La dimisión de Rajoy


El que fuera Tesorero y Gerente del Partido Popular durante veinte años reconoce que el partido cuyas finanzas dirigió se financió de manera irregular durante su mandato. Es más, afirma poder demostrarlo ante el juez.

El escándalo adquiere dimensiones internacionales: los medios informativos de fuera de España se pregunta si este problema puede acabar con el Gobierno Rajoy, o no.

En España, reina la confusión. Se centra el debate en el asunto de los sobresueldos, cuestión mucho más difícil de demostrar y que, si se consiguiese, ya habría prescrito como delito fiscal o como falta meramente administrativa. Aquí parece que todavía no se comprende, a nivel popular las auténticas dimensiones de la crisis política, que si se ve desde el exterior.

Los partidos de la oposición piden la dimisión de Rajoy (PSOE) o la convocatoria de elecciones anticipadas (IU), parece que se fragua en la sombra una moción de censura, que ya ha sido planteada por UPD e insinuada por el PSOE, pero no se habla de ello, tal vez por mera prudencia.

Mientras, el PP mantiene una posición numantina, negando la evidencia y criminalizando a su Tesorero, quien hasta el año pasado era presentado por ellos mismos como ejemplo de honradez y profesionalidad. Y Rajoy insiste en que lo prioritario es mantener el rumbo económico y para ello es fundamental la estabilidad política, y que sólo él, como Presidente de Gobierno, puede dar esa estabilidad política. Así que nada de dimitir, ni de convocatoria electoral.

¿Debemos pedir la dimisión de Rajoy? ¿Debemos pedir convocatoria de Elecciones Generales? ¿Debemos apoyar una Moción de Censura?

En primer lugar hay que ser coherentes y la verdad es que el hecho de que un partido que nunca ha apoyado al Presidente de Gobierno pida su dimisión suena a pataleta ritual. Pedir que, después de dimitir, un Presidente de Gobierno convoque elecciones anticipadas es absurdo, pues si ha dimitido no puede convocarlas, obviamente; debería convocarlas, en todo caso, el nuevo Presidente de Gobierno.

Tanto los diputados del PSOE como IU conocen la mecánica parlamentaria, y por tanto estás declaraciones suyas sólo pueden estar realizadas de cara a la galería: que su público vea que protestan y que ocupan su cuota de pantalla. A estas alturas sería de agradecer que los líderes de la izquierda dejasen de tratar a su electorado como si fuese estúpido y, por el contrario, tratasen de elevar el nivel político de la sociedad. Así que, hagan lo que hagan, por favor, que dejen de decir tonterías para salir en la tele.

En primer lugar, un Presidente de Gobierno, tal y como está configurado el régimen parlamentario español, no tiene porqué presentar su dimisión mientras mantenga el apoyo de los diputados que le votaron como tal ¿mantiene el Grupo Popular su apoyo monolítico al Presidente de Gobierno? Parece claro que sí. ¿Por qué debería entonces dimitir? Por ejemplo, Suárez dimitió en 1981 porque ya no  mantenía ese apoyo.

En segundo lugar, un Presidente de Gobierno convoca elecciones anticipadas si se rompe esa unidad que le sustenta, o si piensa que, si no lo hace, su partido se verá debilitado en el tiempo. Por ejemplo, Calvo Sotelo convocó elecciones anticipadas en 1982 porque la UCD se había roto en varios partidos y pensó que convocando las elecciones podría mantenerse como referente de la derecha. Se equivocó y ganó el PP de Fraga, donde habían recalado varios grupos escindidos de la UCD. Así mismo González convocó elecciones anticipadas en 1989, 1993 y 1996 porque consideró que las ganaría, en las últimas se equivocó, aunque logro esa “dulce derrota” que acabó siendo su tumba, pero salvó al PSOE  a pesar de los escándalos. Zapatero se retiró y convocó elecciones anticipadas porque si no lo hacía, el PSOE no salvaba ni los muebles. Y así los salvó.

¿Hay un peligro objetivo de escisión en el PP? Hay evidentes disensiones internas, pero no parece que vaya a producirse esa escisión en el Grupo Parlamentario Popular que obligue a Rajoy a convocar elecciones anticipadas para intentar sacar a los disidentes del Congreso. Por otro lado, si convocase elecciones anticipadas, resulta obvio que el PP perdería la mayoría absoluta.

Si el PP no se rompe, no habrá ni dimisión, ni convocatoria electoral, digan lo que digan los líderes parlamentarios de la izquierda.

Si la oposición quiere romper la posición defensiva del PP, el numantinismo de Rajoy, que se niega a hablar en sede parlamentaria, o la bunkerización de su ejecutiva que se limita a negarlo todo, tiene la herramienta de la Moción de Censura. Así, si los partidos de la oposición (PSOE, UPD e Izquierda Plural, que son los que han hablado, por ejemplo) se ponen de acuerdo en un discurso común, un programa para sacar a España de la crisis y un candidato a la presidencia del gobierno, no sólo obligarán a Rajoy a hablar en el Congreso, sino que darán esperanza a la gente, que sólo pide honradez y dignidad, y trabajo para poder ganarse la vida con honradez y dignidad.

Que los diputados de la oposición, los que nunca apoyaron a Rajoy, dejen de hablar de lo que tiene que hacer el Presidente de Gobierno y comiencen a pensar en qué tienen que hacer ellos. Tal vez la gente empiece a pensar, entonces, que sirven para algo.

R. Fleta

Consello Nazional de Estau Aragonés.

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