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El futuro del azud del Ebro en Zaragoza

azudebroAnte el proceso de debate que se ha abierto entre la ciudadanía y el Ayuntamiento de Zaragoza, con motivo de la avería de una de las compuertas del “Azud Manuel Lorenzo Pardo” sobre el río Ebro, desde la colla de Medio Ambiente de Estau Aragonés (EA) queremos realizar una serie de reflexiones y aportaciones ante este apasionante debate en el que, ciertamente, pocos ciudadanos permanecerán indiferentes. Por una parte, desde EA queremos precisar que, en nuestra opinión, nunca se debería haber construido este azud en el curso del Ebro durante la celebración de la Expo 2008. Entendemos que las características de este río mediterráneo deberían originar, como muchos expertos manifiestan, una rigurosa gestión de su entorno hídrico y natural, con una apuesta firme por la conservación y la adaptación a su dinámica fluvial, con una devolución paulatina del espacio vital que el río necesita, no solo en Zaragoza, sino de forma integral en todo su curso.

Creemos además que el azud del Ebro en Zaragoza es una infraestructura fallida que, a pesar de su coste (25 millones de euros), no era necesaria para lograr los principales objetivos con los que se justificaba: integración urbanística del río en la ciudad, adecuación de las riberas y uso lúdico y deportivo del río y sus riberas; existen y existían un gran abanico de posibilidades para lograr el acercamiento de los ciudadanos al río sin el azud, muchas de ellas planteadas por las asociaciones vecinales y ambientalistas durante los procesos de participación previos a la elaboración de los sucesivos Planes de Riberas antes del Proyecto de la Expo 2008.

Pronto se desestimó la central hidroeléctrica que en un principio iba a dar cuantiosos beneficios y permitiría financiar el mantenimiento del azud, la cual ENDESA, tras realizar sus propios estudios,  renunció a financiar y construir por considerarla de “dudosa rentabilidad”. Tampoco parece haber prosperado el “proyecto pionero de generación de energía limpia” que en 2014 trataron de impulsar el Ayuntamiento y el grupo AGBAR, concesionario del mantenimiento del azud (Heraldo, 21/3/2014).

Más tarde se vio que la cota del nivel del agua que se había establecido para evitar las afecciones del azud a los garajes de Vadorrey y a los cimientos de la Seo y de la Basílica del Pilar (189,67 m; 50 cm por encima de la solera del Puente de Piedra), era insuficiente para permitir una navegación del Ebro sin problemas entre Vadorrey y Ranillas, por lo que no solo hubo que actuar rebajando la solera del puente, sino que el Ayuntamiento se vio obligado a realizar continuos dragados del cauce para garantizar la circulación de los barcos turísticos, con un importante coste para las arcas municipales (que en principio iba a ser de 15.000 euros anuales y que al final, entre 2009 y 2015, supusieron más de 600.000 euros).

Finalmente, cuando la sociedad Zaragoza Desarrollo Expo se hizo cargo de la gestión y mantenimiento del azud en 2014 empezaron a detectarse diversas deficiencias técnicas que afectaban a su  funcionamiento  y gestión y que fueron objeto de un duro cruce de acusaciones en el Ayuntamiento entre PP y PSOE, las cuales fueron minimizadas por el entonces equipo de gobierno y de cuyos informes hoy nadie se acuerda.

Resumiendo, el azud Lorenzo Pardo tiene más que ver con a los intereses urbanístico-especulativos que “movían” la política durante el periodo Expo y cuya finalidad era nutrir con dinero público negocios privados mediante proyectos de construcción y gestión de edificios e infraestructuras algunos de los cuales hoy consideramos totalmente prescindibles.

Pero, una que vez que ya nos encontramos con él construido y que lo tenemos averiado averiado. ¿Qué hacer?.

En este sentido existen cuatro posibles escenarios de futuro que conviene debatir:

-1. Su desmantelamiento completo. Se trata de una acción muy costosa que ya ha encontrado oposición entre algunas grupos municipales del Ayuntamiento (PP, PSOE y Ciudadanos instan a una reparación inmediata de la infraestructura), algunas asociaciones de vecinos y entre sectores ciudadanos vinculados al uso deportivo que el azud proporciona (remeros, piragüistas, etc).

