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Alcuedo d’E.A. respecutibe á l’ortografía de l’Aragonés

Alcuerdo d’Estau Aragonés respeutibe de lo uso ortografico en luenga aragonesa.

Agora mesmo, en luenga aragonesa se fan serbir cuatro ortografías: a castellano-española, de tradición dialeutal dende finals de o sieglo XIX; a de o Congreso de 1987, de tradizión dende 1962; a propuesta por a SLA dende 2007 y a propuesta por o EFA dende 2009. Estau Aragonés considera que todas ellas son lechitimas.

Ta 2011, cumplindo-se a Lei de Luengas, se trigó l’Academia de a Luenga Aragonesa. Estau Aragonés reconoxe incondizionalmén l’autoridá lingüistica d’iste organismo y aspera que antis con antis aprebe unas normas ortográficas definitibas.

Entremistanto que l’Academia de a Luenga Aragonesa prene a suya decisión, Estau Aragonés alcuerda fer serbir a ortografía de o Congreso de 1987 como ofizial ta os suyos documentos internos y esternos. En todas as plataformas sozials u políticas conchuntas que i partizipe, EA propondrá que en os testos en aragonés se faya serbir ista ortografía, pero asumirá l’alcuedo de a mayoría de as entidaz que bi sigan.

 

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POSICIÓN POLÍTICA DE ESTADO ARAGONÉS ANTE LA “CUESTIÓN ORTOGRÁFICA”

La posición política de E.A. ante la “cuestión ortográfica” ha de ir encaminada a promover una solución definitiva: el empleo de una única ortografía para la Lengua. Hemos de terner en cuenta los dos “escenarios” en los que se dirime la cuestión:

El ámbito público.

La Ley de Lenguas:

Más allá de apuestas personales y grupales respecto de la cuestión ortográfica, el primer elemento real que afecta a la situación de la Lengua, y que puede generar consenso en el tema ortográfico, es la promulgación de la conocida como “Ley de Lenguas”. (Las apuestas  son propias de las opiniones-opciones basadas exclusivamente en las emociones e intuiciones, sin intervención relevante de las razones –sí de las justificaciones- y pretenden solucionar el conflicto por medio del triunfo de una de las opciones haciendo valer, para ello, la dinámica de la guerrilla, en lo social y en lo poltícto; para ganar la guerrilla planteada, se hacen valer fes, emociones, intuiciones y justificaciones diversas, siempre interesadas y a la luz de dogmas diversos y caprichosos),

Hemos de tener en cuenta que el verdadero triunfo del proceso social, propiamente aragonés, es la consecución de una Ley de Lenguas, herramienta indispensable para la supervivencia de nuestra Lengua. La  Ley mandata la creación de una Academia oficial ex-novo, por lo que la posición de E.A., ante todo, ha de ser la de exigir la aplicación de la Ley de Lenguas y la de una política pro Lengua Aragonesa por parte de la futura Academia oficial nacida de dicha Ley. Si la Academia oficial no se constituyera o desarrollara un política lingüística contraria a la ‘Lengua’, deberíamos esperar del movimiento social  la articulación de un escenario en el que finalmente se llegase a un consenso definitivo.

El ámbito social. El conflicto ortográfico en el seno de la sociedad aragonesa:

Hemos de reconocer y enfrentarnos a la exitencia de un conflicto social en torno a la Lengua en lo que se refiere a la “cuestión ortográfica”. Diversos “agentes socioculturales” aragoneses presentan y enfrentan opciones irreconciliables por las que apuestan sin solución de consenso social posible. E.A. ha de ayudar y contribuir a neutralizar y solucionar dicho conflicto. ¿Cómo?:

