Las Jornadas Revolucionarias


Si el 25-S pasado en vez de ser el 25 de septiembre del 2012 hubiera sido el mismo día de algún año del siglo XIX no dudo que este país estaría metido en una revolución y los Borbones haciendo las maletas para partir a su enésimo exilio.

No vamos desacertados, salvo por la época (aquel siglo fue conocido como el siglo de las revoluciones y este será conocido desde luego como el de las “transiciones”) todo apunta a una situación revolucionaria al menos si analizamos lo que son los elementos que convergen en esta crisis general:

Una crisis económica que afecta a amplios sectores de la sociedad, gente que sale del sistema social y económico y que ha creado una amplia base donde la actitud es de descontento que se dirige tanto contra el sistema económico como contra el político. La crisis del “bolsillo” modifica las actitudes políticas y su alcance. El sistema político que no da satisfacción a las necesidades básicas de la ciudadanía se desacredita por sí sólo.

Un gobierno ineficiente, incapaz de tirar el manual que no sirve y cambiar el guión; completamente bloqueado por la rápida sucesión de los acontecimientos y desbordado por la crisis; lento y titubeante a la hora de tomar decisiones y sin ideas y sin capacidad de reacción. A la cabeza un gestor, Rajoy, el vivo retrato de la ineficiencia y del colapso del sistema. Un don Tancredo de la política que ve llegado “su momento” en el peor momento, para su desgracia y sobre todo para la nuestra. Un político que carece de la inteligencia necesaria para lo que requiere el cargo en los tiempos que corren y muy condicionado por el ala más derechista de su partido.

Un sistema político agotado, donde se acusan la improvisación del momento en que se planeó y los vicios de su longevidad. Que no se pudo hacer mejor dadas las difíciles circunstancias del momento tras la muerte del Dictador, se puede hasta comprender, pero es que el sistema político tiene ya 34 años (una eternidad para cualquier régimen en España). Ninguna reforma substancial se ha hecho (ni ganas serias de hacerla, a pesar de algunas propuestas) debido fundamentalmente al enroque ideológico de los partidos del Régimen y a la acción política centrada en la batalla por la ocupación de áreas de poder, con un trasfondo de corrupción endémica. Se puede decir sin demagogia que, si en 34 años PP y PSOE no han sentido la necesidad de reformar, es porque son esencialmente “lo mismo”. Ambos partidos han mantenido intocable el régimen constitucional porque les ha beneficiado mucho, se han institucionalizado y han mantenido gracias a ello su influencia y sus cotas de poder en una semi-alternancia en el Gobierno y en un reparto territorial del poder. ¡En este estado de cosas es obvio que no hayan visto la necesidad de reformar nada!

La gravísima crisis económica, el gobierno inmovilista y un sistema sin margen político para dar salida a los nuevos planteamientos son los tres elementos enervantes que hace moverse a la ciudadanía hacia una solución de cambio constitucional. El cerco de los manifestantes al Congreso de los Diputados pidiendo su disolución y el inicio de un nuevo proceso constituyente y el acuerdo de plantear un referéndum por la autodeterminación en el Parlamento catalán, hechos ambos del 25-S son indicios de que en este país hay un “proceso revolucionario” en ciernes; con todo , el poder establecido ha permanecido impasible, más por la impermeabilidad del Gobierno ante lo que pasa en la calle, que por la leña repartida por la policía.

La pretensión de la calle de abrir un nuevo proceso constituyenteno no es descabellada. La ciudadanía da el presente sistema por agotado y reclama un nuevo reparto (un New Deal a la americana). No son tan diferentes las reivindicaciones de los alrededores del Congreso de los Diputados de Madrid y las del 11-S de Barcelona. Son dos respuestas políticas a un mismo problema. Se trata (y por eso decimos que aparenta ser una revolución) de llevar al nivel político-jurídico lo que ya está en la calle. Se pide una respuesta política a un conflicto o problema que ya existe en la sociedad y que por los medios habituales, los del Estado actual con su Constitución y sus leyes, no se puede hacer, debido al bloqueo que ejercen las fuerzas instaladas actualmente en el poder.

