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Horizonte 2019. Compleganza. Documento estratégico de Estado Aragonés.

Horizonte 2019.

Compleganza Aragonesista.

Documento estratégico de Estado Aragonés.

¿Qué es el aragonesismo político?

Por un regular, consideramos que el aragonesismo es una especie de sentimiento de apego a nuestra tierra, nuestras costumbres y cultura propia. La traslación de este sentimiento al plano político, es decir, al aragonesismo político, puede definirse como la priorización de la resolución de nuestros problemas sobre otros ajenos o lejanos por los propios aragoneses. Pero en realidad, esto puede ser defendido por cualquier partido político con presencia en Aragón, hasta el más españolista y centralista; porque es una definición superficial e insuficiente.

Si analizamos el discurso de dirigentes políticos regionalistas como Rudi, Santiesteve, Aliaga, Echenique, Barrena o incluso Lambán (éste último el único de ellos que utiliza el término “país” para referirse a Aragón) observaremos que la concepción que subyace en su discurso sobre qué es Aragón, es meramente territorial: Aragón sería tan solo una región de España, y los aragoneses seríamos simplemente quienes residimos en ella. Aragón es definida por el regionalismo como una parte de España, indisolublemente unida a ella desde y para siempre”.

Esta concepción, para cualquier aragonés consciente, es sencillamente aberrante. Aragón es el territorio que ocupa el Pueblo Aragonés, y lo es así desde “la noche de los tiempos”; desde que los reyes se autodenominaban, en los textos “Rex Aragonensium”, “Rey de los Aragoneses”, primero existió el Pueblo Aragonés, “los aragoneses”, después y constituido por ellos, Aragón.

El Pueblo Aragonés es quien ocupa, pues, su territorio, que se define así por ello. El Pueblo Aragonés ocupa exactamente el mismo territorio desde 1300, por acuerdo de Cortes de ese año con el Rey Jaime II. No hay que olvidar que cuando los aragonesistas definimos a Aragón como Pueblo nos referimos al mismo concepto que se utiliza en la Carta Fundacional de la ONU: “Nosotros, los Pueblos de las Naciones Unidas …” con todo lo que ello significa de reconocimiento de nuestro Derecho a la Autodeterminación. Aragón se define, pues, políticamente, no culturalmente o lingüísticamente.

Así, en Aragón conviven varias lenguas y culturas y la defensa de nuestra cultura y lenguas aragonesas, no ha de ser privativa de los aragonesistas. Cualquier persona aragonesista considera, por tanto, que cualquier pretensión desde el exterior de anexión territorial, parcial o total, o cualquier negación de nuestro hecho nacional encierra una agresión contra Aragón.

Es necesario por tanto, puntualizar, y reflexionar sobre la necesidad de poner en valor ante la sociedad aragonesa lo que significa el aragonesismo político con claridad. Se impone por tanto una ampliación de la definición del aragonesismo político.

Si hemos dicho que puede definirse como la priorización de la resolución de nuestros problemas, sobre otros ajenos o lejanos, por los propios aragoneses, una fuerza política adscrita al aragonesismo político debe de establecer por tanto, como eje central de su acción, la resolución de toda problemática referente a Aragón y al pueblo aragonés en primer término. Y sólo a partir de ahí, la de problemas comunes con otros pueblos cercanos, hasta la participación en una política humanista y global.

Una fuerza política española, aunque pueda incorporar el aragonesismo político dentro de su programa de acción política, no podrá ser considerado un partido aragonesista, puesto que su eje central de acción nunca podrá ser Aragón y nuestro pueblo en primer término. Esto se traduce en que, en aquellas materias que haya especial conflicto con el Reino de España como la cuestión hidrológica, un partido español puede mantener dos dicursos diametralmento opuestos y simultáneos ante dos electorados diferenciados por su situación geográfica y nivel de afección de la problemática concreta. Una fuerza adscrita exclusivamente al aragonesismo político solo tendrá un discurso.

