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Ruptura de la conciencia científica de lo aragonés.

Reflexiones en torno al proyecto de la nueva Ley de Lenguas de Aragón propuesto por el PP y el PAR.

De la literatura del tópico….- Pasaron los tiempos en que los pueblos desde la óptica del Romanticismo y se veían mayormente idealizados y se definían con conceptos tales como bravura, nobleza, valentía, franqueza, y otros adjetivos más propios del ser de los individuos que del ser de un colectivo humano. Pasaron también los tiempos del Costumbrismo, la secuela de la visión romántica de los pueblos; situada en el momento del choque entre un tipo de vida tradicional en vías de extinción (entre lo curioso y lo cómico) y un tipo de vida estándar “serio” que es la que finalmente se impone. Pasaron los tiempos también en que se consideraba que había lenguas de primera, de segunda o incluso tercera o ninguna categoría. Hoy todas son consideradas como medios válidos de expresión… ¿Pasaron esos tiempos? Algunos están empeñados en que no…

…A la “Ciencia aragonesa”….- Hoy los diferentes aspectos de pueblos se caracterizan y se estudian, gracias al progreso de las Ciencias Sociales en la segunda mitad del siglo XX, como algo reconocible científicamente. La Geografía, la Historia, la Filología, la Economía la Antropología, entre otras muchas, son capaces de explicar desde la cientificidad el ser colectivo de los pueblos y perfilar las características que los definen: Los condicionamientos de su medio natural, la construcción de su paisaje cultural, las características de su geografía humana; la constitución y evolución de su medio político a través del tiempo; la trasformación de sus estructuras sociales, de su cultura, de su economía; también, pueden detectar los problemas sociales que más directamente les atañe y abrir perspectivas sobre sus cuestiones culturales. Pero aún más, desde el conocimiento, desde la cientificidad son capaces de aportar soluciones y racionalidad sobre los problemas que les afectan y cuya resolución es materia de otra “disciplinas”, por ejemplo, el derecho y la política. Finalmente, también han presionado para concienciar a las sociedades de lo propio y para reconciliar la realidad con la política y han contribuido a democratizarla, abriéndola a realidades culturales que antes habían sido ignoradas o reprimidas. Desde todos estos puntos de vista ha sido estudiado también el concepto “Aragón”, que tiene su perspectiva científica y muy amplia por ciento, aunque algunos no hayan querido verla y no hayan pasado todavía de una percepción folklórica.

…Y la Conciencia de lo aragonés.- Aragón evolucionó a partir de los tres pequeños principados pirenaicos y constituyó a partir de la región sud central del Pirineo un ámbito político y humano propio. También cultural, por supuesto, pues junto a la expansión económico-militar avanzaba su dominio lingüístico autóctono, el aragonés, aunque no en exclusividad, pues en origen sus límites por el Este incorporaban zonas de otro dominio lingüístico, el del catalán. Este hecho está en el proceso constitutivo político y territorial del Reino de Aragón, sin menoscabo de la coherencia de la comunidad humana aragonesa, pues es una seña de origen y un hecho incontrovertible de la historia y geografía humana aragonesa que no debe aceptar en ningún sentido ni “correcciones” ni “revisiones” modernas. A partir del siglo XV el dominio del aragonés, que abarcaba también regiones no incluidas hoy en Aragón, recula y en el Siglo XX sólo se habla como tal, pese a dejar un rico substrato en la lengua de todo el territorio, en el tercio norte de Aragón. Las causas: principalmente la no existencia de una Corte de “expresión aragonesa” en los siglos críticos de formación de las lenguas peninsulares y más recientemente la no recuperación del habla del pueblo por parte de las capas altas y la intelectualidad (digamos burguesía) de la sociedad aragonesa del XIX y XX, que no pudo, no supo o no quiso crear un ambiente cultural favorable, como en otras zonas del Estado español. De escaso poder económico y político, aceptaron su condición política y cultural subsidiaria de la oligarquía española y del españolismo, aunque hubo algunos intentos de articular algunas “opciones regionalistas y nacionalistas”. El aragonés no pudo resurgir, pese a la existencia de un cierto movimiento político y cultural aragonesista, cuando otras lenguas no castellanas de la Península sí lo hicieron. La Guerra Civil y el Franquismo arrasaron con todo en Aragón. Social, económica y culturalmente fue un shock del que nunca nos hemos recuperado realmente. A partir de la instauración de un régimen democrático (con una declaración de derechos civiles, incluidas las lenguas), desde la Cultura, asociaciones y hablantes, se fue articulado un movimiento, aunque escasamente coordinado, de reconocimiento del aragonés y del catalán hablado en Aragón, con un resultado tardío y corto, que ahora la derecha regional quiere apuntillar.