Efectivamente amparado en su legitimidad legal, el Gobierno está imponiendo una política que ya sobrepasa la capacidad de su mandato político para acometer medidas sin un refrendo social. La ciudadanía se ve en la ruina y, en la calles de Madrid y de Barcelona, ha dicho que quiere decidir sobre las cuestiones trascendentales del Estado, en un momento de crisis social y política sin igual en la historia reciente. La derecha española, cerrada ideológicamente (como siempre, por demás), está en la estrategia de contener la marea confiando en el que “ya pasará”, enrocada en las ideas y el “estilo” político de otras épocas. Si hace falta “sacarán al general de la Guardia Civil”. ¡Fíjense en el nivel político que tienen estos individuos para el escándalo de Europa! No demuestran inteligencia política práctica; no se bajan del carro de sus ideas ni para darse un respiro. Sin auto-concederse el más mínimo margen de maniobra, están agravando el problema con la política de austeridad e imposición de sus recetas económicas y sociales. Antes hundirán al país que rectificarán. Demuestran estar en una franca decadencia… Y para que una revolución triunfe, un Gobierno decadente es el mejor aliado.

No aprenden del oponente. Se puede discrepar del Sr. Artur Mas pero ha demostrado inteligencia política. Ante la imposibilidad de continuar gobernando en estas condiciones, y visto el pulso de la calle, ha disuelto el Parlament para renovar el mandato popular. Se va a dar un margen político tan grande, que va a incluir una consulta sobre la autodeterminación, tanto si le dejan como si no, ha dicho. Si Rajoy demostrase un nivel de inteligencia política similar, vistos estos 10 meses de Gobierno, haría lo propio con el compromiso con el resto de fuerzas de iniciar un nuevo proceso constituyente, el de no pagar la deuda e incluso de salir del euro. Pero para eso hace falta algo más que inteligencia…

El sistema autonómico se ha manifestado como un contrapoder territorial que la crisis ha evidenciado. Los territorios cuentan y mucho y, a pesar de que el actual Gobierno del Estado llegó con la intención de “adelgazar el poder autonómico”, sólo se ha atrevido a recortarlas vía financiación. Los territorios son fuertes y parece que el Gobierno ha decidido rendirlos por hambre, mediante la vía de los PGE. Ideológicamente la derecha siempre ha pensado que la autonomía es un proceso de ida y vuelta, es un tic ideológico de una visión centralista nunca superada y que les ha llevado a un error de cálculo. Ahora parece que el sistema autonómico no sólo no tiene vuelta sino que ha llegado a un punto de no retorno. El pulso que desde la C. A. de Cataluña se está manteniendo contra el Estado va en ese sentido. Sin dinero no hay autonomía y mucho menos si te lo ha de traspasar un gobierno plantado en la “austeridad”, en ese caso sólo te queda pedir al soberanía fiscal y si no pasar directamente a la soberanía política. En este punto estamos… No resulta nada extraño que la “revolución independentista” se haya producido en una C. A. como Cataluña de régimen común y no en el País Vasco  que controla sus propias finanzas.

¿Y Aragón qué…? ¿Qué pintamos los aragoneses en esta revolución?