Así, problemáticas como el caso de la Mina de Borovia, la reapertura de la línea férrea del Canfranc, o la recuperación de una fiscalidad propia en Aragón, son asuntos que podrán ser defendidos sin doble discurso por un partido adscrito al aragonesismo político, sin peligro de quedar como un adorno cosmético, vacío de contenido.

Es por tanto una necesidad que la sociedad aragonesa vea nuevamente al aragonesismo político defendido por una fuerza política autóctona, adscrita a esta forma de hacer política como eje principal de su acción, como una fuerza de renovación social, que efectivamente aporte soluciones a problemáticas actuales y plantee la construcción de un futuro de prosperidad para el Pueblo Aragonés, con nuevos proyectos e ideas innovadoras, superando el tradicional pensamiento de “defensa de lo nuestro”, en el que actualmente está languidenciendo.

En este sentido, también cabe entrar en el debate de impulsar nuevas estrategias desde el soberanismo que impliquen nuevas banderas sociales para el aragonesismo. En este sentido, explorar la vía que abre la constitución española vigente en la Disposición Adicional Segunda en lo referido a los “Derechos Históricos”, sería perfectamente útil para Aragón. El cambio de estatus de Aragón a Comunidad Foral, sería un mecanismo válido para recuperar la Hacienda propia. La foralidad como estrategia para dar comienzo a proyecto de reconstrucción nacional, republicano y popular.

Una acción defensiva nunca ha liderado iniciativa alguna. El aragonesismo por tanto, debe de “cambiar el chip”, y pasar gradualmente a retomar la iniciativa en el escenario político aragonés. Si no abandonamos viejas inercias “regionalistas”, el aragonesismo político puede ser visto como una herramienta anticuada e inservible por la propia sociedad aragonesa. Discurso, estrategia y comunicación tendrán que cambiar y hacer un planteamiento ganador e ilusionante a largo plazo. Hablamos del aragonesismo 2.0.


Horizonte 2019. Compleganza política.

El aragonesismo político está en crisis. Y está en crisis porque los partidos políticos tradicionalmente adscritos a él no han tomado las riendas de una renovación seria de su pensamiento político. Vemos como el PAR, la derecha aragonesista, está en un largo proceso de absorción por el PP, cuya velocidad se verá moldeada en función de los resultados electorales futuros, pero que avanza en el tiempo de forma inexorable. Compromiso con Aragón se conforma como una fuerza menor, residual continuista de la esencia inicial del PAR, con un recorrido mucho más corto que el partido matriz.

Se dibuja por tanto un escenario en que la izquerda aragonesista representada por CHA, quedará en un futuro más o menos previsible como única fuerza política relevante del aragonesismo político. CHA se encuentra en un proceso de renovación, y actualmente sigue siendo un partido referencial en el escenario político aragonés, pero no lidera una renovación social como sucedió en la década de los 90 y hasta la primera mitad de los 00. La crisis de CHA provocó la salida de numerosos y valiosos militantes, y a la postre la conformación de nuevas fuerzas políticas, Estado Aragonés (2006) y Puyalón de Cuchas (2009), además de un descenso y estancamiento electoral, en el que actualmente se sitúa. Actualmente Entabán (2016), conformada por antiguos miembros de Podemos en Huesca, conforma otra parte de la izquierda aragonesista.

Si los aragonesistas queremos tener los mejores resultados, ser útiles a nuestro pueblo, debemos unirnos en una plataforma electoral unitaria. Después podremos plantearnos pactos de gobernabilidad o gobiernos de coalición con partidos regionalistas con los que podamos coincidir en aspectos concretos de la gobernanza, buscando siempre lo mejor para nuestro Pueblo. Nuestra propuesta no puede ser, pues, una coalición coyuntural de amplia base social, una especie de “Unión Temporal de Empresas” como se suele decir, sino en un compromiso a largo plazo de las fuerzas políticas aragonesista de izquierda que conformen un nuevo proyecto político ganador, y que sepa tomar la iniciativa y el liderazgo de la renovación social, posición que para muchos aragoneses ahora ocupa Podemos y sus confluencias.