El pancatalanismo como excusa.- En el origen del problema, existe la creencia sobre todo en la derecha regional (PAR-PP) (anticatalanista medular, proespañolista de corazón y antiaragonesa de facto) en un pancatalanismo, con una doble naturaleza cultural y política a la vez; un supuesto “expansionismo de carácter irredentista de centralidad en las instituciones de la C. A. de Cataluña que a través de una política cultural catalanista pretenderían un expansionismo político e incluso territorial”. Por si esto fuera poco, un grupo muy reducido de filibusteros, peligrosos, ajenos a la Lengua, aireadores y difusores de su propia ignorancia, paranoia y confusión, en contra de la ciencia y el sentido común, creadores de conflictos donde debería haber conciencia y diálogo, una especie de psicópatas sociales con el propósito de dinamitar los movimientos en pro de la dignificación de la lengua, donde no han podido infiltrarse (les han visto venir como se suele decir), crean sus propias asociaciones: versión local de los sindicatos de extrema derecha contra los avances democráticos, los de la razón y los de  la decencia (Podéis leerlos, postean sin rubor sus embustes en http://www.lenguacomun.es; http://www.facao.com). Gente dispuesta a que se liquide la cuestión de las Lenguas en Aragón, han encontrado su aliado perfecto en el actual Gobierno autonómico que, yendo como va ciego de anti-catalanismo, no es consciente del mal que le está haciendo a Aragón y a los aragoneses. Abandonando cualquier política constructiva sobre la cuestión lingüística, ha demostrado su poco respeto a Aragón y su gente alentando la confrontación entre aragoneses.

Objetivo del irredentismo interno: “¡Reconquistar la Franja!”.- Haciendo bandera de todo esto, se han montado su propio irredentismo y pretenden librar en Aragón la batalla no sólo contra todo lo que huela a catalanismo, sino contra el aragonesismo también y contra cualquier –ismo que rompa la tendencia de Aragón hacia la uniformización en castellano. Trabajando como siempre en favor del españolismo, y al estilo de los medios de propaganda del periodismo de ultraderecha, están dispuestos a pasar por encima de los derechos democráticos de sus ciudadanos, hablen la lengua que hablen; confundiendo a los hablantes, que han llegado al absurdo de creer que no hablan realmente ninguna lengua: antes  les decían simplemente que “hablaban mal”, ahora les dicen que en cada pueblo hablan una lengua única en el Orbe sin relación alguna ni con las vivas ni con las muertas. El resultado sólo hay que verlo: Los hablantes denotan desapego, hasta un cierto rechazo, hacia su propia lengua, sobre todo cuando están ante extraños. La estrategia es clara: “Vamos a hacer que odies tu  propia lengua, que es la misma que la de tus queridos padres y la de tus entrañables abuelos”. “Hemos de conseguir confundir a ti y a tus vecinos del pueblo de al lado para, que penséis que no habláis el mismo idioma, sino que aquí se habla el villarribino y allá el villabajino”. “Hemos de conseguir que pienses que tu lengua es un lastre para ti, y, así la uniformización lingüística en castellano, por supuesto, acabará venciendo, si no es en vosotros ni en vuestros hijos, seguro que sí en vuestros nietos”.