En Aragón el Pacto Fiscal se llama al Acuerdo Bilateral Económico-financiero, cláusula recogida en el Estatuto de Autonomía de Aragón, y el problema se plantea en los mismos términos: No hay dinero y no se pueden financiar los servicios que presta la autonomía. Pero aquí se acaban todas las semejanzas porque Aragón no tiene fuerza para plantear un órdago al Gobierno España-Madrid. Aragón se tendrá que aguantar. Rajoy no soltará el dinero, ni a propios ni a ajenos. De eso, Rudi, ya se ha dado cuenta. Ahora Aragón está en la fase de “derecho al pataleo”, que se materializó en la sesión del Plenario de las Cortes de Aragón del 4 de Octubre, por la que se instó al Gobierno de Aragón a “defender y negociar un sistema de financiación autonómica que sea justo y atienda las peculiaridades estatutarias, poblacionales y territoriales de Aragón”; una proposición no de ley que de bien poco servirá. Adolfo Barrena (IU) dijo que rechazaba transformar esta cuestión Aragón-Estado en “una lucha identitaria”, posiblemente para romper semejanzas con lo que está sucediendo entre Catalunya y el Gobierno central. Vemos que la identidad asusta a ciertas ejecutivas “cuneras” de los partidos aragoneses por muy “progresistas” que sean.

Según alguna encuesta, el 75% de los aragoneses piensa que debería profundizarse en la autonomía, lo que significa que la autonomía ha arraigado históricamente entre los aragoneses y que desean conservarla. Esto es fruto en parte de la permanencia en  el consciente colectivo y de la existencia histórica del Reino de Aragón. Lo que ya es por sí una marca de identidad, aunque le pese a Barrena. Aragón debería por tanto poder resistirla ofensiva re-centralizadora que desde las posiciones de la derecha se está promoviendo. Los aragoneses demuestran que su autonomía es para ellos algo más, por no decir mucho más, que los Bieles, Rudís, Soros o Barrenas que se mueven por la política aragonesa. Es muy didáctico que sepan separar a los gestores de la política, del propio concepto político de autonomía (que la derecha españolista quiere confundir), pues la autonomía es el mejor recurso político que tienen los aragoneses para encarar su propio futuro, por ello no deberían ceder, ni resignarse de ninguna manera a perderla o a vaciarla de contenido, sea cual fuere la forma y manera conque el Estado español lo intentase. Sería volver al régimen colonial de antes, seguramente agravado.

En los momentos más críticos y difíciles de nuestra historia los aragoneses hemos sabido articular nuestra propia opción política libre e independiente: En 1808 el Pueblo de Zaragoza, amenazado por un ejército invasor, puesto en España con permiso de los Borbones, expulsa a la máxima autoridad borbónica, el Virrey Guillelmi, convoca las Cortes, abolidas 100 años antes, que eligen a Palafox y preparan la defensa. El Pueblo aragonés, solo, libre e independiente, establece su forma de gobierno y empieza a ejercer funciones de Estado… En 1936, en la zona no ocupada por la sublevación militar-fascista de Aragón, se constituye, con las fuerzas políticas de izquierda con presencia en la zona, un gobierno que organiza el territorio y su defensa. El presidente de Estado Aragonés Gaspar Torrente saludó la formación de este gobierno, aunque luego cortara con él. Fue el llamado Consejo de Aragón, un gobierno aragonés, al margen del Gobierno central republicano, entre la zona sublevada y la Generalitat catalana, disuelto finalmente por el comandante estalinista Enrique Líster, enviado por Madrid.

Si en los peores momentos de su historia el Pueblo aragonés ha sabido dotarse de instituciones de gobierno e intentar resistir para abrirse caminos hacia la libertad, ahora no vamos a dejar que nos arrebaten lo poco conseguido. No les hemos de dejar que se aprovechen de la crisis para recortar, suprimir o ahogar la autonomía de Aragón. Más allá de Monreal de Ariza la opinión generalizada es que las autonomías tienen que desaparecer completamente. Se ha instalado la idea de que lo que está pasando en Cataluña es culpa del sistema autonómico. Cabe esperar una fuerte presión re-centralizadora a medida que se agrave el conflicto España-Cataluña y eso afectará a Aragón. En ese momento, el pueblo aragonés tiene que salir en su defensa, rodear las Cortes para defenderlas y decirle a los que hay dentro que si ellos no quieren resistir al Estado español que se disuelvan y se convoquen otras donde sí haya quienes lo hagan.