Un acuerdo táctico cuyo espúreo objetivo fuese fortalecer nuestra posición a costa de parasitar a nuestros socios, aprovechando su mayor fortaleza, resultaría ser un politiqueo, estéril y absurdo para Aragón, aunque eso pudiera tácticamente fortalecer organizativamente a nuestro partido. Estado Aragonés, tiene una visión de la política al servicio de nuestra patria, Aragón, cuestión que nunca podríamos hacer actuando políticamente de forma estructural con partidos políticos estatales. Por tanto, debemos renunciar a formar parte de las propuestas regionalistas o provincialistas de la izquierda española, como Unidos Podemos, Zaragoza en Común, Cambiar Huesca o Ganar Teruel, pues sólo desde una cínica posición oportunista, cuando no parasitaria, puede un aragonesista sincero integrarse en ellas. Posición por otro lado, inútil para el Pueblo Aragonés.

El objetivo político prioritario de Estado Aragonés para las elecciones de 2019 debe ser la conformación de una coalición de partidos de carácter permanente, o en su defecto, la presentación de candidaturas unitarias de la izquierda nacionalista aragonesa en todas las convocatorias electorales de ese año (al menos municipales, aragonesas y europeas). Esas candidaturas deben hacerse de acuerdo, al menos, con CHA, y si es posible también con Entabán, UISA, Puyalón de Cuchas y otros grupos que pudiesen sumarse. No se puede ignorar el hecho de que CHA es la única organización de la izquierda nacionalista con representación en Cortes e implantación en casi todo el territorio nacional. Para la consecución de tales candidaturas unitarias, Estado Aragonés tan sólo pone las siguientes condiciones: 1ª La participación de nuestros militantes en la elaboración de los Programas Políticos, pactando los acuerdos y, en su caso, los desacuerdos. 2ª La participación de nuestros militantes y simpatizantes en las Primarias para la elaboración de las listas, con el sistema que se acuerde. Participación tanto pasiva como activa. 3ª Seguimiento por parte de EA del trabajo institucional de los cargos electos tras las elecciones.


El camino: la Compleganza Social.

Para conseguir la construcción de unas candidaturas unitarias, en el contexto de unas Primarias conjuntas, es preciso antes impulsar la unidad de acción en las reivindicaciones políticas y sociales, Estado Aragonés está comprometido con ello, para lo cual hay que intentar realizar el máximo de actos comunes. La unidad de acción de organizaciones aragonesistas, desde la base, en toda clase de actos públicos y reivindicativos creará las condiciones de confianza mutua necesarias para que la compleganza política resulte más sencilla de lo que ahora se nos antoja.

La celebración conjunta de eventos emblemáticos para el aragonesismo (23 d’abril 20 d’abiento …) o la conformación de un bloque unitario reconocible en las manifestaciones de los movimientos sociales son los espacios en los que puede crecer esta compleganza social aragonesista.


Los retos de Estado Aragonés: organización y visibilización.

El largo camino de la recuperación de la soberanía por el Pueblo Aragonés y del Socialismo Internacional requiere nuestro máximo compromiso militante.

No debemos sucarrarnos en la militancia y en los debates, como tantas veces hemos visto en la historia de la izquierda internacional y en el movimiento obrero y los movimientos sociales en general, pero todos y todas debemos preguntarnos qué más podemos aportar para la consecución de estos objetivos. Estado Aragonés necesita todo el esfuerzo que podamos aportar.

Debemos ser conscientes de que cuanto más fuerte sea nuestra propuesta socialista y soberanista en el seno del aragonesismo progresista, más fácil resultará la compleganza que proponemos. La articulación de ese compromiso militante es la función de Estado Aragonés como partido.

