonesismo, la Identidad aragonesa, el aragonesismo en todo su extensión se encuentran huérfanas de representatividad política; como quien dice tiradas en la calle a la espera de que alguien se digne a recogerlas. El PP de Aragón, ni merece comentario, al contrario aún se recuerda su papel de quinta columna trasvasista. Es nacionalista sí, pero españolista, y lo es para recordar a los aragoneses que son españoles. Para el PSOE de Aragón no hay tal Identidad, como afirmó una vez alguno de sus máximos representantes, por lo tanto no pueden, ni deben se sentirse legitimados para administrarlo. El PAR nunca ha ido más allá del antitrasvasismo, del agua, de lo agrario y lo local. No ha entendido nunca el aragonesismo más que como un folklore político. Chunta se regocija en la ambigüedad del termino aragonesista: quiere parecer, pero de facto no lo es. Le fue útil para coger fuerza, pero el tiempo ha demostrado que, por lo menos su dirección, nunca lo buscó realmente y lo poco que tenía se lo sacó de encima en su viaje a ninguna parte de convergencia con el PSOE.
Para hacer política aragonesista hay que tener esa virtud política de asunción de la Identidad del colectivo, de lo aragonés, presentarse así a la ciudadanía y actuar en consecuencia y categóricamente en la actividad y el programa político. Han sido 25 los años perdidos en la práctica de una política camaleónica y vergonzante de alianzas con las fuerzas centralistas, que ideológicamente y de facto rechazan activamente lo identitario de Aragón, como reacción a cualquier analogía posible con la situación política de Euskadi o de Cataluña y que han esclafado el aragonesismo político por ahogamiento y con la ayuda interesada de aragonesistas asimilados a los que se les ha pedido que suelten el “lastre” de la Identidad, que marginen a los que la sostienen, y acepten las “bondades” del sistema. Una auténtica política aragonesista es hoy utópica en Aragón, porque nadie se plantea la ineficacia, el agotamiento y la corrupción en cuanto al diseño del propio sistema político de Comunidades Autónomas que reproduce el modelo estandarizado de la Constitución española: Un corsé que condiciona los límites y los alcances del aragonesismo y que fundamentalmente niega a los aragoneses no sólo su identidad política, sino también su identidad cultural. Pero a fin de cuentas no radica sólo ahí el problema: Hay una imposibilidad técnica para hacer una auténtica política aragonesista que radica en el fraccionamiento del aragonesismo social, la falta de preparación ideológica, la imposibilidad de coordinar los diferentes aragonesismos, la excesiva individualización del asociacionismo, el divorcio de la cultura oficial con la identitaria, el complejo de inferioridad y el hecho de no poder plantear un frente común ante la política oficial. El cosmos identitario aragonés no puede ejercer de grupo de presión. Más bien presenta profundas brechas y puntos de vista radicalmente opuestos; lo que permite una acción de inhibición de la política aragonesa, en la cual los que gobiernan en Aragón se complacen y se instalan en el no hacer nada por la Identidad, evitando así abrir nuevos frentes políticos que puedan ser gestionados por otros partidos. Tal es la aberración del sistema y en ella llevamos 25 años…
La Identidad no puede estar siempre en discusión y hay que elevarla al rango de valor y de virtud política y este es el objetivo de Estau Aragonés. O se puede creer más o se puede creer menos en ella, pero hay que acabar en Aragón con este planteamiento suicida: La política oficial no cree en absoluto en ella. Si no fuera así, si yo me equivocara, no estaríamos 25 años después aún pendientes de una ley de lenguas, que debería haber quedado resuelta en la primera legislatura de las Cortes de Aragón.
Estau Aragonés plantea a la sociedad aragonesa una ruptura democrática de ese sistema. Se refunda este partido histórico para asumir el aragonesismo político de más avanzado alcance, para vindicar lo aragonés en la política de una vez por todas y para dar a “lo aragonés” en sentido extenso carta de naturaleza institucional que permita su desarrollo y su proyección social. Un camino propio de Aragón a la plenitud nacional, donde no le impongan una identidad política y cultural basada en una supremacía legal-constitucional sobre su identidad de Pueblo.
La Identidad es considerada por los políticos aragoneses como un elemento menor de la política, pero no lo es. No lo es ni en Galicia, por ejemplo, donde gobierna un partido españolista. Y tampoco depende de la amplitud o la fortaleza del fenómeno, 50 mil hablantes del aragonés frente 1,2 millones de habitantes. La Identidad es un elemento categórico de nacionalidad, de existencia y de esencia, de orígenes, de permanencia y de futuro, de conocimiento. Es de obligación aportarlo a la política y de darle prioridad. Bien vale que algunos asumamos su defensa… Aunque mejor sería que lo hicieran todos. No pretendemos monopolizarla.


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