Recordemos que la lengua es, lo primero de todo, un hecho social y  la ortografía, por su parte, está dotada de un marcado carácter simbólico –sobre todo, por su impronta visual e histórico-cultural, de ahí lo enconado del conflicto-; por ello,  la realidad social aragonesa en lo referente a esta cuestión es particularmente dura y difícil. Un Partido socialista, autogestionario e independentista aragonés como E.A. ha de acercarse a la “cuestión ortográfica” buscando la legitimidad que dé un proceso social aragonés. En este sentido las ortografías nacidas de los Congresos, I y II, tienen la legitimidad de dotar, por primera vez en la era contemporánea, de una ortografía a la Lengua (fonológica en el caso del I y etimológica en el II)  y ello además como resultado de un proceso social; además, en el caso de la ortografía del I Congreso, se ha creado una tradición de más de treinta años en la que se ha escrito la mayor parte de la literatura moderna aragonesa: la solución es una cooficialidad provisional de las dos propuestas ortográficas.

Sin embargo, como partido socialista que ha de utilizar el método científico siempre (neutralizando la “dinámica de las apuestas” ), hemos de ser críticos en nuesto reconcimiento a dicho proceso de Congresos, pues:

-La ortografía  del  I Congreso  no fue reconocida por los hablantes chesos, ansotanos  y otros, entre otras causas, por la peculiaridad que supone su “imagen visual” fonológica; también hemos de recordar que el proceso del I Congreso ha sido criticado y cuestionado por el “dirigismo” llevado a efecto desde el C.F.A., dirigismo que fue una de las causas que provocaron la “crisis normativa” que generará el nacimiento de la S.L.A. y la convocatoria del II Congreso.

-La ortografía del II Congreso, por su parte, también cuenta con el desacuerdo de importantes sectores que se quedaron fuera del pretendido consenso, su aceptación actual no la convierte en la mayoritaria y, finalmente, la Ley de Lenguas emplaza a la creación de una Academia oficial ex-novo, por lo que no reconoce al Estudio de Filología Aragonesa como la Academia de la D.G.A. (objetivo declarado del II Congreso y del propio E.F.A.).

Sin duda, el proceso de Congresos adolece de una falta de una dinámica democrática sana que está en la base de su crisis.

-Otras dos ortografías empleadas en Aragonés también gozan de cierta legitimidad y uso:

-Ortografía castellana: tiene la legitimidad de que es la usada “tradicionalmente” por los hablantes patrimoniales y es la más práctica a la hora de su enseñanza en la escuela (lo que, dada la situación de la Lengua,  no es una cuestión menor que haya de ser sometida  ipso facto al “dogma identitario”,  por el cual debe ser rechazada absolutamente por no responder a ninguna tradición aragonesa); sin embargo, no deja de ser  la ortografía dialectal, es la ortografía española para los denominados “ dialectos históricos”, es decir, asturiano y aragonés (no obstante, es interesante señalar que el asturiano ha asimilado esa ortografía dialectal ya como lengua independiente, reconocida oficialmente, por razones puramente prácticas).

-La ortografía propuesta por la S.L.A. es razonable en lo lingüístico y responde a un sector generado por  la “crisis normativa” provocada, entre otras causas, por la mala gestión del I Congreso.  La ortografía de la S.L.A., por contra, no responde en su definición a un proceso social; en cualquier caso, su repercusión social es limitada, no va mucho más allá de ser la ortografía de la S.L.A.

Este análisis crítico nos ha de llevar a la tolerancia de cualquiera de los otros dos usos no cooficiales.

En cualquier caso, no hemos de olvidar que se trata de soluciones provisionales, porque la solución definitiva ha de venir “impuesta” por la Academia oficial, lo que deberá aplacar, definitivamente,  a los agentes socioculturales que apuestan por una u otra opción sin solución de consenso social.

El Estatuto de Autonomía

Finalmente, no hemos de olvidar que  la Ley de Lenguas, efectivamentre, ha supuesto un avance en el reconocimiento de nuestra Lengua; sin embargo la posción poltíca de E.A. respecto de la Lengua, globlamente, ha de recordar siempre el objetivo principal: el reconcimiento de la Lengua Aragonesa en el Estatuto y su declaración de Lengua nacional y oficial.