Así tenemos varios retos para el futuro: Debemos impulsar nuestra implantación territorial pues, aunque nuestra apuesta sea la de elaboración de candidaturas conjuntas, nuestra implantación territorial y la percepción por parte del resto de aragonesistas de que Estado Aragonés crece y se fortalece ayudará sin duda a que seamos tenidos en cuenta. Debemos también elaborar propuestas políticas concretas que nos permitan incidir en la elaboración de programas conjuntos de cara a 2019. Construir programas comunes ha de ser la piedra angular de una compleganza estratégica y no meramente coyuntural. Y por último, potenciar la propaganda, debemos hacer visible nuestra bandera, señal de nuestras ideas y nuestra propuesta política. La propaganda no debe ser olvidada, pero ha de ser la última prioridad. No debemos caer en el error de otras organizaciones, demasiado ocupadas en intentar aparentar más de lo que son hasta el punto de olvidarse de la elaboración programática y estratégica.

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La Identidad en la política de Aragón.

En el pasado Alderdi Eguna (día del partido), los dirigentes del PNV se quisieron reafirmar en que su partido representa el vasquismo político y por lo tanto se consideran legitimados para representarlo y gestionarlo en toda su extensión. En su posición de partido de la mayoría nacionalista de Euskadi, el PNV se declara depositario de las esencias políticas del vasquismo e incluso de lo vasco mismo. Es el efecto político del frente antinacionalista, liderado por Patxi López. El PNV tenía que dejar claro esta precisión ideológica tras perder el Gobierno de Euskadi. Es además una reacción consecuente con ello, pues representa un toque a rebato por lo que pudiera venir de la mano de la alianza entre PP y PSE-PSOE. En Catalunya es CiU quien ha pretendido representar ese papel, “la Casa Gran del Catalanismo” la llaman, aunque matizadamente porque, a diferencia del PSOE vasco, respecto al vasquismo, el PSC catalán tiene buenas dosis de catalanismo y no está en un frente antinacionalista. Esto que expongo no es un reproche a la actitud ideológica de esos partidos frente a la identidad colectiva de la que forman parte y de la que se erigen como valedores. Más bien es una virtud política. La mayor virtud política de un político nacionalista, porque es fundamentalmente lo que le alienta, su razón de ser y de parecer …

Ahora bien, ¿Dónde encontramos en Aragón semejante virtud? ¿Qué partido o partidos, aunque sea en una posición minoritaria, se sienten legitimados o con “animos” para representar y gestionar el aragonesismo político, incluso lo aragonés? Es más… ¿Qué partidos consideran prioritario hacer de su eje de su acción política la Identidad aragonesa? ¿Quién se siente con derecho a hacer vindicación de lo aragonés?.

Hoy por hoy esa no es una virtud de ninguno de los partidos políticos parlamentarios o institucionales de Aragón. Y no la es por una alta consideración o respeto a la Identidad colectiva de los aragoneses. No, porque la política es precisamente el acto de apropiación, o de “asunción” de asumir, de lo colectivo. No es por eso… Las esencias políticas del aragonesismo, la Identidad aragonesa, el aragonesismo en todo su extensión se encuentran huérfanas de representatividad política; como quien dice tiradas en la calle a la espera de que alguien se digne a recogerlas. El PP de Aragón, ni merece comentario, al contrario aún se recuerda su papel de quinta columna trasvasista. Es nacionalista sí, pero españolista, y lo es para recordar a los aragoneses que son españoles. Para el PSOE de Aragón no hay tal Identidad, como afirmó una vez alguno de sus máximos representantes, por lo tanto no pueden, ni deben se sentirse legitimados para administrarlo. El PAR nunca ha ido más allá del antitrasvasismo, del agua, de lo agrario y lo local. No ha entendido nunca el aragonesismo más que como un  folklore político. Chunta se regocija en la ambigüedad del termino aragonesista: quiere parecer, pero de facto no lo es. Le fue útil para coger fuerza, pero el tiempo ha demostrado que, por lo menos su dirección, nunca lo buscó realmente y lo poco que tenía se lo sacó de encima en su viaje a ninguna parte de convergencia con el PSOE.