Esa ha de ser nuestra revolución, el intento de suprimir o aminorar o ahogar la autonomía de Aragón ha de considerarse casus belli. Motivo suficiente para que las Cortes se declaren soberanas para decidir el destino de Aragón.

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  1. #1 por Rafel el 17/Oct/2012

    Es importante la reivindicación de un nuevo proceso constituyente. Eso ubica las reivindicaciones populares un escalón por encima del mero pataleo o la mera enumeración de reinvindicaciones y agravios. La politización de la movilización es una buena noticia, pero nos ubica en otro orden de problemas: ¿quién es el sujeto constituyente? Los nacionalistas aragoneses debemos decir bien claro que el Pueblo Aragonés es sujeto constituyente. No merece la pena luchar por una nueva Constitución si esa Constitución no es la del Estado Aragonés. Si luego hemos de estar integrados en una España Federal, vale. Pero de esta hemos sacar la Constitución Aragonesa, es lo mínimo para mojarse.

  2. #2 por Anchel Boira (Seudónimo) el 23/Oct/2012

    El déficit identitario en los partidos aragoneses y otras instituciones aragonesas, públicas privadas, o “incluso religiosas” se debe en buena parte al “cunerismo” de sus direcciones… IU es un buen ejemplo, pero no el único: No es de extrañar que la pilarica se vista de rojo y gualda, año sí y otro también, que el Real Zaragoza se ponga la bandera borbónica en su equipación, las frikadas españolistas del alcalde de Zaragoza o que A. Barrena de IU rechace, a propósito de la política económica, la “lucha identitaria”; cuando él mismo es de Madrid.
    Tanto españolismo es un problema para la identidad aragonesa, dado que las instituciones en Aragón, no son capaces de impregnar de aragonesismo a quien, no siendo originario de esta tierra, pasa a tener responsabilidades de dirección. Ello se ve agravado con la llegada de un funcionariado exiliado de las comunidades vecinas de Aragón con una fuerte ideología españolista de rechazo a lo identitario y que se coloca en Zaragoza como mejor opción para no tener que aprender ningún idioma regional. El aragonesismo queda desinstitucionalizado y marginado, si no atacado, en su propia tierra y apeado de sitios donde tendría que tener carta de naturaleza. Colonialismo puro y duro. Tratándose, en el ejemplo de IU, de un partido de izquierda, cabría esperar mayor sensibilidad para la identidad aragonesa.
    Esta situación no es equiparable en otros lugares donde no se concibe una actividad social, cultural, política separada de su identidad local. Pero de esto vemos poco en Aragón, donde el aragonesismo mayormente siempre pierde en el debate político y en el ámbito oficial y sólo se mantiene vivo en entidades de carácter privado o en el asociacionismo.
    Pero sería un tanto simplista esta visión, si no tuviéramos en consideración que una parte de la sociedad aragonesa también es españolista. Principalmente, la burguesía urbana la que vota al PP, más beneficiada por España-Madrid y los programas de desarrollo de Franco que la rural. Queda un cierto aragonesismo no estructurado y mucho menos ideologizado, que soslaya lo oficial, entre las clases populares y trabajadoras, aferradas tercamente (nuestros defectos como siempre son nuestras mejores virtudes) al terruño de sus ancestros en el Pirineo, Somontanos o la Sierra de Teruel, que ha parado históricamente, las ínfulas del españolismo oficial en Aragón.

  3. #3 por Rafel el 24/Oct/2012

    A mi me preocupa más el sectarismo y cupulismo que ha impregnado al independentismo de izquierdas representado por Puyalón y sus correas de trasmisión que el españolismo, que después de todo, siempre ha existido.
    Aunque tal vez no era más que cuestión de tiempo que surgiese un partido leninista en el seno del independentismo aragonés, la adhesión pública al Régimen político de Corea del Norte de algunos destacados militantes de Puyalón, la verdad es que da miedo.
    Es una lástima que debamos tener esperanza precisamente en el carácter apolítico y sentimental de la base cultural de nuestra conciencia nacional.

