Archivo Marzo, 2014

Adiós Monseñor, Adiós!

Nacional-catolicismo

Nacional-catolicismo

Rouco se ha ido… No sabemos donde… Acaso a una casa sacerdotal a gozar de una buena jubilación atendido por una monja o quizás por varias. ¡Es un cardenal de 5 estrellas…! Si algún cura ha representado alguna vez esa manera de ser tan católica de que hay que estar alerta y siempre combatiendo al demonio, ese es él. Claro que a falta de una aparición explícita del propio Satanás, que últimamente parece no querer dejar el calor del infierno para venir en persona al mundo, este conspicuo difusor del integrismo católico, lo ve representado en la izquierda, el separatismo, los y las abortistas, los y las homosexuales, la escuela laica, los apóstatas, bautizados que se han descarriado y, en general, cualquiera que no entienda la sociedad y la política como él. Lo que debe suponer aproximadamente entre el 80 el 90% de la población del Estado español.

¿Para qué le dedicamos una entrada en el Blog de Estado Aragonés? Pues para que no lo olvidemos. No conviene olvidarlo porque este obispo deja un legado. ¡Un legado muy peligroso…! Para este hombre la religión no es oración, misericordia o perdón, prácticas respetables donde las haya, pertenecientes al ejercicio individualizado de la religión. Para él la religión es un arma, una pura estrategia bélica, una guerra sin cuartel en contra de lo que la humanidad ha venido luchando los últimos 200 años; una lucha en contra del progreso social, contra la libertad, contra la democracia y contra la igualdad en su sentido propio, y, sobre todo, en contra del amplio desarrollo y del libre ejercicio de los derechos sociales e individuales, como que se pueda educar a alguien sin un referente religioso implícito o decidir que hacer con tu propio cuerpo.

Si alguien creía haberse perdido lo que supone experimentar el conocimiento en vivo de un espécimen nacional-católico, que no pase pena, pues este cardenal es un claro representante de esa corriente político-clerical-belicista. Y no es un eslabón perdido, es la perfecta continuidad con otras épocas de la historia… Porque “continuidad” es su significado personal en el oficio que ha desempeñado como eclesiástico y desde su puesto en la Conferencia episcopal. Es recordarle a la derecha española que su auténtico referente no es propiamente el “neoliberalismo” o cualquier otra nueva doctrina conservadora imaginable importada del mundo anglosajón protestante. Es recordarle que su auténtico referente es el nacional-catolicismo de toda la vida; ese que hace estar al católico-español siempre alerta, siempre en guerra (no sólo contra el demonio, eso es lo de menos) contra todo lo que no tenga su centralidad en el catolicismo, contra lo no entendido como español (para ellos una especie de etnia de credo que reza en castellano) o contra  lo que no es lo indicado por la Iglesia. Hoy el enemigo es más difuso para ellos. Ya escasean los liberales, los masones, los judíos y los comunistas, pero hay mucha gente, la gran mayoría, que quiere ver reconocidos y ejercer libremente sus derechos sin imposiciones morales o restricciones jurídicas y que son el blanco de sus ofensivas, de momento sólo, mediáticas y políticas. “Hay una resurrección del laicismo radical”, “el crimen del aborto ensombrece la historia de la humanidad”, “los jóvenes del 15-M tienen sus vidas rotas” son las nuevas frases del nacional-catolicismo que sustituyen a las “conspiraciones judeo-masónicas” de otrora.

Este es el referente que anima y resume la actual política del PP y es por lo que se comprende la ofensiva reformista que lleva el gobierno de Rajoy de manera tan sistemática y con “tintes de cruzada”, en contra de los avances en materia social, educación, aborto, etc. de las últimas décadas. Este nacional-catolicismo, como forma de integrismo que es (y que como todos los integrismos liga la política y la religión), sólo se entiende en su perpetuo conflicto con otros planteamientos ideológicos, en su guerra permanente contra las políticas de la izquierda, en su afán por echar atrás todo progreso social en materias de derechos individuales y en intentar hacer vivir a la sociedad en una realidad jurídica opresiva.

Pues bien, a Rouco le debemos la autoría moral de la política de guerra, en el fondo y la forma, en materia social del PP. Él se ha ido, pero sus discípulos permanecen.

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