-2. Eliminación de las compuertas del azud como una forma de evitar costosos mantenimientos para los ciudadanos. El azud pasaría a convertirse en una simple pasarela o puente peatonal entre los barrios de Las Fuentes y Vadorrey. Se trata de una acción menos costosa que la anterior.

-3. Reparación y mantenimiento de la funcionalidad del azud con sus compuertas. Esto requiere un importante ejercicio ciudadano y político que asuma los verdaderos costes de mantenimiento anual del azud. Igual que una compuerta se ha averiado, le puede pasar al resto.  Los ciudadanos deben conocer el coste del mantenimiento del azud y decidir si la ciudad puede permitírselo y ha de ser costeado como un equipamiento más.

-4. Finalmente, existe una cuarta opción, construir la central eléctrica proyectada en su inicio. Parece que nadie la ha planteado en el debate actual, pero ya hemos visto que algunos la guardan en la recámara .

Ante el debate que se plantea, la posición de partida de Estado Aragonés es la que sigue:

Apostamos por una de las dos soluciones intermedias. Actualmente la principal justificación del azud parece ser la deportiva ligada al Ebro. Si tras un proceso de participación ciudadana –más allá de las comisiones de expertos cuyo designación, representación y funcionamiento es manifiestamente mejorable en un escenario democrático–, se considerara que el impacto del azud es mínimo y se decidiera repararlo y mantener su funcionalidad, asumiendo sus costes de mantenimiento como en cualquier otro equipamiento o instalación urbana, en EA comprenderíamos el propósito de esta decisión, pero pediríamos que quien más se beneficia de ello (los clubes deportivos) contribuyeran con un canon, al igual que hace cualquier otro club deportivo en todas las instalaciones municipales.

Si no se encontrara ese consenso, la opción de EA pasaría por dejar el azud como un puente-pasarela, la auténtica función que realiza en la actualidad. Recordemos que los deportes fluviales ligados al remo y la piragua existían antes de la construcción del azud aguas arriba del Puente de Piedra.

Finalmente, el debate sobre el futuro del azud debe servir para elevar el nivel de exigencia y responsabilidad ecológica y económica de la ciudadanía y de los políticos, demasiado centrados en análisis localistas que pocas veces responden al nivel de complejidad de un río que, antes de su entrada en Zaragoza, lleva muchos kilómetros recorridos y, después, aún le quedan otros más hasta su desembocadura, con su régimen, bagaje y dinámica. Resulta preocupante que  los defensores del azud reconozcan casi diez años después de su construcción que en todo caso las modalidades de gestión deberían tener en cuenta un análisis económico y sociológico minucioso, junto con los aspectos ambientales basados en la medición y análisis de los parámetros físicos, químicos y biológicos del agua, y el seguimiento de la geomorfología, flora y la fauna”, y que se podría mejorar la gestión del agua analizando “la viabilidad de una reducción notable de la duración de cierre de las compuertas, especialmente si se apreciara un ascenso significativo de la temperatura del agua y de la eutrofización” (F. Pellicer, el Periódico de Aragón, 25/6/2017). Se afirma que no hay acumulo de gravas agua arriba de las compuertas, pero se protesta por la aparición de isletas, se dice que la retención de agua no influye en su calidad, pero se observa una proliferación de macrófitos y los siluros ya se pueden pescar en el Puente de Piedra).

Una vez más la improvisación parece prevalecer sobre la planificación. Cada uno se mueve según sus intereses movilizando a sus partidarios y sin dar tregua al contrario. La reflexión debería ayudarnos a todos. La precaución y el estudio, frente a unos procesos naturales que conocemos mal y no podemos controlar, son fundamentales si queremos convivir con este fascinante ente natural y vivo que es el río Ebro.