  4. #4 por Anchel Boira (Seudónimo) el 30/Oct/2012

    Estoy de acuerdo contigo en que es una lástima que debamos tener esperanza precisamente en el carácter apolítico y sentimental de la base cultural de nuestra conciencia nacional. Pero hemos de reconocer que gracias a ello estamos todavía aquí, intentando articular opciones políticas en torno a ese sentimiento. Existimos porque existe ese sentimiento y es más, me parece fundamental, porque sin ese referente, tomando solamente como base la “ideología importada” de algunos el despiste podría ser mayúsculo. Es “lo importado” lo que ha generado un tipo político que circula por Aragón dedicado reventar las asociaciones aragonesistas que no siguen “su doctrina” y a boicotear los partidos políticos nacionalistas que “no se someten” y en general a desanimar a cualquier persona de buena fe en una cuestión tan difícil como es la de elevar esa “conciencia nacional” a política nacional (nacional de Aragón, por supuesto) objetivo último del aragonesismo político.

    En Aragón coexisten dos identidades, una española y otra aragonesa, mucho más diferentes de lo que pueda parecer, que se solapan sin mezclarse. No se puede tener identidad española y aragonesa al mismo tiempo, o se tiene una o se tiene otra. Es muy corriente decir, “me siento español y aragonés”, añadiendo una proporción de una respecto a la otra. Pero cuando alguien dice esto, sobre todo para no verse en la obligación de definirse, se engaña así mismo. Sea cual sea la causa por la cual lo diga, padece un conflicto, una situación esquizofrénica, porque sólo es una identidad la que se ejerce con la naturalidad y sólo una la que da el sentimiento auténtico de pertenencia a un colectivo humano realmente propio. El “Ser español y… otro gentilicio”, es un recurso retórico por el cual se le quiere imprimir un carácter “amable” y cosmopolita al españolismo; “pretendidamente amable” por supuesto, porque el españolismo es profundamente hostil a los particularismos y las identidades que coexisten con él. Quizá esto en Aragón no sea muy evidente para el común de las personas porque el españolismo y el 97% del aragonesismo hablan el mismo idioma, pero existe. El que lo mira desde fuera puede pensar “qué españoles son los aragoneses”, pues ve la fusión de la iconografía y los hitos más representativos de Aragón con el españolismo, pero desde dentro se percibe, con mayor o menor consciencia según el observador, como una ocupación españolista de nuestros iconos, de la que hay que resaltar su estética “casposa” hasta la agonía. Mayormente hay una cierta condescendencia, asumida incluso con una cierta naturalidad (asunción de la situación colonial en que vive el Pueblo aragonés) con el hecho de que a quien manda (normalmente los representantes de la españolidad en esta tierra) se le admite la potestad de imponer sus símbolos españolistas al resto de la ciudadanía.

    Los aragoneses somos existencialistas, profundamente existencialistas; existimos porque somos y somos porque existimos, raramente nos hemos hecho un planteamiento serio de nuestra propia esencia. Nuestra intelectualidad casi siempre se ha estado ocupando de otros asuntos. A nivel popular, no sabemos bien bien lo que somos, ni tenemos claro nuestro papel histórico. Pero sabemos que el vacío absoluto no existe. Obligatoriamente algo tiene que haber a lado y lado del Ebro y entre el Cinca y el Moncayo. Existimos y nos comportamos “como aragoneses”, pero dejamos que otros nos digan lo que somos. Posponemos nuestras esencias respecto a las de otros. Es más, toleramos fácilmente la intromisión ajena en ellas, por ello nos lamentamos, pero no somos capaces de coger la estaca para echar fuera al intruso. Y de eso se aprovecha principalmente el españolismo, instalado en nuestra iconografía e intentando asimilar todo lo asimilable de lo aragonés, y, en menos grado, el catalanismo, frente al que hemos perdido la batalla del historicismo. En este sentido somos radicalmente opuestos a catalanes y castellanos-españoles, gente que vive de esencias, fundamentalmente de sus propias esencias, aún vampirizando las ajenas; unos hedonistas absolutos tanto los unos como los otros, que antes se dejarían matar que permitir que nadie les coma el propio terreno o ceder, como podemos ver en el conflicto que mantienen actualmente entre ellos.

