Archivo Abril, 2009

La Identidad en la política de Aragón.

En el pasado Alderdi Eguna (día del partido), los dirigentes del PNV se quisieron reafirmar en que su partido representa el vasquismo político y por lo tanto se consideran legitimados para representarlo y gestionarlo en toda su extensión. En su posición de partido de la mayoría nacionalista de Euskadi, el PNV se declara depositario de las esencias políticas del vasquismo e incluso de lo vasco mismo. Es el efecto político del frente antinacionalista, liderado por Patxi López. El PNV tenía que dejar claro esta precisión ideológica tras perder el Gobierno de Euskadi. Es además una reacción consecuente con ello, pues representa un toque a rebato por lo que pudiera venir de la mano de la alianza entre PP y PSE-PSOE. En Catalunya es CiU quien ha pretendido representar ese papel, “la Casa Gran del Catalanismo” la llaman, aunque matizadamente porque, a diferencia del PSOE vasco, respecto al vasquismo, el PSC catalán tiene buenas dosis de catalanismo y no está en un frente antinacionalista. Esto que expongo no es un reproche a la actitud ideológica de esos partidos frente a la identidad colectiva de la que forman parte y de la que se erigen como valedores. Más bien es una virtud política. La mayor virtud política de un político nacionalista, porque es fundamentalmente lo que le alienta, su razón de ser y de parecer …

Ahora bien, ¿Dónde encontramos en Aragón semejante virtud? ¿Qué partido o partidos, aunque sea en una posición minoritaria, se sienten legitimados o con “animos” para representar y gestionar el aragonesismo político, incluso lo aragonés? Es más… ¿Qué partidos consideran prioritario hacer de su eje de su acción política la Identidad aragonesa? ¿Quién se siente con derecho a hacer vindicación de lo aragonés?.

Hoy por hoy esa no es una virtud de ninguno de los partidos políticos parlamentarios o institucionales de Aragón. Y no la es por una alta consideración o respeto a la Identidad colectiva de los aragoneses. No, porque la política es precisamente el acto de apropiación, o de “asunción” de asumir, de lo colectivo. No es por eso… Las esencias políticas del aragonesismo, la Identidad aragonesa, el aragonesismo en todo su extensión se encuentran huérfanas de representatividad política; como quien dice tiradas en la calle a la espera de que alguien se digne a recogerlas. El PP de Aragón, ni merece comentario, al contrario aún se recuerda su papel de quinta columna trasvasista. Es nacionalista sí, pero españolista, y lo es para recordar a los aragoneses que son españoles. Para el PSOE de Aragón no hay tal Identidad, como afirmó una vez alguno de sus máximos representantes, por lo tanto no pueden, ni deben se sentirse legitimados para administrarlo. El PAR nunca ha ido más allá del antitrasvasismo, del agua, de lo agrario y lo local. No ha entendido nunca el aragonesismo más que como un  folklore político. Chunta se regocija en la ambigüedad del termino aragonesista: quiere parecer, pero de facto no lo es. Le fue útil para coger fuerza, pero el tiempo ha demostrado que, por lo menos su dirección, nunca lo buscó realmente y lo poco que tenía se lo sacó de encima en su viaje a ninguna parte de convergencia con el PSOE.

Para hacer política aragonesista hay que tener esa virtud política de asunción de la Identidad del colectivo, de lo aragonés, presentarse así a la ciudadanía y actuar en consecuencia y categóricamente en la actividad y el programa político. Han sido 25 los años perdidos en la práctica de una política camaleónica y vergonzante de alianzas con las fuerzas centralistas, que ideológicamente y de facto rechazan activamente lo identitario de Aragón, como reacción a cualquier analogía posible con la situación política de Euskadi o de Cataluña y que han esclafado el aragonesismo político por ahogamiento y con la ayuda interesada de aragonesistas asimilados a los que se les ha pedido que suelten el “lastre” de la Identidad, que marginen a los que la sostienen, y acepten las “bondades” del sistema. Una auténtica política aragonesista es hoy utópica en Aragón, porque nadie se plantea la ineficacia, el agotamiento y la corrupción en cuanto al diseño del propio sistema político de Comunidades Autónomas que reproduce el modelo estandarizado de la Constitución española: Un corsé que condiciona los límites y los alcances del aragonesismo y que fundamentalmente niega a los aragoneses no sólo su identidad política, sino también su identidad cultural. Pero a fin de cuentas no radica sólo ahí el problema: Hay una imposibilidad técnica para hacer una auténtica política aragonesista que radica en el fraccionamiento del aragonesismo social, la falta de preparación ideológica, la imposibilidad de coordinar los diferentes aragonesismos, la excesiva individualización del asociacionismo, el divorcio de la cultura oficial con la identitaria, el complejo de inferioridad y el hecho de no poder plantear un frente común ante la política oficial. El cosmos identitario aragonés no puede ejercer de grupo de presión. Más bien presenta profundas brechas y puntos de vista radicalmente opuestos; lo que permite una acción de inhibición de la política aragonesa, en la cual los que gobiernan en Aragón se complacen y se instalan en el no hacer nada por la Identidad, evitando así abrir nuevos frentes políticos que puedan ser gestionados por otros partidos. Tal es la aberración del sistema y en ella llevamos 25 años…

La Identidad no puede estar siempre en discusión y hay que elevarla al rango de valor y de virtud política y este es el objetivo de Estau Aragonés. O se puede creer más o se puede creer menos en ella, pero hay que acabar en Aragón con este planteamiento suicida: La política oficial no cree en absoluto en ella. Si no fuera así, si yo me equivocara, no estaríamos 25 años después aún pendientes de una ley de lenguas, que debería haber quedado resuelta en la primera legislatura de las Cortes de Aragón.

Estau Aragonés plantea a la sociedad aragonesa una ruptura democrática de ese sistema. Se refunda este partido histórico para asumir el aragonesismo político de más avanzado alcance, para vindicar lo aragonés en la política de una vez por todas y para dar a “lo aragonés” en sentido extenso carta de naturaleza institucional que permita su desarrollo y su proyección social. Un camino propio de Aragón a la plenitud nacional, donde no le impongan una identidad política y cultural basada en una supremacía legal-constitucional sobre su identidad de Pueblo.

La Identidad es considerada por los políticos aragoneses como un elemento menor de la política, pero no lo es. No lo es ni en Galicia, por ejemplo, donde gobierna un partido españolista. Y tampoco depende de la amplitud o la fortaleza del fenómeno, 50 mil hablantes del aragonés frente 1,2 millones de habitantes. La Identidad es un elemento categórico de nacionalidad, de existencia y de esencia, de orígenes, de permanencia y de futuro, de conocimiento. Es de obligación aportarlo a la política y de darle prioridad. Bien vale que algunos asumamos su defensa… Aunque mejor sería que lo hicieran todos. No pretendemos monopolizarla.

 

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