Archivo Noviembre, 2016

Zaragoza languidece. Debate sobre el estado de la ciudad.

zecpilaristaEn junio de 2015, Santiesteve alcanzaba la alcaldía de Zaragoza con el voto afirmativo de su grupo, ZeC y el de PSOE y CHA. El voto de los tres era imprescindible para ello, pues de no obtener la mitad más uno de los votos favorables de los concejales, la alcaldía hubiese recaído en Suárez, el hoy olvidado líder local del PP.

El voto de ambos partidos lo fue a cambio de nada, ni participación en el equipo de gobierno municipal ni pacto de gobernabilidad, fue un “lo tomas o lo dejas, o alcalde de izquierdas con tu voto, o alcalde de derechas por culpa del que se abstenga”. El día del Pleno, a la puerta de la Casa Consistorial se agolparon, excitados, los militantes de ZeC que llenaron el Salón de Plenos, muchos de ellos se habían colado sin invitación, en lo que tuvo toda la pinta de un ejercicio de presión sobre el resto de concejales de izquierda (el PSOE es considerado de izquierdas cuando vota lo que señala la vanguardia revolucionaria). ¿Quién podría haberse abstenido en esas circunstancias sin hacer recaer sobre sí la máxima responsabilidad de “frustrar el gobierno del cambio”?

En ZeC no sólo se dudaba de que Santiesteve fuese elegido alcalde, incluso se consideraba que lo mejor, estratégicamente para su proyecto, era que no lo fuese, el propio Santiesteve había intervenido en su Asamblea para decir que “el peor escenario posible sería asumir la alcaldía”, pero ni CHA ni PSOE tenían fuerza moral para enfrentarse a ello: ¿cómo explicaría CHA una abstención en la investidura de Santiesteve, si en 2011 habían votado a favor de Belloch? ¿Y el PSOE lo propio cuando en su día habían recibido el apoyo de IU?

Así el PSOE hubiese quedado retratado como el “proyecto social-liberal” que siempre le ha recriminado la izquierda; y CHA, presa de su política de alianzas anterior, hubiese quedado como última defensora de la caduca política de Belloch. O votaban a Santiesteve, o se hubiesen visto a sí mismos como “parte de lo viejo que debe desaparecer”.

El subsiguiente reparto de responsabilidades, entre los concejales del Gobierno, nos mostró que la diversidad ideológica de ZeC se traduce en falta de coherencia en sus políticas. Todo el mundo coincide en que los concejales del equipo de gobierno “van a su bola”, Santiesteve no ejerce un liderazgo fuerte, como el de Carmena o Colau en Madrid o Barcelona y permite que cada concejal ejerza sus funciones “a su marcha”, sin tratar de imponer siquiera unas directrices generales, lo que seguramente aflojará tensiones internas, pero despista a la ciudadanía en general, y a los simpatizantes de ZeC en particular.

Intentado buscar un patrón en la conducta de los concejales del Gobierno podría decirse que, desde el principio, los concejales de ZeC han afrontado sus responsabilidades de dos maneras distintas y contradictorias: la realista o la idealista.

Desde un principio, Rivarés encarnó la primera, de manera que de su mano, ZeC pasó de defender la “auditoría ciudadana y el impago de la deuda ilegítima” a presumir de renegociar la deuda con los acreedores y pagar puntualmente. Hay que reconocer que el slogan de la “deuda ilegítima” no pasaba de eso: una frase “cortada y pegada” de la campaña de Syriza en Grecia y que si ya en ese momento se había demostrado poco realista para un Estado como Grecia, no iba a ser útil en un municipio como Zaragoza. A pesar de este fragrante incumplimiento de su Programa, si Rivarés racionaliza las finanzas de la Ciudad, habrá hecho un servicio a la misma y eso es más de lo que pueden decir algunos de sus antecesores.

En Cultura, Rivarés siguió el Programa “elaborado por los mejores profesionales de la Cultura de Zaragoza”, según declaró públicamente el Alcalde. Está bien impulsar la industria cultural, o turística, y hay que reconocer su eficacia, pero es un error identificarla con la Cultura, así con mayúsculas. Algunos aragonesistas que votaron a ZeC están frustrados porque el apoyo a la cultura aragonesa no pasa de gestos a la galería, más o menos acertados o chuscos, según el día, y no hay elaboración política en torno al concepto de cultura como elemento de cohesión comunitaria, más allá de las Fiestas del Pilar de toda la vida.