Cretinos metidos a lingüistas o pejigueras como profesión.- Hemos vivido en una realidad cultural  permanentemente (y sobradamente estudiada) durante los últimos mil años. Toda la comunidad científica está de acuerdo de que lenguas estamos hablando y, sólo ahora, en estos últimos años, cuando se ha intentado por fin legislar la cuestión de lenguas en Aragón y hacer algo en positivo (aunque con medidas de muy corto alcance, por cierto), ha tomado cuerpo toda esa corriente ideológica inventada por elementos ultraderechistas (con  ganas de poner palos en las ruedas del proceso) que ha puesto en entredicho la naturaleza de la lengua que se habla en la Franja con el siguiente resultado: Se consigue que el Gobierno de Aragón se invente el absurdo del “aragonés oriental”, para definir al catalán de Aragón… Impasibles ante el ridículo, ¡qué les puede importar parecer idiotas ante la comunidad científica, las asociaciones de defensa de las Lenguas, ante los hablantes o ante cualquier persona con un cierto sentido común que pase por ahí!…  Aunque pasen por cretinos, les resulta rentable en su fin de avanzar más hacia la minorización del aragonés y del catalán hablado en Aragón. La estrategia de la confusión, con el resultado de la destrucción del carácter científico del conocimiento y de la normalización de las lenguas, es el medio empleado. Hoy no se pueden prohibir ni siquiera ignorar, ciertas realidades lingüísticas. Las leyes internacionales obligan a los gobiernos democráticos a legislar en favor de los derechos de las minorías lingüísticas. Las leyes del Reino de España también obligan a lo mismo. Pero estos políticos, dado que sólo son demócratas lo justo para poder participar en política, piensan que: “Con la mayoría legal lo podemos todo”. “Dictaremos una Ley que diciendo que es una Ley de Lenguas de Aragón sea todo lo contrario, será una Ley de Aniquilación de las Lenguas de Aragón”. “Ahora que tenemos en nuestra mano la potestad de legislar, nos inventaremos una nueva realidad…” “Esperemos que no se den cuenta qué torpemente manipulada está”.

El antídoto contra los irredentismos.- Ningún irredentismo externo puede hacer tambalear la aragonesidad de las comarcas aragonesas de habla catalana. No ha sido así en mil años y no lo va a ser, ni en los próximos 30, ni en 100, ni en los que se quieran poner. El problema es el “irredentismo interno” de los sindicatos de ultraderecha que presionan y de los políticos del PP-PAR que no quiere resolver el tema pacíficamente y que, contrariamente al sentido común y actuando con absoluta irresponsabilidad, se dedican a crear conflictos y divisiones entre los propios aragoneses. Todo por no emplear la palabra maldita, “catalán”.  En una Comunidad Autónoma como Aragón de la que el 23 % de la economía está relacionada con la vecina, Catalunya, el anticatalanismo debería ser un mal negocio, pero ahí están sus políticos de la derecha aireándolo a la mínima. Se nota que gran parte de la gente pasa de ellos. Si tuviéramos un gobierno leal con Aragón (que creyesen que el Ser aragonés es una ciencia y no ponerse cachirulo el día del santo patrón), se adoptaría una solución aportada en la anterior Ley, una institución aragonesa para los hablantes de la Franja, una Academia de la Lengua catalana de Aragón (junto a la Academia de la Lengua Aragonesa para el aragonés), a la que debería dotarse con amplias competencias en su materia y que pudiera tratar en un plano de igualdad con el Institut d’Estudis Catalans, para poder hablar de lengua, ni más ni menos. Esto, junto al crédito que debería darse en a las entidades culturales del ámbito de la Franja, y la necesaria desautorización de las que, con escusa de la lengua, politizan y corrompen el ambiente cultural, podría ser un factor que ayudase a zanjar el conflicto. Aunque dotar de una institución que le dé representatividad al catalán de Aragón está en las antípodas del pensamiento del Gobierno del PP-PAR. Algo que se institucionaliza y por lo tanto se le da reconocimiento, no puede morir así como así.

