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La comarca como alternativa política a la provincia en Aragón.

mapa425_591En Estado Aragonés seguimos creyendo que “la unión hace la fuerza” y que hubiese sido mejor para Aragón acudir a las elecciones municipales y autonómicas de la mano de CHA, pero la mayoría de ese partido considera que “la mezcolanza les debilita” y han considerado mejor ir en solitario. Ello nos impele a desarrollar nuestra propia estrategia política de manera independiente, y así hemos decidido centrarnos en las elecciones municipales.

En EA pensamos que la desaparición de las tres diputaciones provinciales, en que se encuentra dividido Aragón, y el fortalecimiento de las comarcas así como de la DGA, es fundamental para democratizar la estructura institucional del país. Las provincias no encajan en la estructura territorial de Aragón y son muy caras, para el escaso servicio que prestan tras su progresivo vaciado competencial; los 77 diputados provinciales aragoneses “no se ganan el jornal” por decirlo pronto y mal, sus asesores tampoco, y el conjunto de los funcionarios podrían pasar a la DGA o las comarcas tranquilamente. Eso sí, se acabaría una saneada fuente de financiación indirecta de los partidos políticos institucionales, que es, en el fondo, lo que mantiene vivas a estas instituciones decimonónicas.

No es difícil acabar con las diputaciones provinciales aragonesas, bastaría con una Ley Orgánica aprobada en las Cortes Generales que decretase que Aragón es una Comunidad Uniprovincial y que las competencias, propiedades y personal de las diputaciones provinciales aragonesas pasan a integrarse en la DGA. Pero sabemos que hoy por hoy esto, siendo posible, es irrealizable: los partidos no sólo viven del dinero provincial, sino que las provincias son la base territorial del Reino de España desde 1834, eliminar las provincias aragonesas sin duda abriría un debate que debilitaría el poder de la burocracia centralista y oligárquica que, junto al capital financiero e industrial al que está firmemente vinculada por lazos familiares, políticos y económicos, domina el Estado y el Mercado.

La manera de forzar el debate será boicotear la asistencia a las diputaciones provinciales: los diputados provinciales de EA no tomarán posesión de su cargo, ni siquiera se reunirán los concejales de EA para elegirlos. Esto sin duda generará, en su día, un gran escándalo: nunca ha habido un partido que, habiendo obtenido representación en una diputación provincial, sus concejales hayan renunciado a acudir a la convocatoria de la Junta Electoral para elegir a su diputado provincial. Será una manera de llamar la atención, pero si no está maduro el proceso para abrir el debate en las Cortes Generales, quedará en una simple conmoción pasajera. Así sería si obtuviésemos esa representación en estas elecciones, en las Zonas Electorales donde nos presentamos, aunque somos conscientes de que es altamente improbable que suceda.

Así en EA, siguiendo nuestros principios autogestionarios, hemos decidido impulsar “candidaturas municipales comarcalistas antiprovinciales”, para comenzar el cuestionamiento de las diputaciones provinciales desde abajo, desde el municipio como base electoral y la comarca como alternativa a la provincia. Sin embargo, este año tan sólo se han dado las condiciones para presentar un proyecto así en la comarca de Tarazona y el Moncayo: las candidaturas que logren presentar los compañeros y compañeras en su comarca se elaborarán desde el estricto principio de Autogestión: la estructura nacional del partido tan sólo prestará su apoyo y, en todo caso, podrá asesorar sobre qué hacer en cada momento, pero todas las decisiones serán tomadas por la asamblea comarcal de militantes y simpatizantes de EA y de quienes se adhieran a ella como independientes. La elaboración de las listas y de los programas, el diseño de la Campaña Electoral será cosa suya, para tener el apoyo de Estado Aragonés como organización, tan sólo han debido cumplir dos condiciones obvias: que su programa se encuentre en las amplias coordenadas ideológicas del “aragonesismo progresista” y que la candidatura sea radicalmente comarcalista y antiprovincial.

Sólo el fortalecimiento de la comarca aragonesa como alternativa a la diputación provincial podrá acabar con ésta, y eso sólo podrá hacerse trabajando desde la base, con paciencia y respeto por la idiosincrasia de cada comarca.

Nos espera un largo y duro trabajo de compleganzas comarcales en los próximos años.

Rafel Fleta

Secretario de Organización

Estado Aragonés.

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Juan de Lanuza, la crisis y las Diputaciones Provinciales.

