Por unas fiestas laicas en la Ciudad de Zaragoza.- Programa de Estado Aragonés.


El Estado Aragonés que imaZincomarzadaginamos es un Estado Laico, esto es, donde todos puedan sentirse cómodos independientemente de sus creencias, dónde éstas se vivan de manera privada y donde ningún tipo de creencia se apropie de la representación pública, donde todos tengamos acceso, de manera armónica, al espacio público sin discriminaciones.

Se suele entender el Estado Laico como contrapuesto al Estado confesional, más o menos teocrático, pero su concepto es más amplio: se trata de que la simbología pública no excluya o discrimine a ningún grupo por sus ideas o creencias, sean estas del tipo que sea.

Uno de los momentos donde se observa el carácter más o menos láico del Estado es en las fiestas populares. Es fundamental separar la administración pública de las celebraciones religiosas, en concreto es imprescindible eliminar la participación institucional de cargos públicos, significativamente el alcalde y los concejales, en procesiones y actos religiosos católicos. Su participación en ellas, de darse, ha de ser a título individual, sin portar los signos de su estatus de representantes públicos.

En concreto, y además, cada municipio tiene la potestad de marcar dos días de fiesta local. En Zaragoza son San Valero y la Cincomarzada.

La fiesta de San Valero tiene evidentes connotaciones religiosas y evidentemente no respeta los principios de fiesta laica, pero la Cincomarzada, a pesar de no tener carácter religioso, tampoco.

La Cincomarzada conmemora el intento de ocupación y saqueo de la Ciudad por tropas carlistas provinientes del Bajo Aragón en el año 1838 y el rechazo de las mismas por las milicias locales apoyadas masivamente por la población, de clara tendencia liberal,en el contexto de la Primera Guerra Carlista, en la que no sólo se dirimía qué Borbón habría de regir España, sino también si el sistema social y económico habría de ser liberal-capitalista o mantener el Antiguo Régimen.

La reacción popular de Zaragoza fue masiva, azuzada por un fuerte rechazo a las prebendas y privilegios económicos de la iglesia que apoyaba a los carlistas. Dicen que el General Cabañero, confiado en una pronta rendición de la ciudad, entró en un Café del Centro y pidió un chocolate, que no pudo ni probar ante la súbita reacción violenta del pueblo en la calle, debiendo huir dejando tras de sí 400 bajas, entre muertos y prisioneros que serían posteriormente fusilados.

Los liberales zaragozanos siempre consideraron esta victoria como la derrota del absolutismo, el clericalismo y el tradicionalismo, y la recordaron con una merienda de tortilla en la Arbolera del Rabal (infaustamente llamada “de Macanaz”) que se mantuvo hasta el franquismo, cuando fue prohibida por un Régimen que pretendía restaurar la España Eterna y sus valores tradicionalistas. La recuperación de la fiesta por el movimento vecinal, con la primera corporación democrática, dominada por la izquierda, le dio un carácter reivindicativo y popular del que todos hemos participado. Para ello ha venido bien que se olvidase su carácter guerracivilista, la conmemoración de un enfrentamiento violento entre aragoneses producido por intereses ajenos al país, la dialéctica “vencedores y vencidos”, y la curiosa adopción como “de izquierdas” del discurso isabelino, liberal moderado. De hecho, 2 años después el mismo Cabañero que comandó las tropas carlistas había abrazado la causa Isabelina, entrando con Espartero en Zaragoza para iniciar una ofensiva contra los irreductibles carlistas bajoaragoneses comandados por el General Cabrera.

Los zaragozanos no habían olvidado la cincomarzada y cuentan que le gritaban, mientras desfilaba ufano al frente de sus nuevas tropas liberales: “¡Cabañero! ¡Que se te enfría el chocolate!”. Lo que, por otro lado, nos da una pista del frío que todavía hace en esos días en nuestra ciudad.

Los zaragozanos podemos cerrar los ojos y seguir comiendo el roscón el día de San Valero o mientras vamos a comernos el rancho al parque el cinco de marzo, podemos seguir celebrando a la vez una fiesta clerical y otra anticlerical, cerrando los ojos a nuestros demonios, o podemos dar el paso, dejar que esas celebraciones se mantengan enel ámbito privado de quien quiera, y establecer un nuevo calendario festivo local, laico, que supere nuestra historia, exorcizando esos demonios del pasado.

En Estado Aragonés proponemos la creación de una especie de “fiestas menores” de la ciudad, quitando del calendario festivo tanto San Valero como Cincomarzada e implantando dos días de fiesta, los dos últimos días de junio, cuando ya la calor apreta, el día es más largo, se abren las piscinas y se ha acabado el periodo lectivo. El momento ideal para organizar actos culturales al aire libre por toda la ciudad para todo el mundo.

Bueno, y el que quiera, también puede comerse un rancho en el parque con roscón de postre.

Rafel Fleta

Secr. Gral. EA.

, , , ,

Los Comentarios están cerrados