Consello Nazional

Estado Aragonés

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La Locura del Azud

Azud del Ebro

Azud del Ebro

Este invierno ha sido más húmedo de lo normal. Como consecuencia, el Ebro baja crecido y en las últimas semanas ha tenido varias puntas de riada, que no se pueden calificar de extraordinarias pero que han obligado a romper algunas motas de las que contienen el Río, inundando campos para evitar afecciones a zonas habitadas.

Como consecuencia se ha reabierto el eterno debate entre quienes demandan “limpiar el río” y quienes hacen hincapié en que la ocupación de las zonas inundables tienen estas consecuencias.

Desde luego, hay algunas zonas que no se deben dragar por las afecciones al medioambiente, pero en realidad son relativamente pocas. El auténtico problema del dragado es su precio: 200.000 EUR el km. Lo que lleva a plantear el hecho de que permitir la inundación periódica de algunos campos es más barato en indemnizaciones que el dragado anual del río.

A parte está el fenómeno de la ocupación de zonas inundables para usos urbanos. Es una práctica que no sólo debe acabar, sino que debe revertirse. Los chalés construidos en zonas inundables deben ser demolidos.

Pero hay una actuación reciente que es especialmente sangrante y simbólica: el llamado “Azud del Ebro” en Zaragoza. Una auténtica chapuza.

Comenzó como una obra “ecológica”, en el contexto de la “Fiebre Expo”, que iba a tener su propia central eléctrica e iba a crear una lámina de agua hasta Ranillas, pero los estudios técnicos demostraron que un pantano en el Río crearía problemas en las bodegas y garajes de los vecinos, así que hubo que reducir el proyecto, quitar la central eléctrica y reducir la altura: la lámina de agua llegaría tan solo al Puente de Piedra.

Los vocales nacionalistas de la CHA en las Juntas de Distrito de la Margen Izquierda y de las Fuentes denunciaron el hecho y reclamaron al Ayto. la renuncia al Proyecto, pero Antonio Gaspar, obnubilado por el pelotazo financiero-urbanístico de Arcosur, necesario para hacer la Expo, , los ignoró y despreció, prefirió echarse en brazos del sueño megalómano del PSOE de Belloch.

Alguien tendrá que explicar algún día, también, porqué el hasta entonces dinámico movimiento ecologista zaragozano se mostró tan dubitativo en este asunto, hasta acabar mostrando su inanición actual. Alguna idea tenemos, pero eso será asunto de otro artículo.

El caso es que hoy el Ayto. de Zaragoza se gasta una suma de escándalo anual en dragar el Río para que sus ruinosos barquitos hagan ridículos viajes de vacío entre la presa y la abandonada Expo. Como contraste, a los ciudadanos de la Ribera del Ebro se les niegan los dragados.

Toda la Ciudad de Zaragoza debe reflexionar sobre este asunto. Es necesario que asuma su condición de Capital de Aragón dando ejemplo y eso pasa por dejar de dragar el Ebro. Pero eso genera un problema: el “Azud” ralentiza la velocidad del agua, incluso cuando está abierto, lo que provoca la deposición de sedimentos y por tanto la elevación del nivel del Río. Cada vez hace falta que pase menos agua por Zaragoza para que peligre su población, y cada vez es más necesario romper las motas aguas arriba para evitar la inundación de la ciudad.

Se hace imprescindible una actuación definitiva que signifique la demolición del Azud y la vuelta a la situación pre-Expo. Tan imprescindible como una reflexión colectiva y pública tanto del movimiento ecologista como de la izquierda aragonesa de porqué se ha llegado a esta situación.

Porque hoy en Zaragoza, igual que hay un pantano inútil y peligroso, tenemos una torre hueca, un puente con una casa encima, un teleférico, un circuito de aguas bravas, un parque “metropolitano” tan gigante como vacío y una urbanización ruinosa entre las ruinosas: Arcosur. Y todo construido al albor de la locura de la Expo 2008, impulsado por la izquierda en el gobierno y aplaudido por los grandes dirigentes ecologistas del momento en la ciudad.

R. Fleta.

Secretario de Organización de Estado Aragonés.

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