Para hacer política aragonesista hay que tener esa virtud política de asunción de la Identidad del colectivo, de lo aragonés, presentarse así a la ciudadanía y actuar en consecuencia y categóricamente en la actividad y el programa político. Han sido 25 los años perdidos en la práctica de una política camaleónica y vergonzante de alianzas con las fuerzas centralistas, que ideológicamente y de facto rechazan activamente lo identitario de Aragón, como reacción a cualquier analogía posible con la situación política de Euskadi o de Cataluña y que han esclafado el aragonesismo político por ahogamiento y con la ayuda interesada de aragonesistas asimilados a los que se les ha pedido que suelten el “lastre” de la Identidad, que marginen a los que la sostienen, y acepten las “bondades” del sistema. Una auténtica política aragonesista es hoy utópica en Aragón, porque nadie se plantea la ineficacia, el agotamiento y la corrupción en cuanto al diseño del propio sistema político de Comunidades Autónomas que reproduce el modelo estandarizado de la Constitución española: Un corsé que condiciona los límites y los alcances del aragonesismo y que fundamentalmente niega a los aragoneses no sólo su identidad política, sino también su identidad cultural. Pero a fin de cuentas no radica sólo ahí el problema: Hay una imposibilidad técnica para hacer una auténtica política aragonesista que radica en el fraccionamiento del aragonesismo social, la falta de preparación ideológica, la imposibilidad de coordinar los diferentes aragonesismos, la excesiva individualización del asociacionismo, el divorcio de la cultura oficial con la identitaria, el complejo de inferioridad y el hecho de no poder plantear un frente común ante la política oficial. El cosmos identitario aragonés no puede ejercer de grupo de presión. Más bien presenta profundas brechas y puntos de vista radicalmente opuestos; lo que permite una acción de inhibición de la política aragonesa, en la cual los que gobiernan en Aragón se complacen y se instalan en el no hacer nada por la Identidad, evitando así abrir nuevos frentes políticos que puedan ser gestionados por otros partidos. Tal es la aberración del sistema y en ella llevamos 25 años…

La Identidad no puede estar siempre en discusión y hay que elevarla al rango de valor y de virtud política y este es el objetivo de Estau Aragonés. O se puede creer más o se puede creer menos en ella, pero hay que acabar en Aragón con este planteamiento suicida: La política oficial no cree en absoluto en ella. Si no fuera así, si yo me equivocara, no estaríamos 25 años después aún pendientes de una ley de lenguas, que debería haber quedado resuelta en la primera legislatura de las Cortes de Aragón.

Estau Aragonés plantea a la sociedad aragonesa una ruptura democrática de ese sistema. Se refunda este partido histórico para asumir el aragonesismo político de más avanzado alcance, para vindicar lo aragonés en la política de una vez por todas y para dar a “lo aragonés” en sentido extenso carta de naturaleza institucional que permita su desarrollo y su proyección social. Un camino propio de Aragón a la plenitud nacional, donde no le impongan una identidad política y cultural basada en una supremacía legal-constitucional sobre su identidad de Pueblo.

La Identidad es considerada por los políticos aragoneses como un elemento menor de la política, pero no lo es. No lo es ni en Galicia, por ejemplo, donde gobierna un partido españolista. Y tampoco depende de la amplitud o la fortaleza del fenómeno, 50 mil hablantes del aragonés frente 1,2 millones de habitantes. La Identidad es un elemento categórico de nacionalidad, de existencia y de esencia, de orígenes, de permanencia y de futuro, de conocimiento. Es de obligación aportarlo a la política y de darle prioridad. Bien vale que algunos asumamos su defensa… Aunque mejor sería que lo hicieran todos. No pretendemos monopolizarla.

 

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