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Muerta la Tatcher, ¿muerta la rabia del neoliberalismo?

 Ha muerto Margaret Thatcher, la “Dama de Hierro” del neoliberalismo. La izquierda recuerda amargamente su papel en la demolición del Estado del Bienestar británico. Pero nadie parece preguntarse cómo pudo ganar tres elecciones seguidas el Partido Conservador con ese programa. Y sobre todo cómo pudo, trasgrediendo todas las leyes keynesianas, impulsar el sacrosanto crecimiento económico, objetivo áulico de la socialdemocracia desde Keynes:

http://www.youtube.com/watch?v=mk6vgZGdar8

Realmente, en 1979 “Keynes había muerto”. Su Teoría General basada en el manejo de la Demanda Global como solución bien a los problemas de inflación bien a los problemas del desempleo, no servía ante la crisis del petróleo de 1973. Un nuevo problema surgía del desarrollismo: el de la gestión de la energía.

Las fuerzas conservadoras combinaron lucha geoestratégica por el control de las fuentes de energía con políticas microeconómicas de rigor presupuestario.

El hecho es que la socialdemocracia, centrada en las variables macroeconómicas, había despreciado un asunto tan básico como el rigor presupuestario. Eso había llevado a convertir al Estado en un conjunto de estructuras insostenibles.

Desde la izquierda comenzó a pensarse en el desarrollo sostenible y teorizar sobre las energías renovables, pero ya era tarde: los neoliberales se habían hecho con el poder, y con el discurso del rigor presupuestario, la “ética del trabajo” y la necesidad de gestionar bien las empresas nos impusieron unas políticas económicas basadas en “la moderación salarial y flexibilización laboral” que la propia socialdemocracia aplicó con entusiasmo en vez de pensar en una alternativa.

Mientras, el bloque soviético desapareció y se convirtió en un nuevo mercado hacia donde expandir el capitalismo, los neocón “alucinaron” con el final de la Historia, cumplieron el viejo vaticinio marxista del capitalismo global, y se creyeron que podrían inflar su burbuja eternamente, la socialdemocracia se adaptaba con la teoría de la “Tercera Vía” de Toni Blair, una especie de “neoliberalismo de rostro humano” y el resto de la izquierda justo tenía fuerzas para impulsar políticas de resistencia contra la globalización.

Hoy sabemos que el crecimiento no era eterno, que las burbujas especulativas explotan, que los ciclos de Schumpeter son reales y que las propuestas keynesianas no estaban muertas. Pero si la izquierda no aprende la lección de la derrota que nos infringieron políticos tan autoritarios como criminales (recordad a la Contra nicaragüense o el hundimiento del General Belgrano en Malvinas) como Reagan y Tatcher, no habrá servido de nada. ¿Qué errores cometió la izquierda de los años 60 y 70 para que el neoliberalismo haya triunfado, y lo que es más doloroso, funcionado, durante 30 años?

Rafel Fleta

Consello Nazional

Estau Aragonés.

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Menos consumo y más calidad de vida

La recesión económica anunciada en el 2008, y declarada en el 2009, no va a ceder en el 2010. Y el paro, el principal efecto pernicioso de la crisis, sigue en aumento en los países más desarrollados. La lluvia de millones que los gobiernos han concedido a los organismos financieros y a los planes de empleo locales, son parches que han solucionados aspectos concretos como dotar de liquidez (cash) al sistema, sobre todo a los consejos de administración de los bancos y afortunadamente a las familias también, pero que no ha logrado frenar la crisis. Hace tiempo que los gobiernos perdieron la capacidad de influir decisivamente en el capitalismo, por ejemplo, nacionalizando la banca o tomar el control de los servicios básicos o incluso de ciertas industrias clave.

 

Se comenta en los mentideros económicos que, ante el miedo de que la situación empeore, hay economías familiares que lo hacen (eso habría que verlo), y que eso hace crecer la tendencia recesiva de a menos consumo, menos producción y  por tanta menos inversión. ¡Hay, que tiempos aquellos en que había créditos al consumo hasta para comprara una tostadora!. Está claro que falta el lubricante que ha movido a la economía capitalista de principio de siglo, el dinero corriente, fluyente y “emergente”, los bancos ya no “lo regalan” y “papá Estado” que una vez te regaló 400 €, ahora te los va a quitar y además con intereses. ¡Si llego a saber que eran un préstamo envenenado, no los cojo!, deben pensar muchos.