Aragón en la punta de la piqueta.- La derecha regional se ha lanzado a la política de demolición de la autonomía de Aragón. Pese a lo que le pudiera parecer al más común de los mortales de que se trata “simplemente” de reducir institución, servicios o personal (las cosas materiales que tiene o da un Gobierno o una Administración) hay algo más, la derecha trata de reducir “concepto” de Aragón. Hacer Aragón más pequeño como conocimiento humano (aunque estaría mejor dicho, “reducirlo exactamente a las dimensiones de su pequeño y mezquino intelecto”). El asunto de las lenguas le va al pelo porque es como matar dos pájaros de un tiro, de ahí su ahínco. No sólo quieren ahorrarse la parte material que debiera aportarse para dar servicio a las previsiones de una Ley de Lenguas, sino ahorrarse sobre todo el tener que abrir el Concepto Aragón a un conocimiento más amplio; un conocimiento que a  ellos no les gusta, porque carecen de patriotismo que requiere trabajar en positivo para un país, sólo aman su idea de “españolismo y uniformización”. Pues bien, aunque a algunos no les guste, Aragón es lo que es y seguirá siendo a pesar de ellos.  Si no son capaces de entenderlo así, deberían irse.

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Genealogía del “Marisismo” o la negación de la Lengua Aragonesa

¿Pero qué estaremos fendo ta fer-lis tanto a tana?

(¿Pero qué estaremos haciendo para molestarles tanto?)

 

No es nuevo. La práctica de la negación tiene un objetivo: la exclusión basada en algún prejuicio cultural, político o colectivo con el objetivo de erradicar algún elemento existente en la cultura, en la política o del género humano, en este caso “la Lengua aragonesa”. Pero lo más sorprendente es que la negación provenga de la Universidad, donde por formación se espera encontrar en sus docentes una impronta y una mente abierta para incorporar al saber toda nueva realización humana y no el dogmatismo académico de hace dos siglos. Un destacado miembro del Departamento de Filología española pide la exclusión del aragonés normativo como objeto protegido por la ley de Lenguas porque “no es una lengua propia”. Esta afirmación es indignante por excluyente y constituye la síntesis del desprecio de un sector de la Universidad al trabajo de elaboración de una norma común para el aragonés, por iniciativa de varias asociaciones de carácter privado. Sorprende el bajo nivel de racionabilidad en el argumento de la autora y, no existiendo un fundamento académico para tal opinión, debemos pensar que sacrifica el conocimiento y la razón a convicciones personales de tipo político y una trasnochada ideología pan-castellanista.

 

Nos referimos al artículo de Marisa Arnal Purroy, profesora titular de Lengua española de la Universidad de Zaragoza, publicado el 21 de enero de 2010 en el Heraldo de Aragón (http://www.unizar.es/prensa/noticias/1001/100122_z0_23.pdf) titulado “Nuestras lenguas”,  p.23. La profesora titular de lengua española se ha salido de su especialidad académica, se ha metido en los terrenos del debate político-legal (que nunca es neutro en cuestiones lingüísticas) y el resultado es el bodrio que ha publicado que ni es ni lingüístico, ni legal, ni jurídico ni nada. Sólo es la manera de expresar un prejuicio: quiere negar la “lengua aragonesa” pero como no ha encontrado argumentos lingüísticos ha intentado una reducción al absurdo de la cuestión.

 

Desde que Antonio de Nebrija tuviera la osadía (pues lo era allá por el Siglo XV) de escribir la gramática de una “lengua vulgar”, como se llamaba en su época al castellano, (algún eminente de entonces le diría “pero que haces, chalado”), los procesos de recopilación, unificación y normalización de las lenguas han sido constantes. Ignorar esto en una Universidad del siglo XXI es muy grave. La creación de estándares normativos ha sido una constante en nuestro entorno inmediato (de hecho el castellano que estudiamos lo es) y por el que han pasado también el vasco y el catalán. También es un fenómeno generalizado en Europa y el mundo entero en la medida que las comunidades de hablantes toman conciencia de sus lenguas, más aún con el acceso de nuevas naciones a la independencia o cuando menos a algún sistema de descentralización o de reconocimiento social. Es por tanto el proceso necesario de una lengua en las sociedades en que hay un fenómeno lingüístico asociado a la territorialidad, a la historia y a la identidad. Se da en sociedades avanzadas y cultas donde la pérdida de los referentes culturales y de sobre todo de la cultura asociada a la identidad no se admite.