    La situación final de las identidades en Aragón y su interacción es una capa superficial aceitosa no muy gruesa, perteneciente al españolismo rancio y casposo y, debajo de esta, la esencia de lo aragonés, el pueblo y su sentido de la vida, el sentimiento personal de pertenencia a una comunidad, el refugio de nuestra identidad y la sal de la tierra, lo bueno y lo malo y lo auténtico de nuestro ser como pueblo. Podrás remover estos dos fluidos; podrá parecer que has mezclado las dos identidades, pero una vez cesada la agitación, vuelta la quietud, y, para la salvación de nuestra tierra y nuestra identidad, lo rancio, lo casposo, lo aceitoso, es decir, la identidad españolista habrá vuelto a la superficie y quedará como eso, como una capa difícilmente mezclable y al margen de lo aragonés.

  5. #5 por José Ramón MIRANDA el 31/Oct/2012

    De aquí, de Aragón se habla muy poco en los medios de comunicación. Sólo si acaso, por cuestiones de climatología y cuando Rudi expone algún proyecto que luego no cumple. No pasa nada, ya estamos acostumbrados. Pero varias noticias sobre Aragón copan estos días las redes sociales y la prensa local: el macabro asunto del descuartizador de Ricla; el eccehomo de Borja, que arrasa como disfraz de Halloween; el bar Mariano y Manolo, de Calamocha, cuya cesta de Navidad es todo un exceso fanfarrón en esta época de crisis; el “canfranero”, que deja plantada a una pareja cinco horas en Riglos; y la asistencia del príncipe Felipe a unas maniobras internacionales en el campo de tiro de San Gregorio. Pero vayamos por partes. Intensas lluvias, unas bolsas ligeramente enterradas aforan a la superficie en un descampado de Cadrete, unos curiosos que pasean, las descubren y las abren con un palo. Parecen restos humanos. Se da aviso a la Guardia Civil del macabro hallazgo. Se atan cabos. Se relacionan esos restos con la desaparición de una mujer en Ricla la pasada primavera. Posterior detención de un vecino de esa localidad del Jalón que había sido carnicero. Interrogatorio exhaustivo del sospechoso. La familia del presunto asesino contrata al más prestigioso abogado de Zaragoza, Javier Notivoli. El juez encargado del caso, tras 150 preguntas del fiscal, ordena el ingreso en prisión de Antonio Losilla Longares como presunto responsable de la muerte de Manuela Cebrián Embid. Faltan conocerse los resultados de las pruebas de ADN. Hasta el momento, es lo que se puede contar. Otro asunto. Lo del eccehomo de Borja tiene su chacota. El adefesio resultante de la manipulación del fresco de Elías García por una anciana del pueblo, Cecilia Jiménez, que pretendía restaurarlo, ya lleva recaudados más de 14.000 euros desde el pasado 15 de septiembre, fecha en la que comenzó a cobrarse la entrada (un euro por visita, como las recetas en Cataluña) al Santuario de la Misericordia. Pero, curiosamente, el Ayuntamiento está mirando la forma de que el adefesio vuelva a la forma original. O sea, pretenden matar a la gallina de los huevos de oro. ¡Hace falta ser mentecatos! Además ahora, cuando resulta que una versión del eccehomo de Borja ha alcanzado gran popularidad en Estados Unidos y hasta “se ha colado” en la última actualización del videojuego Angry Birds. Sigamos. El Bar Mariano y Manolo, de Calamocha, todos los años rifa una “cesta” de Navidad. Al estar situado en la carretera, son muchos los camioneros que compran boletos. La “cesta” de este año supera los 240.000 euros e incluye, entre otras cosas, un “mini coupé”, una moto “Harley Davidson” y dos lingotes de oro. Desde luego que Teruel existe. ¡Ya lo creo! Más cosas. Elena Ruscan y Samuel Gabaly, esperaban en el apeadero de Riglos la llegada del “canfranero”. Y como no llegaba, llamaron a “Atención del viajero” de Renfe. Les dijeron que el tren llevaba 40 minutos de retraso. Al cabo de hora y media volvieron a llamar a ese servicio. Entonces les dijeron que el tren se había averiado y que ponían un autobús para que fuese por las estaciones del trayecto recogiendo a los viajeros. Por allí no aparecía ningún autobús. Vuelta a llamar a Renfe. Respuesta der la compañía: “El autobús está completando ya su recorrido y deben ser ustedes (por ellos) los que busquen un medio de transporte alternativo para regresar a Huesca”. Eran ya las diez de la noche y hacía un frío que pelaba. Tuvieron que ponerse en contacto con la Guardia Civil, que mediaron y consiguieron que llegara un taxi desde Ayerbe. Terminaron la “aventura” pasada la medianoche. Para llorar. Ya sólo me queda comentar la asistencia del príncipe Felipe a unas maniobras internacionales de desactivación de explosivos en Zaragoza. Se ha simulado la existencia de un artefacto en la parte exterior de una base española en Afganistán y el ataque de un terrorista suicida mientras las unidades se encontraban trabajando en la desactivación de ese primer explosivo. O sea, la típica batallita entre buenos y malos. Sería más práctico de Felipe de Borbón marchase una temporada a Afganistán y comprobase “in situ” lo que allí acontece. También saldría más barato para el bolsillo de los españoles. Y eso es todo. Me voy a tomar el vermú, que ya es hora.

