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Las elecciones catalanas 2012 vistas desde Aragón.

Ayer se produjeron las elecciones catalanas, dando como resultado un mapa político tremendamente fragmentado: la primera fuerza política obtiene el 28% del voto y comparte el Parlament con otras 6 fuerzas más.

Los medios de comunicación oficiales españoles se han lanzado a expresar con entusiasmo el “batacazo” de CiU (ese es el titular de Europa Press, por ejemplo). CiU obtiene 50 diputados, lo que representa el más del doble de la segunda fuerza y suma mayoría absoluta tanto con la segunda fuerza (ERC) como con la tercera (PSC). Ambos son ex-socios de coalición de CiU. O sea que, en la actual situación de crisis, Mas tiene la máxima capacidad de maniobra política: puede pactar con el PSC, a quien le interesará sin duda quedar como “fuerza de gobierno” en un mapa político tan fragmentado, buscando así, cobertura en Madrid, pero teniendo que renunciar, probablemente, al referéndum independentista. Puede explorar una coalición con ERC, quien estará presionada por su izquierda ante la irrupción de las CUP, esta coalición es más improbable por eso mismo, pues las tentaciones de giro a la izquierda de ERC imposibilitarán esta opción. Incluso puede aspirar a gobernar en minoría, con pactos concretos tanto con esas dos fuerzas como con la tercera, el PPC.

¿Cuántos presidentes de gobierno no firmarían por tener un mapa político así tras unas elecciones anticipadas? El hecho es que el mapa político catalán cada vez se parece menos al español, lo que de facto separa a Cataluña de España y la impulsa en el camino de la independencia. Haciendo buena la frase de que “no hay un camino hacia la independencia, sino que la independencia es el camino”.

Si miramos a las fuerzas de la izquierda, el denominador común de todas ellas es que suben y todas suben abriendo el espacio:

ERC presenta una candidatura denominada ERC-CAT Sí, que significa la suma de independientes a sus candidaturas, en proceso participativo.

ICV-EUiA se mantiene firme aglutinando a ecosocialistas y comunistas partidarios de la federación sobre la base de la autodeterminación.

Y las CUP irrumpen con fuerza, agrupando a todos los grupos de izquierda revolucionaria que vienen trabajando desde la base municipalista desde hace años,  partidarios de que la independencia de Cataluña no sólo de lugar a un nuevo Estado, sino a un nuevo modelo de Estado.

¿Cómo es posible que todos suban si todos comparten el mismo espacio social de las clases populares concienciadas políticamente? Porque todos abren el espacio político: ERC intenta recuperar a antiguos disidentes, ICV-EUiA olvida las viejas discordias entre eurocomunistas y leninistas y agrupa también al ecologismo político y las CUP apartan las viejas riñas dogmáticas entre grupúsculos fuertemente ideologizados para armar un programa político factible.

¿Entenderán las izquierdas aragonesas este proceso? CHA sigue participando en Espacio Alternativo, grupo abierto por ICV-EUiA y mantiene su coalición con IU al Congreso, mientras lanza su campaña +ARA en un guiño a la candidatura de ERC-CAT Sí. ¿Es una mera forma de intentar recuperar la hegemonía en el nacionalismo aragonés o tiene connotaciones similares a la de ERC? Los independientes de IU reclaman el modelo de la Syriza griega para intentar afianzar la coalición La Izquierda de Aragón, un tanto preocupados ante la evidentes dudas de CHA al respecto.

Y el BIC mantiene el papel de agitador de calle mientras intenta resolver su división interna entre “libertarios” y “comunistas”, antes de aclarar su estrategia política. ¿Acercarse a Izquierda Anticapitalista y PCPE o qué hacer?

Y nosotros, la gente del Bloque Aragonés - Religada Nazionalista. El grupo más pequeño de todos, los llamados “disidentes de los disidentes” mantenemos el discurso: tenemos unas bases para la unidad publicadas, si alguien quiere hablar con nosotros, estamos abiertos a ello. En todo caso, somos partidarios de organizar lo que sea menester “de abajo a arriba”, esto es, que cualquier proceso deberá producirse ante las elecciones municipales de 2015.

