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Impresionante 11-S

La respuesta de la ciudadanía catalana a la plataforma cívica Assemblea Nacional de Catalunya ha sido rotunda. Y el mensaje que le ha transmitido al gobierno de Rajoy, el PP y al entorno de la derecha española es que, de suprimir o siquiera de reducir el Estado autonómico, no sólo que no, sino que debe ampliarse, por lo menos por lo que respecta a Catalunya.

Veo muy difícil que desde la derecha española, y también desde los más conspicuos centralistas de la izquierda estatal, sepan tratar el asunto mucho mejor de como lo han hecho históricamente; con el consabido posado desdeñoso y la indiferencia que se adopta desde la Corte de Madrid sobre las cuestiones de la periferia, donde todo les parece folclore o cabezonería de los indígenas de las colonias. Así perdieron su Imperio y así perderán sus Provincias. De momento lo único que parece es que no quieren entenderlo. “No es tiempo de algarabías” dijo Rajoy, ese señor, un memo, que piensa que todos debemos quedarnos en casa aguantando con paciencia sus recortes y pagando sus impuestos sobredimensionados. ¡Todo el mundo entiende y asume que este sacrificio es necesario!

Que no entiende lo que ha pasado en Catalunya, está claro y así lo demuestra cuando dice “Yo respeto la forma de pensar de cada quien y no tengo ningún comentario que hacer sobre la manifestación”. Este tío no se ha enterado bien de la jugada. O, contrariamente a lo que ha demostrado hasta ahora, se convierte súbitamente en un halcón (se permite la risa), demuestra que es muy hábil (carcajadas desde la grada) y le concede al gobierno de Artur Mas el Pacto Fiscal, es decir, la soberanía fiscal que le reclama, a fin de desmontar el órdago que le ha montado, o Catalunya realmente puede adoptar, aunque todavía quede mucho por decir, el camino de la independencia.

El partido de la oligarquía económica catalana, también llamado CiU, es poco de fiar. Esta súbita mudanza al independentismo resulta sospechosa. No sería la primera vez que le hace una maniobra al mismo pueblo que lo ha llevado al gobierno y que, una vez obtenido el Pacto Fiscal, si lo obtiene, le diga al pueblo catalán que: ¡Això ara no toca!… Y es que es que en CiU son muy aficionados a lo que llaman por allí a fer la puta i la Ramoneta (la dualidad catalana, una jugada a dos cartas, ir con dos barajas, una buena y una mala, etc.). Jordi Pujol, jubilado de sus responsabilidades políticas que no de santón de la política catalana, fue a la manifestación. Cuando gobernaba, alguna vez también gustó de jugar con un cierto ruido de independentismo de fondo, aunque siempre acabó bajándole el volumen. ¡Ara no és el momento de parlar d’això! –dijo durante 22 años.

¿Pero qué piensan los catalanes…? Una cosa está clara, a nivel de calle, después de agitar banderas esteladas y acabar con los pies hechos polvo después de tres horas de aguantar en pie, disuelta la adrenalina, pocos deben creer realmente que la independencia pueda resolver el problema de fondo: la economía… ¡Hombre, no! No queda claro que ingenuidad e independentismo vayan siempre de la mano, como aseguran en Intereconomía. A lo que si puede dar satisfacción la independencia es a que el problema pueda ser solucionado de muy distinta manera al que se ha planteado por el Gobierno de Madrid. Puede dar satisfacción al hecho de que no te impongan desde fuera la solución unos políticos centralistas que han sido malos gestores de la crisis, pero sobre todo de la “prosperidad”. Lo que también queda claro es que el catalán de a pie le achaca más los problemas económicos al Gobierno del Estado que a sus propios políticos y ven más culpable de los recortes a Rajoy que a Mas. Los Gobiernos de la Generalitat puede que no hayan sido buenos gestores del gasto, pero la realidad es que el control básico de la economía catalana corresponde al Gobierno del Estado y esto en la coyuntura de crisis actual puede llevarla a la catástrofe. No creo que haya que dar muchos detalles del porqué. Esto el catalán de a pie lo sabe y por eso la manifestación independentista del 11 de septiembre es más un acto de madurez política, digamos que de toma de conciencia de la situación y una posible solución, que de locura colectiva como quieren hacérnoslo creer. No, el Pueblo catalán no está flipando, sabe que o controla su economía o literalmente se va todo a la mierda. La Caixa todavía es solvente. Como actitud ante estos tiempos, es o agitar la bandera del independentismo o directamente ir a asaltar los supermercados (permítanme esta apostilla).