 

La Universidad debería haber liderado el movimiento de unificación de la lengua aragonesa y darle lo único de lo que carecía, de oficialidad. Pero, ¿qué han hecho desde la Universidad en estos 30 años, o los 150 anteriores, lo mismo da? ¿Dónde está ese gran estudio o argumento de la Universidad que justifique no haber hecho nada? ¿Dónde hallamos la justificación a esa completa pasividad, cuando no de bloqueo activo, por parte de la cultura oficial, respecto al movimiento de unificación de la lengua aragonesa? Yo afirmo: en ningún sitio. Nada justifica el desentendimiento de la Universidad con un fenómeno de capital importancia que ocurre a menos de 60 Km. de Zaragoza. Una Universidad que por definición debería ser compendio de todo el saber de Aragón está contrariamente en la labor opuesta.

 

No hay razones científicas o académicas en contra de la unidad de la “Lengua aragonesa”, ni contra el trabajo de los que luchamos por una norma común. No, porque quien lo hiciera caería en el descrédito como persona de ciencia y es un riesgo que nuestros profesores no se atreverían a correr, ¿o sí?… Emplear argumentos científicos para negar una evidencia, sólo se lo pueden permitir los profanos, pero no quien hace de “el método” su modus vivendi. Negar el trabajo de todo un movimiento por crear un estándar, cuando todos sabemos que es un proceso por el que en algún momento de su historia atraviesan todas las lenguas (y del cual “la cultura oficial” se han automarginado), no se puede hacer desde posiciones académicas. Por eso sale nuestra profesora apelando cínicamente al “buen sentido”, todo para negar pan y lecho al este movimiento y excluir a la “lengua aragonesa” de la Ley de Lenguas.

 

Hay un error conceptual en el argumento, entre otros muchos. Para esta profesora referirse a “lengua aragonesa” es referirse al cheso, al ansotano, al chistavino”, es decir, “las verdaderas lenguas”, “o variedades”, “o modalidades”, “transmitidas de generación en generación”, etc., etc. considerada así en contra de lo que (siempre según su argumento) se entiende por algunos también como “lengua aragonesa” que ella denomina “neoaragonés”, “el aragonés normalizado”, “que no es una lengua propia” y que ella no comparte como hemos dicho. Sin embargo, desde el momento en que una serie dialectos los agrupamos bajo un nombre común, y ella lo hace, estamos creando un concepto es decir una forma de entender el conjunto y surge la necesidad de una norma común, por tanto, lo que ella pretende separar está objetivamente unido: a nadie se le ocurriría decir que la lengua castellana es sólo un conjunto de dialectos que se hablan en Andalucía, Aragón, Extremadura, Argentina o México, sin incluir  la norma culta estándar porque está continuamente reinventada por la RAE. La lengua castellana incluiría todo, los dialectos del castellano y la norma culta de las academias (que no es la que se trasmite “de generación en generación”, sino que se enseña en las escuelas). Nadie se atrevería a decir lo contrario. El argumento de al profesora no resiste pues la mínima comparación: “Lengua aragonesa” incluiría pues no sólo los dialectos aragoneses, si no también el estándar común por pura coherencia.

 