Pero, sinceramente, no confiamos en que la izquierda aragonesa tenga la capacidad para abrir espacios que tiene la izquierda catalana.

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25-N ¿Qué va a pasar con Cataluña?

Las elecciones catalanas del próximo 25 de noviembre es un hecho con una trascendencia única en los últimos 300 años. Por primera vez el partido de la burguesía catalana (Convergencia i Unió) concurre con la propuesta inimaginable tan sólo hace 2 años: “Dotar de estructuras de Estado para Catalunya”. Artur Mas no quiere pronunciar la palabra independencia, seguramente para no encasillarse y cerrarse las salidas, pero todo el mundo lo interpreta así y, en ese sentido, se lo toman también dentro de su propio partido.

El independentismo ha dejado ser un mero sentimiento popular, dicho sea de paso bastante extendido en Catalunya (metido en la nevera desde que se constituyó su CA) para ser el tema central de la campaña electoral del 2012. Nadie sabe hasta dónde llegará Mas, tampoco si va a poder controlar el proceso o si se le va a escapar de las manos. Mas se está esforzando y lo está demostrando… Visto que no va a sacar nada en España por la cortedad política que demuestran los partidos centralistas, amparados en el discurso de una interpretación legalista del texto constitucional y en una visión unitarista del Estado, está jugando la carta europea e internacional. Es un buen vendedor, es por ahí por donde puede tener éxito.

Los charlatanes mediáticos del españolismo ya han augurado grandes males para una Catalunya independiente: que bajará un 20% el PIB de Catalunya, que se marcharán las 13.000 empresas exportadoras, que hará falta pasaporte para ir de Barcelona a Zaragoza, que no dejarán usar el euro en Catalunya, que no podrían pagar ni a pensionistas ni a parados, que provocará una fractura en la sociedad catalana y un sinfín de desgracias más. Una cosa es cierta, que la Unión Europea no tiene previsto un procedimiento legal que contemple procesos de independencia dentro de los Estados de la propia UE. Por no haber, no hay ni siquiera una respuesta unificada respecto a lo que se debería o podría hacerse en estos casos. Las dudas no se plantean sólo por el caso de Catalunya sino también por procesos independentistas similares, como el de Escocia o posiblemente el de Bélgica. Vacío legal absoluto. ¡Ya se verá lo que se hace!… Por si el Reino Unido de hace un hueco dentro de la UE a Escocia, la caspa españolista ya está borrando similitudes entre Escocia y Catalunya.

Lo cierto es que la UE no va a permitir que Catalunya se convierta en la Corea del Norte de Europa y mucho que se levante un muro entorno a ella para ahogarla económicamente, como parece que le gustaría al españolismo más ultra. Eso queda para Extremo oriente y para la Cisjordania palestina. Tampoco permitiría una solución de fuerza pues eso sería nefasto para el futuro del Estado español en la UE (España ha entrado en un club donde las soluciones militaristas no serían admitidas). El Estado español sería arrojado al Tercer Mundo, a ser un paria internacional y al aislacionismo. El método previsto en el art. 155 de la Constitución descartado también pues su aplicación aceleraría el proceso de independencia y meter a Mas en la cárcel como hicieron con Companys, como propugnan desde la Tele casposa, pues tampoco es un método de recibo.

El españolismo mediático augura una “fractura social” de la sociedad catalana, entendido, parece ser, como un enfrentamiento apocalíptico entre ciudadanos catalanistas y ciudadanos españolistas, que marcarían sus diferencias, según ellos, por el origen o el nacimiento del ciudadano o ciudadana de Catalunya que se trate. Dicho de otra manera, un enfrentamiento entre el catalán viejo (descendiente de catalanes) y el catalán nuevo (el nacido fuera o de padres que nacieron fuera de Catalunya) así funciona esas mentalidades. Nada le gustaría más al españolismo que una división en plan Bosnia de la sociedad catalana. La rotunda realidad, (que el españolismo desconoce o que no quiere comprender) es que en Catalunya el origen es poco determinante a la hora de afiliar a la ciudadanía al catalanismo sociológico o al españolismo militante. Podemos estar hablando de primeras o segundas generaciones de catalanes simpatizantes del movimiento independentista cuya última decisión sólo podría depender de la condición de que la ruptura no fuese traumática (condición que, dicho sea de paso, vale igual para los catalanes de siempre). En Catalunya no hay una separación tajante como parece haber en el País Vasco. En Catalunya se admiten diferentes maneras de entender el catalanismo político y se acepta la pluralidad de orígenes e identidades.

