Archivo Septiembre, 2016

EL FALSO DEBATE DE LA FORMACION DE GOBIERNO

elecciones-kigg-620x349abcEl pasado 26 de Junio, la repetición del proceso electoral, convocó a 36 millones y medio de ciudadanos a las urnas, de los cuales, algo más de 24 millones ejercieron su derecho de voto. Ha habido muchos análisis desde entonces sobre los resultados, pero ninguno que yo haya leído al menos, que haya analizado la debilidad del sistema constitucional español basado en una monarquía parlamentaria.

En primer lugar, la nueva situación sociopolítica de España, deja claro que existen 4 grandes opciones políticas (PP 33,01%, PSOE 22,63%, PODEMOS 13,42% Y C´s 13,06%). Sin embargo, por segunda vez, parece muy probable, que la voluntad política final no va a ser llegar a un acuerdo que permita investir a un gobierno tras estas elecciones.

El PP, partido con gran número de investigados por corrupción en los tribunales, e incluso el propio partido está inmerso en un proceso judicial por este motivo, muestra cada día una incapacidad manifiesta para liderar una regeneración democrática, y parece lógica una oposición firme en el parlamento para que Mariano Rajoy, como presidente de esa formación, sea también nuevamente presidente del gobierno. Sin embargo, la falta de comprensión de la sociedad española, de que es el parlamento quien elije al presidente en España y no el proceso electoral, que solo elige a los miembros de dicho parlmanto, descubre una preocupante falta de formación entre el electorado, que es alimentada día a día por partidos y medios de comunicación. Por tanto, cabe preguntarse ¿Es solo la falta de acuerdo manifiesta entre los partidos la única causa de que no pueda haber gobierno, descargando así toda responsabilidad en estos y sus lideres? Si el actual candidato a la presidencia del gobierno, Mariano Rajoy, no se presentara ¿Podría Pedro Sanchez seguir manteniendo el discurso de bloqueo contra un gobierno del PP-C´s?

Independientemente de ello, parece claro que el sistema constitucional español, ha dejado clara una gran deficiencia procesal para una circunstancia política como la que estamos viviendo, dado que si somos objetivos, esto mismo, no podría suceder en una república parlamentaria en la que el presidente del país, fuera elegido por el sistema de doble vuelta, tal como sucede en la actual República Francesa., o un sistema de elección presidencial como el estadounidense. En ambos casos,la presidencia es elegida directamente por la ciudadanía, y este  el encargado de nombrar al Primer Ministro (caso francés) o al Secretario de Estado (caso americano), y a partir de ahí los partidos pueden ejercer la oposición correspondiente en el parlamento.

Pero en España nadie parece que quiera adentrarse en este resbaladizo terreno, que nos llevaría a cuestionar la necesidad de la derogación de la constitución española, gran tema tabú de nuestro régimen, y la proclamación de la III república. No estamos haciendo análisis político tampoco, que es el actual Jefe del Estado, el rey Felipe VI, el que está proponiendo a los candidatos, según las consultas previas que mantiene con los diferentes representantes electos, para valorar (él) quien tiene más posibilidades de ser investido.

Un régimen político decimonónico, que por primera vez está dejando claro, que declina toda responsabilidad de la formación de gobierno en el acuerdo entre los partidos políticos. Como estamos viendo, esto no está sucediendo, y deberíamos de preguntarnos, si el sistema democrático en el que vivimos está simplemente mal diseñado, o ¿Es a caso un ejercicio de responsabilidad descargar toda responsabilidad sobre el acuerdo de gobierno, en los actores, y no también en la medida que corresponda en el diseño democrático? Pensemos que al final podemos entrar en un eterno “proceso electoral de la marmota”, que obligue a repetir, hasta que los ciudadanos decidan votar “lo correcto” para que haya gobierno. En definitiva, si el sistema descarga toda responsabilidad final en el votante, que debe acabar votando, antes de lo que piensa, lo correcto según el contexto, la influencia mediática, para que haya un gobierno “el que sea”, la víctima es la propia voluntad popular, ya que está de hecho siendo sometida a coacción: “Si no hay gobierno, el caos”.

Lo que podría ser solucionado con un sistema presidencialista de segunda vuelta, en España ni se plantea, y ni siquiera por formaciones republicanas que supuestamente son “motor de cambio”. A la figura del Rey se la considera pilar fundamental del régimen constitucional e incuestionable. Pero si hay un fallo grave de diseño en el régimen actual, que no existía en el de la II república, por ejemplo ¿Es ético que subsidiariamente se esté descargando toda responsabilidad de la falta de gobierno en el votante, por no votar correctamente a la opción mayoritaria?

Hasta ahora la figura del rey parecía simplemente decorativa, pero en realidad se está viendo que no es así. ¿Podría nominar a un independiente, no representante electo, que apoyaran los partidos, para evitar una quinta elección de la marmota? ¿Sería esa la solución, o sería rechazado, y volveríamos a las elecciones, según la situación de las encuestas de cada momento? ¿Cuál es la postura de Podemos como supuesto partido y supuesto motor de cambio en este sentido?

En verdad, los ciudadanos españoles, pueden vivir inmersos en este bucle todo el tiempo que deseen, es algo inherente a la libertad de los ciudadanos de cada país, bañados en un mar de autocmplaciencia, entre tapa y tapa viendo el fútbol y polemizando sobre Messi y CR7. Mientras tanto, el BCE, avisa de que no prolongará el programa de Relajación Cuantitativa de bonos y deuda, los márgenes bancarios, están llevando a todo el sistema financiero a un abismo que en su día tendrían que rescatar los ciudadanos con su dinero, la Unión Europea se resquebraja y no solo por el Brexit, y el fascismo asoma su pata en Estados Unidos.

El pueblo aragonés debería de considerar la situación seriamente, hasta el punto, que si no hay solución, busquemos un diseño de organización constitucional propio que garantice la gobernabilidad de nuestro país, un Estado Aragonés propio y desvinculado totalmente de este despropósito constante que amenaza con un colapso social en el largo plazo, en el que se está convirtiendo la vida política bajo el reinado de Felipe VI de Castilla. Aragón tiene la oportunidad y probablemente como única opción que no conduzca al desastre, de buscar su propio camino.

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