¿Y los aragoneses qué pensamos? Aquí no hay ni para una cosa ni la otra. Exageradamente acomplejados y paralizados por el shock que representa la crisis, esperar y aguantar todas las medidas que nos impongan con la esperanza de ver la salida del túnel. Es la trampa de la solidaridad constitucional que no permite ventajas a quien no lo ha hecho tan mal. Nos hemos creído el mensaje que sólo mediante sacrificios y el pago de todas las facturas e impuestos, que desde el Gobierno de Madrid nos ordenen, todos veremos un esplendoroso final de la crisis. Hay un gran engaño en esto, porque… ¿Sabemos lo que nos va a costar? Pues mucho más que a otros, por supuesto, dada nuestra ínfima capacidad de reacción. Nuestro escenario es el que describe nuestro compañero en el post “El Tocomocho de las Cajas españolas”. Estamos pagando la fiesta inmobiliaria que hubo por Valencia, Murcia y otras CC.AA. con nuestros ahorros a través de las Cajas de Ahorro aragonesas. El capital aragonés se está destinando ahora a unos menesteres que poco o nada tienen que ver con Aragón. Por no poder, “nuestros” políticos, que tienen representantes en las cajas, “no pueden” garantizar una gestión en función de las necesidades de Aragón. Tienen un perfil tan, pero tan bajo y tan subordinado que no podrían oponerse al Estado aunque quisieran. ¿Alguien se acuerda de aquellas grandes manifestaciones antitrasvasistas de Zaragoza?, pues esto daría para eso y mucho más. El dinero se ha trasvasado mucho más fácilmente, no han hecho falta ni represas, ni canales. Al pueblo aragonés, desmovilizado, con una clase política incapaz e impotente, desinformado de lo que ha de contribuir él en particular para salir de la crisis de “todos”, le han levantado el dinero en sus narices y sólo le queda el duro trabajo y arrimar el hombro a una situación que no contribuyó a crear.

Desde Estau Aragonés siempre hemos mantenido que Aragón tiene títulos superiores sino iguales para reclamar lo que reclaman los catalanes. Somos países si no hermanos, sí parientes. Con muchos elementos concomitantes en nuestras respectivas historias. Pero los aragoneses jamás hemos sabido emplear esos elementos para demostrar que tenemos una opción política propia como nación o para separar por lo menos nuestras finanzas de las del resto del Estado. Tuvimos hacienda propia durante 700 años. Los catalanes en esto son maestros, pero como pasamos el día regañando de ellos parece que aborrecemos sus métodos, que podrían ser los nuestros, y no tomamos ejemplo. Luego tenemos que reclamar la propia existencia a la desesperada; ¡Teruel, existe!, fue un lema muy elocuente… Siempre hemos amado nuestro autogobierno; si no a los políticos que lo han gestionado, sí el concepto mismo de autogobierno. Y ha sido bueno para el balance final de Aragón. Nos han dejado hacer estos últimos 30 años y mira, ¡no lo hemos hecho tan mal!, a pesar de la extravagancia de la Expo. Como en el resto del Estado español esla Derecha quien más rechaza la autonomía, pero porque la ataca en el concepto mismo, la derecha es medularmente centralista.

Ahora que empezábamos a andar, después de 70 años, después de la dura postguerra, de la mucha represión social con la excusa del maquis, de la emigración a otras regiones, de la larga transición con su crisis en los 80, de las reconversiones, de las amenazas de los trasvases; ahora resulta que hay que ayudar a tapar los desastres provocados por los ineficientes gestores de la política y la economía española. Las caras cambian pero la ineficiencia sigue. La pertenencia a España nos sale muy cara a los aragoneses porque nos la estamos jugando con la jauría de depredadores de Madrid. Cuando un pueblo es trabajador, cuando ha sabido gestionar su autogobierno si no bien, mucho mejor que los demás. Puede reclamar más… Puede reclamar desprenderse del lastre que representa estar sujetos a España y sus políticas desastrosas (llevamos con ellos siglos de desastres). Una vez más han venido y han tomado lo que han querido, ¿y nos hemos levantado?, pues no… Pero nuestros primos los catalanes sí. Y eso debería dar más envidia que rechazo. Ellos ya han marcado su territorio y nosotros ni siquiera nos hemos despertado de nuestra indolencia.

Arnau de Borau

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