El catalanismo sociológico atempera la posible radicalización del político e impregna todo el discurso, incluso el de los partidos declaradamente españolista. La corrección del PP catalán, por citar un ejemplo, a la hora de no ofender la catalanidad de la gente y encauzar sus particulares diferencias políticas siempre referidas a los líderes políticos nacionalistas (todo expresado en lengua catalana normativa), roza la exquisitez si lo comparamos con sus correligionarios de Madrid, que con sus soflamas son capaces de ofender a amplios sectores sociales de muy diferente adscripción política de Catalunya. Recordemos al ministro de educación Ignacio Wert y su deseo de “españolizar a los niños catalanes”. El desconocimiento sobre la realidad social catalana en la política de Madrid es absoluto, para desespero de los que llevan la estrategia política del PP de Catalunya. El desembarco e intervención de políticos del Centro en la campaña electoral ha permitido oír lo más rancio de los alegatos anticatalanistas habituales en las tertulias de bares, sobremesas y borracheras de Madrid.

Las “cloacas del Estado” también se han metido en campaña a través del medio involucionista “El Mundo” que, en el mejor método fascista, han hurtado el discurso de los partidos para confusión de los electores y han llevado el debate político a las acusaciones de corrupción. El españolismo y la derecha juegan cada vez más sucio en un sistema cada vez más desacreditado.

Hoy el “xarnego”, ya no es el emigrante de los años 60 y 70 o sus descendientes, Hoy es un tipo humano al que ya no le pesa su origen para decantarse políticamente. Está integrado en la sociedad catalana, es practicante del ciclo de las tradiciones y la cultura catalana en incluso algún reconocido xarnego forma parte de la iconografía catalana y catalanista. Tanto que incluso el término xarnego, en sus diferentes acepciones, hoy ha desaparecido del vocabulario de la gente. La identificación es tan alta hasta el punto que “el voto xarnego” decidiría en una hipotética consulta sobre la independencia. Veríamos a muchos Joans, Oriols o Jordis Romero Benítez votando sí.

El gran conflicto de una Catalunya independiente estaría no en el plano se la identidad, sino en el de lo social: que el gobierno y la oligarquía catalana quieran hacerle pagar la crisis y el coste de la independencia (o del “Estado propio) a la clase trabajadora catalana. Históricamente la fuerza del Estado español ha servido a la burguesía catalana para reprimir las revueltas populares en Barcelona con un instrumento del que carecía y, por otra parte, su pertenencia al “mercado español” le ha permitido vender su producción en momentos que no lo hubiera hecho en ningún otro sitio. Está claro que el ciclo histórico ha cambiado y que la oligarquía-burguesía catalana así lo considera. No ve hoy en la clase obrera un poder que la pueda desbancar del poder y con su potencialidad económica y el prestigio ganado en el exterior, ve más rentable perder un poco de mercado en España y ahorrarse el gasto que supone la dependencia administrativa, que lo contrario.

La decisión de Artur Mas ha sido cocinada en un corro muy selecto y, que la patronal catalana no se haya pronunciado claramente, no significa que no haya participado y que no esté de acuerdo. Una parte del empresariado más local sí, y ha dicho que está de acuerdo con el proceso que abre el proyecto “Un Estado propio para Catalunya”. Mas no dará puntada sin hilo, no está sólo, el dinero le apoya, y es por ahí por donde le da miedo a Madrid.

¡Los tiempos dirán!

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