Archivo Abril, 2011

ELECCIONES 2011 Programa político de E.A. (y 4)

Urbanismo


La transición de la Dictadura a la Monarquía no significó un cambio sustancial en las políticas urbanísticas de Zaragoza. El Plan Yarza de 1957 había puesto las bases del crecimiento económico y demográfico de la Ciudad, situando a la especulación como uno de los mejores negocios de la Ciudad, si no el mejor. Comenzó entonces la destrucción de la Huerta Zaragozana, su asfaltado sistemático, y la construcción de barrios periféricos y polígonos industriales.


Barrios dormitorio para la clase obrera, que comenzó a ser obligada a usar el vehículo privado para no tener que perder horas en su traslado al puesto de trabajo, encarecimiento de la alimentación, de la que siempre la ciudad había sido excedentaria y la consolidación por medio de la especulación con el precio del suelo y de la vivienda de las grandes familias zaragozanas, enriquecidas en los albores del franquismo con el estraperlo, cuando no en la ya lejana Dictadura de Primo de Rivera a base de salarios míseros y peseta devaluada para la exportación de bienes de consumo.


La elección por sufragio universal directo y secreto de los concejales significó sin duda un gran avance político y social. Sobre todo significó la creación de una opinión pública con la que contar a la hora de desarrollar las políticas municipales, lo que supuso la necesidad  de dar respuesta a las demandas sociales. La forma de financiar estas demandas, desde el Ayto. de Zaragoza fue actuar como un agente más en la especulación del suelo. El Ayto. se convirtió en el principal especulador, con recalificaciones a la carta, permutas de suelo y Grandes Proyectos más o menos justificados ante un previsto y deseado crecimiento sostenido de la población de la ciudad. La Zaragoza del Millón de Habitantes.


Deuda pública desmesurada, precios de alquileres de pisos desorbitados, revalorización constante de los pisos y suelos, obras públicas y proyectos “generadores de empleo”, reclamo para la emigración, subidas de tasas e impuestos municipales para hacer frente al roto financiero. El crecimiento económico y demográfico como religión gestionado por quienes, en aquellos lejanos sesenta, leían (y escribían) aquél libro famoso por su título “Zaragoza contra Aragón”. La población en nuestras comarcas a duras penas se mantenía mientras en Zaragoza crecía sin fin.Todo ello ha sufrido un parón con la Crisis. Ahora es el momento de parar esta locura, de renunciar al crecimiento hasta la Ciudad del Millón.


El Ayuntamiento debe dejar de actuar como un agente  más de la especulación, el gasto municipal en materia inmobiliaria debe ir en la línea de favorecer la bajada del precio de los alquileres, creando una bolsa de pisos, de titularidad pública o privada, reconociendo que construir VPO no es construir “vivienda social”.


Así, dejando de ser un agente más especulador, el Ayto. podrá poner freno a las grandes empresas inmobiliarias de la Ciudad (Castillo Balduz, PROGEA, Nozar, etc.) en vez de tener que aceptar sus propuestas de recalificaciones masivas (hoy en curso en el Norte la Huerta hasta San Juan de Mozarrifar y el Este, lo que queda de la Huerta de Las Fuentes).
Es preciso impulsar la producción de bienes con el suelo que se tiene. Aún no se han llenado los Polígonos Industriales de Cogullada o Malpica cuando ya se están recalificando los terrenos industriales del Picarral. Hay que renunciar a las recalificaciones de terrenos industriales y agrarios y ponerlos en valor, fomentar la instalación de industrias y cultivos que favorezcan tanto  la cercanía del puesto de trabajo como la bajada de los precios alimenticios, reduciendo costes a los productores directos y precios a los consumidores y trabajadores. Potenciar la economía productiva en vez de la especulativa.


En definitiva un Urbanismo pensado para la gente y no para los agentes inmobiliarios, que favorezca el acceso a la vivienda para todos (Derecho Fundamental) por medio del alquiler, acabe con los privilegios a la hora de acceder a la propiedad (que no es un derecho) de una vivienda, evitando la reproducción del proceso especulativo previo a la crisis, una política urbanística que potencie la economía productiva (industria y agricultura) frente a la especulación (recalificaciones y subcontratas), una economía que avance hacia el socialismo y deje atrás el capitalismo de amiguetes que triunfa en Zaragoza desde tiempo inmemorial.

 

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