¡Yo soy taxista!


taxis

Todos sabéis la polémica que ha generado la aplicación de móvil Uber (gestionada por una multinacional millonaria). Hay huelgas en el sector del taxi por toda Europa, pero no he visto un solo artículo, tuit o comentario que no sea insultando, menospreciando o denigrando a todo taxista. Por este motivo quiero explicar aquí lo que es ser taxista y qué es un taxi. O al menos os voy a refrescar la memoria, porque algunos os veréis reflejados, pero no querrís recordarlo, es mas fácil decir: “que se jodan esos ladrones, hijos de puta”.

Lo que hay detrás del taxista, aunque a algunos les sorprenda, es una persona. Una persona que trabaja un mínimo de doce horas diarias; una persona que solo ve a sus hijos y a su mujer a la hora de comer, si tiene la suerte de trabajar de día, o que se acuesta cuando ellos se levantan, para poder estar con ellos ese pequeño ratito en el que los demás inician su rutina; es una persona que lleva a nuestros mayores al médico ayudándoles a subir y bajar al coche, si están un poco impedidos, incluso hay algunos locos que adaptan sus coches para dar un mejor servicio a los clientes minusválidos. A pesar del sobrecoste importante, que asumen ellos, por supuesto.

El taxista es ese que te sustituye y lleva a tus hijos al cole o los recoge de él; es ese que te los devuelve sanos y salvos cuando son un pelín más grandes y salen de fiesta de madrugada; el que aguanta tus feos gestos y desafortunadas palabras cuando vas borracho; el que evita que cojas tu coche ebrio porque está de madrugada despierto esperándote en una parada. Llueva, nieve o se caiga la luna del cielo, allí están con sus “libres” encendidos, dispuestos a llevar a alguien que seguramente les dará la noche porque tiene mala bebida o porque el estómago le sigue bailando.

El taxista es ese que te oyó llorar en la parte de atrás de su taxi mientras maldecías a aquel político porque acababas de perder tu casa y empleo a los cincuenta; el apoyo de una señora viuda que le contaba entre lágrimas que sus hijos ya no la querían y que estaba sola… ¿Sabéis lo mejor de todo?, la mujer volvió a sonreír al bajar del taxi, porque después de muchos años alguien la había simplemente escuchado con atención. El taxista es ese al que le preguntabas si creía que le gustabas a la chica que acababais de dejar en su casa; el que no tiene problema en callar si es necesario o decirte lo que quieres oír; porque los kilómetros enseñan qué es lo que quiere oír cada cliente; a veces no es más que silencio, y otras, alguna mentira que alivie las heridas.

Mujeres han dado a luz en un taxi; cuando tuviste aquel susto, él te llevó al hospital porque no llegaba la ambulancia.

Cuando estás perdido no tardas en buscar un taxista que te indique el camino, a veces sin ni siquiera una entrada de cortesía, “oye, perdona”, pero aún así te indica…

El taxista no para donde le da la gana, para donde le dice el cliente. Pides un taxi y el taxi irá donde quieras las veinticuatro horas del día. Tú le dices cuando se acaba el trayecto y el taxi, simplemente, para. Los mayores necesitan estar lo más cerca posible de sus destinos y los que disfrutan de las horas intempestivas que los esperen hasta que se hallen tras los muros seguros de su hogar. Es muy fácil decir que hacen lo que quieren, pero no es así. Habrá excepciones, pero pongo la mano en el fuego de que no son la mayoría.

A aquellos que gritan ladrón al taxista, yo les digo, pedid factura o el libro de reclamaciones, si no estáis de acuerdo con lo que se os ha cobrado. La mayoría nunca han usado un taxi, pero lo maldicen como si fuese el mayor de sus enemigos. Habrá ovejas negras, no lo niego, pero como en todos los gremios.

Si a mí me engañan, tomo medidas. Los taxis tienen un número identificativo en la puerta, es tan fácil como apuntarlo y dar queja en el ayuntamiento. Cuando pregunto: ¿recuerdas el número de taxi? La respuesta es no ¿Consideras que te han timado y no eres capaz de ver quién ha sido? Empecemos por ser nosotros, como clientes, quienes erradiquen a los timadores, que son minoría, os lo aseguro.

“El taxi es carísimo, he pagado 8€”, oigo decir. Obviamente ibas solo, si fuesen tres personas más contigo el precio sería de 2€ y dejándote en la puerta de tu casa, poco más que el autobús. Multiplica el número de personas que van subidas en el autobús o en el avión por el precio del billete y te sorprenderá el resultado, y el taxi encima te deja en tu puerta. Queremos duros a pesetas, amigos, y eso no es posible en esta vida…

Tener un taxi cuesta mucho dinero, muchísimo, y no lo diré con palabras, sino con algunos ejemplos de gastos que conlleva. Si pagas 10€ al taxista por una carrera, por ejemplo, ese hombre no gana ese dinero íntegramente, y aquí os lo explico: (no pondré cifras en euros, pues me parece de mal gusto) como autónomo tiene que pagar mensualmente, en función de que pensión quiera cuando se jubile (por supuesto, no conoce lo que es el paro, ellos si no trabajan no cobran), tiene que sacar para pagar la cuota que le permite trabajar por radio, mensualmente (todo para que tú, desde casa, puedas llamar cómodamente y no tengas que esperar a que llegue tu coche, un lujo; tu chófer en la puerta) seguro del vehículo usado para el taxi que maneja cifras muy elevadas. A los taxis muchas compañías ni quieren asegurarlos y las que aceptan cobran barbaridades, ya que son coches que circulan continuamente, están más expuestos a cualquier cosa y su función es llevar clientes.

# el IVA, cada 3 meses,

# la gestoría, mensualmente,

# si tiene un asalariado, su seguridad social,

# gasolina, por supuesto, en función de lo realizado,

# cambios de aceite, ya sabéis, cada vez que toque,

# mantenimiento del TPV para cobrar con tarjeta, al mes,

# limpieza del taxi en lavaderos y productos de limpieza,

# las eventuales averías, que no voy ni a daros una cifra aproximada porque es para ponerse malo,

# neumáticos, mas o menos cada años se cambian los 4,

# cambiar de vehículo cada 6 o 7 años como mucho,

# pastillas de freno, chapa y pintura,

# instalación de aparatos como el taxímetro y gps de gestión de servicios,

# ITV del vehículo y del taxímetro,

y si encima esa persona ha comprado la licencia tendrá que pagar lo mismo que pagaría por adquirir un piso, que es lo que más o menos cuestan estas concesiones públicas.

Las cosas no son fáciles. Al taxista se le exige mucho y paga mucho para poder trabajar.

Además, este sector ha absorbido un gran porcentaje de parados de más de cincuenta años. Muchos los asalariados de hoy, hace seis años, tenían su máquina excavadora o eran albañiles, camareros….y, por la crisis, quedaron en paro. Ahora trabajan seis o siete días a la semana para poder llevar algo de dinero a casa… No creo que sea ético jugar con el pan de tantas familias.

La ignorancia es el peor de los enemigos del ser humano, por eso te digo que la próxima vez que te subas a un taxi y le cuentes tus problemas o simplemente calles, pregúntate cuantas historias y kilómetros tiene para contar esa persona que llevas delante. Pregúntate por qué está despierto a las cinco de la mañana para llevarte a casa borracho, pregúntate quién es, porque tal vez sea yo… Alguien tan sencillo, tan normal y tan humano como yo.

Diego Alquézar

Militante de Estado Aragonés.

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