 

Los gobiernos con sus programas de ayudas millonarias en efectivo para el mantenimiento de la estructura y el funcionamiento del capitalismo actual, lo que han conseguido es aumentar peligrosamente el endeudamiento público, sin alcanzar el objetivo buscado. Si tú metes dinero contante y sonante en el sistema como hace el Estado lo único que consigues es subir los precios, por lo que el principal mecanismo para la reactivación económica, precios bajos e innovación tecnológica, queda bloqueado. Esto es lo que pasó con el mercado inmobiliario y lo que pasará en el del automóvil subvencionado. Se dejó la promoción pública de vivienda como testimonial y se insufló dinero en el mercado privado de vivienda con ayudas y subvenciones que aumentaron el beneficio de los promotores. La vivienda cara atrajo capitales especulativos. El resto de la historia ya la conocemos. Con  la subvención a la compra de coches lo que se consigue es que se vendan y se fabriquen los mismos artilugios automotrices de alto coste medioambiental y la industria no apueste por una renovación tecnológica que implique la total o parcial supresión de los combustibles fósiles. Claro está que todo lo que implique que el Estado proporcione directamente vivienda o tome el control de servicios rentables transferidos a la iniciativa capitalista o se meta en las decisiones de las empresas entra en el rango de la abominación más absoluta para el orden capitalista.

 

Pero es importante entender además, que el problema no parte solamente de los excesos financieros. Una causa de esta crisis de crecimiento de la economía productiva, es el encarecimiento y la escasez de  materias primas y el agotamiento de los recursos naturales, que el capitalismo ha estado expoliando y malgastando las últimas décadas. El sistema capitalista de producción y consumo sólo se podía sostener mientras sólo estuviera al alcance de algunos millones de europeos occidentales, junto con otros varios millones de norteamericanos y canadienses, algunos japoneses, australianos y sudafricanos, dejando fuera de los beneficios del sistema al resto de la Humanidad. Hoy hay muchos (cientos o miles de millones) que quieren acceder al consumo de toda clase de aparatos ineficientes, a repostar el vehículo o a tener contador de luz y de gas. Economías enteras como la de China o la de los Estados Unidos volcadas en un modelo consumo irracional de energías no renovables del que no piensan abdicar.

 

Paradójicamente, la crisis a conseguido algún éxito beneficioso, sin proponérselo. La quema de combustibles fósiles se ha reducido, aunque temporalmente. Lo que puede pasar es que cuando la economía capitalista se recupere, se volverá al régimen de consumo anterior y una gran cantidad de recursos se volverán realmente escasos: del petróleo dicen que queda para 20 años, otros combustibles fósiles son más abundantes, pero su consumo implicaría graves consecuencias medioambientales, las materias primas para la industria, los fertilizantes para la agricultura, las tierras cultivables, etc. Todo se agota. La conclusión es que no se puede crecer indefinidamente en un planeta de recursos finitos.

 

El modelo de crecimiento capitalista, sus sistemas productivos y consumistas están llevando al agotamiento del planeta, todos los países están implicados por esa interconectividad comercial, productivo y financiera del capitalismo actual. Aquella globalización que tan bien nos pintaban desde los círculos económicos, los profesores de economía de algunas reputadas universidades del primer mundo, financiados desde la iniciativa privada, ha revelado su autentico aspecto: el problema global al que el capitalismo ha sumido no sólo a la Humanidad sino al mismísimo planeta a su destrucción.

 

Hemos de cuestionarnos es sistema productivo, estas industrias y sus cadenas de montaje, que fabrican cualquier objeto aunque no haya potenciales compradores, de que se acumulen enormes montañas de stocks de objetos inservibles e ineficientes. Tenemos que romper el círculo vicioso de fomentar el consumo, para que aumente la producción, para dar sensación de “nivel de vida“, a través de una economía participativa, democrática, en función de la sociedad, con una formulación de derechos económicos fundamentales, con la prestación directa productos y servicios, minimizando la intermediación financiera privada; una economía implicada con el medio ambiente. No fabricar nada que no se pueda reciclar. Crear una auténtica industria del reciclaje, etc., etc. Tenemos en definitiva que crear otra mentalidad respecto a la producción y el consumo, quitarle a la economía la ideología del derroche. 

 

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