Colla de Triballo de Luengas d’Aragon

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Genealogía del “Marisismo” o la negación de la Lengua Aragonesa

¿Pero qué estaremos fendo ta fer-lis tanto a tana?

(¿Pero qué estaremos haciendo para molestarles tanto?)

 

No es nuevo. La práctica de la negación tiene un objetivo: la exclusión basada en algún prejuicio cultural, político o colectivo con el objetivo de erradicar algún elemento existente en la cultura, en la política o del género humano, en este caso “la Lengua aragonesa”. Pero lo más sorprendente es que la negación provenga de la Universidad, donde por formación se espera encontrar en sus docentes una impronta y una mente abierta para incorporar al saber toda nueva realización humana y no el dogmatismo académico de hace dos siglos. Un destacado miembro del Departamento de Filología española pide la exclusión del aragonés normativo como objeto protegido por la ley de Lenguas porque “no es una lengua propia”. Esta afirmación es indignante por excluyente y constituye la síntesis del desprecio de un sector de la Universidad al trabajo de elaboración de una norma común para el aragonés, por iniciativa de varias asociaciones de carácter privado. Sorprende el bajo nivel de racionabilidad en el argumento de la autora y, no existiendo un fundamento académico para tal opinión, debemos pensar que sacrifica el conocimiento y la razón a convicciones personales de tipo político y una trasnochada ideología pan-castellanista.

 

Nos referimos al artículo de Marisa Arnal Purroy, profesora titular de Lengua española de la Universidad de Zaragoza, publicado el 21 de enero de 2010 en el Heraldo de Aragón (http://www.unizar.es/prensa/noticias/1001/100122_z0_23.pdf) titulado “Nuestras lenguas”,  p.23. La profesora titular de lengua española se ha salido de su especialidad académica, se ha metido en los terrenos del debate político-legal (que nunca es neutro en cuestiones lingüísticas) y el resultado es el bodrio que ha publicado que ni es ni lingüístico, ni legal, ni jurídico ni nada. Sólo es la manera de expresar un prejuicio: quiere negar la “lengua aragonesa” pero como no ha encontrado argumentos lingüísticos ha intentado una reducción al absurdo de la cuestión.

 

Desde que Antonio de Nebrija tuviera la osadía (pues lo era allá por el Siglo XV) de escribir la gramática de una “lengua vulgar”, como se llamaba en su época al castellano, (algún eminente de entonces le diría “pero que haces, chalado”), los procesos de recopilación, unificación y normalización de las lenguas han sido constantes. Ignorar esto en una Universidad del siglo XXI es muy grave. La creación de estándares normativos ha sido una constante en nuestro entorno inmediato (de hecho el castellano que estudiamos lo es) y por el que han pasado también el vasco y el catalán. También es un fenómeno generalizado en Europa y el mundo entero en la medida que las comunidades de hablantes toman conciencia de sus lenguas, más aún con el acceso de nuevas naciones a la independencia o cuando menos a algún sistema de descentralización o de reconocimiento social. Es por tanto el proceso necesario de una lengua en las sociedades en que hay un fenómeno lingüístico asociado a la territorialidad, a la historia y a la identidad. Se da en sociedades avanzadas y cultas donde la pérdida de los referentes culturales y de sobre todo de la cultura asociada a la identidad no se admite.

 

La Universidad debería haber liderado el movimiento de unificación de la lengua aragonesa y darle lo único de lo que carecía, de oficialidad. Pero, ¿qué han hecho desde la Universidad en estos 30 años, o los 150 anteriores, lo mismo da? ¿Dónde está ese gran estudio o argumento de la Universidad que justifique no haber hecho nada? ¿Dónde hallamos la justificación a esa completa pasividad, cuando no de bloqueo activo, por parte de la cultura oficial, respecto al movimiento de unificación de la lengua aragonesa? Yo afirmo: en ningún sitio. Nada justifica el desentendimiento de la Universidad con un fenómeno de capital importancia que ocurre a menos de 60 Km. de Zaragoza. Una Universidad que por definición debería ser compendio de todo el saber de Aragón está contrariamente en la labor opuesta.