     El próximo 23 de diciembre, Estau Aragonés, con el resto de colectivos y personas que nos agrupamos en la Religada Nazionalista, haremos un sencillo homenaje a Juan V de Lanuza “El Mozo”, Justicia de Aragón en 1591, ejecutado por las tropas extranjeras al servicio del Rey, por defender los Fueros y Libertades de los aragoneses.

     Aquella derrota fue dolorosa, pero no significó la desaparición de Aragón como Estado, nuestros antepasados se vieron sometidos al Rey, en un proceso de formación de una monarquía absoluta, pero aún mantuvieron sus Fueros como Constitución Política. Es sabido que no fue hasta la victoria bélica del Borbón en la llamada “guerra de sucesión”, en la época conocida como “Guerra del Francés”, en que un Felipe V sostenido por tropas francesas, abolió casi todo nuestro ordenamiento jurídico y político. El Derecho Civil no, pues no fue capaz de afrontar la generalizada desobediencia de los aragoneses ante su política genocida.

     Pero el Reino de Aragón siguió saliendo en los mapas y aún nuestros antepasados, en la conocida entonces como “Segunda Guerra del Francés”, después bautizada por el nacionalismo español como “guerra de la independencia” se organizaron, eligieron Cortes de Aragón y enviaron sus diputados a Cádiz a elaborar la primera Constitución Española.

     Sin embargo, este evidente acto de autodeterminación política fue ahogado por los burócratas de Madrid, que no sólo no reconocieron ningún derecho político a Aragón, sino que, en 1833, dividieron a nuestro viejo Reino en tres provincias, meras administradoras de nuestro territorio, subsumido en un Reino de España centralizado.

     Hoy Aragón vuelve a existir políticamente como Comunidad Autónoma, y por muy insatisfactorio que nos resulte, hay que reconocer que ha significado un hito en la historia de Aragón, una mejora considerable en todos los aspectos.

     Pero ante la crisis que vivimos, la más profunda depresión desde los años 40, se han alzado voces en Madrid que culpan a “las autonomías” del déficit público y reclaman una recentralización del Estado. Obviamente, Estado Aragonés no va a caer en la trampa de, por pedir el programa de máximos, renunciar al de mínimos. Igual que reclamamos la soberanía para el Pueblo Aragonés, defenderemos la actual autonomía, por insuficiente que nos parezca.

     Pero hay un hecho cierto: la burocracia significa un gasto inasumible. Comenzando por la increíble cantidad de cargos de libre designación que dependen del Gobierno de España ¿Cómo es posible que hoy, que las competencias en Sanidad y Educación están totalmente trasferidas a las Comunidades Autónomas, haya más Directores Generales, Subdirectores Generales y asesores varios en esos Ministerios que hace 25 años cuando todavía gestionaban la mayor parte de esas competencias? El Gobierno de España, y sus monaguillos de la derecha, ha de ver la viga en el propio ojo antes de hablar de la paja en el ajeno.

     Pero a pesar de ello, hemos de ser conscientes de que en Aragón se pueden hacer cosas para disminuir drásticamente la burocracia sin que se vean resentidos los Servicios Públicos y que además signifique un avance de la Democracia. La medida es sencilla: convertir a Aragón en una Comunidad Uniprovincial.

     Esta idea no es nueva, de hecho, entre 1813, en que se aplica la Constitución de Cádiz, y 1833 en que se aplica la definitiva división provincial, Aragón funcionó como una provincia. Pero en Madrid decidieron que había que hacer muchas provincias: así habría más burócratas y el caciquismo sería un buen sostén para la oligarquía. Así nos va.

     ¿Qué conseguiríamos con un Aragón uniprovincial? Para empezar las tres Diputaciones Provinciales, con su casi centenar de diputados entre las tres, y sus cientos de cargos de libre designación, desaparecerían. Los funcionarios serían absorbidos por la DGA, así como el patrimonio de éstas y también la partida finalista del Ministerio de Admón Pública para subvenciones a Aytos. Así mismo, Aragón pasaría de elegir 13 diputados (7 en Zaragoza y tres por Huesca y Teruel) a elegir tal vez 10 en todo Aragón: el porcentaje para obtener diputado en las Cortes Generales bajaría de un 12% a tal vez un 8%. El ahorro en millones de euros anuales sería notable.

     ¿Qué perderíamos? Perderíamos tres nidos de caciques, que es en lo que han sido siempre las diputaciones, aunque ahora ocupadas por los partidos políticos: unas instituciones que no se eligen por sufragio universal y que