Luisa Broto fue nombrada Vicealcaldesa y Consejera de Derechos Sociales, y demuestra que realismo político en la gestión no tiene porqué identificarse con posibilismo. Sorprendió con el nombramiento de su Director de Área y mejoró sustancialmente la dinámica de gestión respecto de la corporación anterior, sin sectarismos; cometió algunos errores al principio, y tal vez no todos los objetivos vayan a poder cumplirse al 100%, pero hay que reconocer que su trabajo es exactamente lo que se espera del Área de Derechos Sociales de un Ayto. de izquierdas.

De entre los idealistas sobresale Cubero, Secretario General del PCE-PCA, con un discurso honesto e inquebrantable se enfrenta como prioridad al reto de las remunicipalizaciones, lo que le ha otorgado protagonismo en su lucha contra “el tripartito de la derecha” (recordemos que cuando el PSOE no vota lo que marca la vanguardia proletaria, es de derechas), pero no ha obtenido ningún resultado, lo que incide en el citado discurso de Santiesteve “el peor escenario, es asumir la alcaldía”. Muchos militantes comunistas empiezan a decir abiertamente que “para estar así, más valdría estar en la oposición”. En consonancia, algunas declaraciones extemporáneas de concejales de ZeC parecen provocaciones encaminadas a propiciar un pacto PP+PSOE que les saque del gobierno.

El resto de concejales, que en un principio comenzaron más cerca del idealismo, parece que van flexibilizando sus posiciones, alejándose del maximalismo de Cubero y acercándose al realismo de Rivarés y Broto.

Tal vez la colaboración con la DGA en materia de vivienda no solucione todos los problemas, pero ayuda más a la gente que no declaraciones de cara a la galería; tal vez no se pueda disolver la UAPO, pero sí aprovecharla como unidad “comodín” e ir rebajando su carácter represivo: la ciudad necesita una policía local que no despierte la desconfianza del ciudadano, y eso una tarea callada y larga …

La evolución hacia posiciones más realistas de los concejales de ZeC puede ser un hecho positivo, en la medida en que afronten los problemas desde posiciones progresistas y alcancen soluciones más cercanas a las necesidades de la clase trabajadora que no lo haría el PSOE, o por supuesto el PP, pero para ello precisa el voto favorable del PSOE y conseguir triunfos por un lado puede significar asumir renuncias por otro; renuncias que tal vez haya que asumir de todas formas, como el caso de Averly o el Outlet de Pikolin.

Por otro lado está la posibilidad de una moción de censura conjunta de PSOE y PP. En la medida en que esa parece ser la apuesta del PCE-PCA, el PSOE no la aceptará, considerará que si el proyecto de ZeC está agotado y dirigido por los comunistas, una moción de censura permitiría ocultar el fracaso del Gobierno tras el victimismo, y que por tanto resultaría mucho más útil para el PSOE dejar a ZeC cocerse a fuego lento en su crisis de inoperancia, sobre todo si Pérez Anadón considera la posibilidad de no volver a presentarse.

Lo realmente positivo para la ciudad y su clase trabajadora sería un gobierno de coalición ZeC+PSOE+CHA que se sustentase sobre el diálogo y el pacto programático; pero desde el principio ZeC se opuso a ello y ahora, por mucho que evolucione hacia posiciones más realistas no es probable que la Asamblea de ZeC acepte una remodelación del gobierno que sería vista como un “giro a la derecha” por sus sectores más radicales (no sólo, tal vez ni siquiera principalmente, del PCE-PCA).

Pero no hay que olvidar que a la derecha está el PP, que en el caso del Barrio Oliver, ha mostrado sus conexiones con el populismo de extrema derecha. Porque eso y no otra cosa es lo que subyace en el conflicto larvado del Barrio Oliver, que explotó no por casualidad tras la pérdida de su Junta de Distrito por el PP, con el consiguiente colapso de su red de complicidades compradas entre las familias más marginales del barrio. El gobierno municipal reaccionó con agilidad al conflicto hace ya más de un año, pero no está impulsando soluciones duraderas, el problema se puede enquistar y volver con más fuerza si Jorge Azcón no toma efectivamente las riendas de su partido y da instrucciones precisas a sus militantes en el barrio de que no todo vale para desestabilizar a un gobierno de izquierdas.

En definitiva, la Ciudad languidece con un gobierno débil, desunido y sin liderazgo que no se deja ayudar mientras aterriza, lentamente, en la realidad; entretanto, la oposición de derechas maniobra sin ningún escrúpulo para hacerse, a la menor ocasión, con la Alcaldía. ¿Qué podemos hacer para evitarlo?

R. Fleta

Estado Aragonés.

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