 

No hay razones científicas o académicas en contra de la unidad de la “Lengua aragonesa”, ni contra el trabajo de los que luchamos por una norma común. No, porque quien lo hiciera caería en el descrédito como persona de ciencia y es un riesgo que nuestros profesores no se atreverían a correr, ¿o sí?… Emplear argumentos científicos para negar una evidencia, sólo se lo pueden permitir los profanos, pero no quien hace de “el método” su modus vivendi. Negar el trabajo de todo un movimiento por crear un estándar, cuando todos sabemos que es un proceso por el que en algún momento de su historia atraviesan todas las lenguas (y del cual “la cultura oficial” se han automarginado), no se puede hacer desde posiciones académicas. Por eso sale nuestra profesora apelando cínicamente al “buen sentido”, todo para negar pan y lecho al este movimiento y excluir a la “lengua aragonesa” de la Ley de Lenguas.

 

Hay un error conceptual en el argumento, entre otros muchos. Para esta profesora referirse a “lengua aragonesa” es referirse al cheso, al ansotano, al chistavino”, es decir, “las verdaderas lenguas”, “o variedades”, “o modalidades”, “transmitidas de generación en generación”, etc., etc. considerada así en contra de lo que (siempre según su argumento) se entiende por algunos también como “lengua aragonesa” que ella denomina “neoaragonés”, “el aragonés normalizado”, “que no es una lengua propia” y que ella no comparte como hemos dicho. Sin embargo, desde el momento en que una serie dialectos los agrupamos bajo un nombre común, y ella lo hace, estamos creando un concepto es decir una forma de entender el conjunto y surge la necesidad de una norma común, por tanto, lo que ella pretende separar está objetivamente unido: a nadie se le ocurriría decir que la lengua castellana es sólo un conjunto de dialectos que se hablan en Andalucía, Aragón, Extremadura, Argentina o México, sin incluir  la norma culta estándar porque está continuamente reinventada por la RAE. La lengua castellana incluiría todo, los dialectos del castellano y la norma culta de las academias (que no es la que se trasmite “de generación en generación”, sino que se enseña en las escuelas). Nadie se atrevería a decir lo contrario. El argumento de al profesora no resiste pues la mínima comparación: “Lengua aragonesa” incluiría pues no sólo los dialectos aragoneses, si no también el estándar común por pura coherencia.

 

La profesora se mete en el intrincando mundo de la consideración político-jurídica de una lengua para construir su tesis y sorprende este camino que ha seguido, porque, como hemos dicho, fiarse de lo que dice una ley de una lengua  es una reducción al absurdo. Como muestra vale un botón: el art. 3.1. de la vigente Constitución dice: “El castellano es la lengua española oficial del Estado”. En técnica jurídica pues, la lengua oficial del Estado no puede ser el español, no solo porque la CE. denomina castellano a la lengua oficial del Estado, sino porque el resto de las lenguas también son consideradas “españolas”, siempre desde la perspectiva del texto constitucional, naturalmente. Por otra parte, vemos que le gusta suscribir como profesora titular de Lengua Española, dejándonos perplejos por declararse profesora de una lengua inexistente, por lo menos jurídicamente y en el Estado español ¿Posiblemente sea alguna modalidad o variante del castellano recientemente descubierta, que la profesora ha patrimonializado? Los argentinos y los mexicanos no le dan nombre en sus constituciones a la lengua que hablan (nombre de la lengua Ø). Me parece muy bien que quieran cortar con las reminiscencias españolas o pan-castellanas u otras denominaciones que les recuerden el imperialismo hispánico. En el Perú y Ecuador para fastidiar tampoco hablan la variante o la modalidad llamada español sino el castellano, pero son más generosos y el quechua, el aimará, el kitcwa y el shuar son cooficiales además de ser nombradas expresamente, lo cual es todo un reconocimiento directo a la cultura y la identidad indígena, algo que no pasa en el Estado español. Lo mismo pasa en Paraguay, castellano y guaraní. Rebuscando en las constituciones políticas de las Repúblicas de la América latina sólo Cuba, Panamá, Nicaragua y Guatemala denominan español a su lengua oficial. ¡Resulta curioso pues que Marisa imparta en Zaragoza clases de un idioma criollo que sólo se habla en América!. Bueno, ¡esto es una broma! Un divertimiento, que demuestra cuan fútiles y erróneas son las conclusiones que se sacan empleando los extravagantes argumentos de la profesora.