  6. #6 por Administrador el 2/Nov/2012

    Gracias José Ramón por tu comentario. Aunque no es objeto del Blog de EA este tipo de comentarios, por considerar que hay otros medios más adecuados, por ejemplo El Heraldo, se hace una excepción por su corrección y por si pudiera tener relación con lo planteado por algún otro comentarista. ¡Ánimo pues y a plantar fuerte!.

  7. #7 por Rafel el 4/Nov/2012

    Los debates sobre esencias son resbaladizos, se entra en el terreno de lo subjetivo y cada uno tiene una visión distinta en función de su experiencia. En general, creo que el nacionalismo es el intento de racionalizar un sentimiento de hastío por la percepción de que la comunidad humana a la que se pertenece, la nación, el pueblo que agrupa lo que va más allá de la familia amplia, el clan o el pueblo, porque esa nación se ve amenaza por un peligro exterior.
    Por supuesto que este sentimiento puede crearse artificialmente, puede alimentarse con demagogia y puede usarse como excusa para el expansionismo.
    Pero creo claro que el nacionalismo aragonés, sea cual sea su orientación, obedece a un sentimiento genuino, en el sentido de que la comunidad humana a que se refiere, Aragón, sí que se encuentra objetivamente expoliada por el Estado que la adminstra, el Reino de España.
    Pero vuelvo al principio: el nacionalismo en Aragón es aún minoritario, y corremos el peligro de que alguno, demagógicamente, intente instrumentalizar nuestros iconos, nuestras referencias culturales nacionales, en pro de su proyecto político nacionalista. Y, precisamente como nacionalistas, debemos oponernos a ello: una instrumentalización nacionalista de nuestra cultura significaría de hecho un menoscabo de la credibilidad del nacionalismo.

  8. #8 por Anchel Boira (Seudónimo) el 13/Nov/2012

    El comentario de José Ramón Miranda me parece muy existencialista, quizá hayamos encontrado un elemento de nuestra esencia como pueblo…

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