La profesora se mete en el intrincando mundo de la consideración político-jurídica de una lengua para construir su tesis y sorprende este camino que ha seguido, porque, como hemos dicho, fiarse de lo que dice una ley de una lengua  es una reducción al absurdo. Como muestra vale un botón: el art. 3.1. de la vigente Constitución dice: “El castellano es la lengua española oficial del Estado”. En técnica jurídica pues, la lengua oficial del Estado no puede ser el español, no solo porque la CE. denomina castellano a la lengua oficial del Estado, sino porque el resto de las lenguas también son consideradas “españolas”, siempre desde la perspectiva del texto constitucional, naturalmente. Por otra parte, vemos que le gusta suscribir como profesora titular de Lengua Española, dejándonos perplejos por declararse profesora de una lengua inexistente, por lo menos jurídicamente y en el Estado español ¿Posiblemente sea alguna modalidad o variante del castellano recientemente descubierta, que la profesora ha patrimonializado? Los argentinos y los mexicanos no le dan nombre en sus constituciones a la lengua que hablan (nombre de la lengua Ø). Me parece muy bien que quieran cortar con las reminiscencias españolas o pan-castellanas u otras denominaciones que les recuerden el imperialismo hispánico. En el Perú y Ecuador para fastidiar tampoco hablan la variante o la modalidad llamada español sino el castellano, pero son más generosos y el quechua, el aimará, el kitcwa y el shuar son cooficiales además de ser nombradas expresamente, lo cual es todo un reconocimiento directo a la cultura y la identidad indígena, algo que no pasa en el Estado español. Lo mismo pasa en Paraguay, castellano y guaraní. Rebuscando en las constituciones políticas de las Repúblicas de la América latina sólo Cuba, Panamá, Nicaragua y Guatemala denominan español a su lengua oficial. ¡Resulta curioso pues que Marisa imparta en Zaragoza clases de un idioma criollo que sólo se habla en América!. Bueno, ¡esto es una broma! Un divertimiento, que demuestra cuan fútiles y erróneas son las conclusiones que se sacan empleando los extravagantes argumentos de la profesora.

 

En resumidas cuentas: ¿Por qué nos intenta embaucar con este artículo? ¿Cuál es el trasfondo ideológico? Pues el trasfondo ideológico es quebrar la unidad cultural de los dialectos del aragonés (al considerar que no debería haber un estándar común que los relacione), con ello negar la propia y común identidad lingüística del Pirineo aragonés y, a su vez, romper con una identidad de carácter más amplio, la del Pirineo con el resto de los aragoneses (que lejos de ser ajenos a la lengua aragonesa, la tenemos muy presente en nuestra habla preñada de aragonesismos). Pero esto tiene más calado: se trata de atajar la incipiente identidad idiomática de los aragoneses, “de todos los aragoneses”, que nos separe de la consideración de país castellano. La simple denominación de “aragonés” de un idioma distinto, debilita la total, absoluta e inquebrantable identificación del castellano con los aragoneses; hace necesario un replanteamiento ideológico y consecuentemente lo que parecía un hecho incontrovertible, queda sometido cuando menos a debate: el castellano ya no es considerado autóctono sino históricamente introducido y superpuesto al substrato lingüístico de los aragoneses. Las sugerencias del artículo van pues en función de perpetuar la identificación de Aragón y los aragoneses con una sola lengua, el castellano y en contra del redescubrimiento de los aragoneses de su lengua identitaria. Como cuatro o seis hablas fraccionadas, o como ella dice “discontinuas”, la cosa queda en lo folklórico y como curiosidad étnica, “sin peligro” para la integridad del españolismo en Aragón, pero como lengua normalizada la cosa cambia se crea una identidad colectiva a reivindicar y desarrollar: El problema es pues para Marisa Arnal Purroy el peligro que representa la identificación del “aragonés” como lengua de identidad, como la Lengua nacional de Aragón.

 

Esperemos que el artículo de Marisa Arnal Purroy sólo represente una postura personal, que sea un evento de carácter excepcional, que no sea el pensamiento oficial (siquiera oficioso) de la UdZ respecto a la Lengua aragonesa. Desearíamos que los departamentos de humanidades de esta vieja Universidad fueran un factor de investigación, de desarrollo y de profundización en el conocimiento y el saber de Aragón incluida el apoyo a la Lengua aragonesa y su normalización. No se pueden construir bastiones ideológicos desde posturas académicas para negar y excluir un fenómeno social y, encima, pedirlo a los que deben de aplicar las leyes para que cometan una ilegalidad. Eso debería desacreditar públicamente a quien lo pide. No es función de los gobernantes dar crédito a los que piden excluir (que se repasen la CE, si es preciso), sino integrar y dar carta de naturaleza a la Lengua aragonesa. Lo que propone Marisa Arnal al Gobierno y a las Cortes de Aragón no tiene nada de “buen sentido”, más bien resulta ignominioso a todos los que individual o colectivamente luchamos por el reconocimiento de la “Lengua aragonesa”.

 

Arnau de Borau

Aragón, febrero 2010

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