 

En resumidas cuentas: ¿Por qué nos intenta embaucar con este artículo? ¿Cuál es el trasfondo ideológico? Pues el trasfondo ideológico es quebrar la unidad cultural de los dialectos del aragonés (al considerar que no debería haber un estándar común que los relacione), con ello negar la propia y común identidad lingüística del Pirineo aragonés y, a su vez, romper con una identidad de carácter más amplio, la del Pirineo con el resto de los aragoneses (que lejos de ser ajenos a la lengua aragonesa, la tenemos muy presente en nuestra habla preñada de aragonesismos). Pero esto tiene más calado: se trata de atajar la incipiente identidad idiomática de los aragoneses, “de todos los aragoneses”, que nos separe de la consideración de país castellano. La simple denominación de “aragonés” de un idioma distinto, debilita la total, absoluta e inquebrantable identificación del castellano con los aragoneses; hace necesario un replanteamiento ideológico y consecuentemente lo que parecía un hecho incontrovertible, queda sometido cuando menos a debate: el castellano ya no es considerado autóctono sino históricamente introducido y superpuesto al substrato lingüístico de los aragoneses. Las sugerencias del artículo van pues en función de perpetuar la identificación de Aragón y los aragoneses con una sola lengua, el castellano y en contra del redescubrimiento de los aragoneses de su lengua identitaria. Como cuatro o seis hablas fraccionadas, o como ella dice “discontinuas”, la cosa queda en lo folklórico y como curiosidad étnica, “sin peligro” para la integridad del españolismo en Aragón, pero como lengua normalizada la cosa cambia se crea una identidad colectiva a reivindicar y desarrollar: El problema es pues para Marisa Arnal Purroy el peligro que representa la identificación del “aragonés” como lengua de identidad, como la Lengua nacional de Aragón.

 

Esperemos que el artículo de Marisa Arnal Purroy sólo represente una postura personal, que sea un evento de carácter excepcional, que no sea el pensamiento oficial (siquiera oficioso) de la UdZ respecto a la Lengua aragonesa. Desearíamos que los departamentos de humanidades de esta vieja Universidad fueran un factor de investigación, de desarrollo y de profundización en el conocimiento y el saber de Aragón incluida el apoyo a la Lengua aragonesa y su normalización. No se pueden construir bastiones ideológicos desde posturas académicas para negar y excluir un fenómeno social y, encima, pedirlo a los que deben de aplicar las leyes para que cometan una ilegalidad. Eso debería desacreditar públicamente a quien lo pide. No es función de los gobernantes dar crédito a los que piden excluir (que se repasen la CE, si es preciso), sino integrar y dar carta de naturaleza a la Lengua aragonesa. Lo que propone Marisa Arnal al Gobierno y a las Cortes de Aragón no tiene nada de “buen sentido”, más bien resulta ignominioso a todos los que individual o colectivamente luchamos por el reconocimiento de la “Lengua aragonesa”.

 

Arnau de Borau

Aragón, febrero 2010

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