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Fue Fernando II el primer españolista?

fiiPara españolizar más aún al rey aragonés más españolizado, el actual Gobierno de Aragón ha montado, a la manera de un stand de feria de muestras y con el propósito de un parque temático, la exposición “Fernando II de Aragón, el rey que imaginó España y la abrió a Europa”. Ya el título denota que el planteamiento está hecho al gusto de una parte de la clase política aragonesa “ávida de españolidad, cargada de anti-catalanismo y de encefalograma plano en aragonesismo”. Se trata de un planteamiento propagandístico con obras y documentos originales para pre-condicionar al visitante a la “verdad” ideológica que el españolismo siempre ha querido dar sobre Fernando II de Aragón, que está en las antípodas del rigor histórico, y que no aporta nada nuevo en el formato del mito de los “Reyes Católicos” y del “Tanto Monta, Monta Tanto…”.

A Fernando de Aragón se le ha definido como el mejor político de su época. Quizás, por ello, el empeño en borrarle lo “de aragonés” y fichar, o mejor dicho, usurpar, su ilustre persona por parte del españolismo, tan carente de referentes. ¡Como no es mío, me lo apropio!. Es la “eterna envidia“, y el no poder consentir que un Reino tan “insignificante” y “periférico” como Aragón “diera” un hombre con tantas virtudes políticas y que dominó en Castilla durante 35 años.

Ya va siendo hora que alguien diga lo contrario sobre este rey y, aunque me pueda sobrepasar en mis planteamientos, intentaré dar algún argumento en que pensar. Lejos de los mitos con los que juega el españolismo, Fernando II fue un rey “muy aragonés”  y sus reinos patrimoniales de la Corona de Aragón estuvieron en el eje de sus intereses como gobernante, aunque con sus “particularidades”.

Como dicen todos los manuales, Fernando de Aragón era un político en sentido moderno y con una muy gran ambición. Aunque lo era más en sus planteamientos y su estrategia que en sus resultados, pues acabó metiéndonos en ese batiburrillo de reinos, ducados y señoríos que fue la Monarquía hispánica, donde acabó imponiéndose la visión centralista castellana.

Le gustaba el poder y disfrutaba con él y con lo que es la extensión más agradable del poder, la coyunda con fembra plazentera a un chasquido de dedos, lo que también le dio fama.

Era audaz también, como se dice. Y en tanto que audaz era capaz de desorientar a los necios de su época y a los actuales en cuanto a sus fines. Por eso, su primer objetivo, el de ser el “hombre más poderosos de Castilla”, que el españolismo siempre ha querido interpretar (interesadamente) como el intento de unir los dos reinos en uno y formar España, fue, contrariamente, una parte de su ambiciosa estrategia para salvar de sus enemigos a sus Estados patrimoniales en la Península y en Italia, lo que todos conocemos como la Corona de Aragón.

La Corona de Aragón estuvo siempre entre los dientes de una tenaza. Por un lado Castilla, por el otro Francia. La política que siguió Fernando impidió que ésta tenaza se cerrara sobre Aragón en un momento crítico, a finales del siglo XV… Las torpezas de sus antecesores en el cargo, Alfonso V, dicho “El Magnánimo”, su tío, y Juan II, calificado como “El Grande”, su padre, no hicieron más que agravar los problemas y la crisis de la Corona, incluidos una guerra civil en Cataluña y la ocupación de los condados de Cerdaña y Rosellón por los franceses… Ni que decir tiene que la tenaza se cerró definitivamente en 1714, con la alianza entre Francia y Castilla, para instaurar la actual dinastía borbónica en España.

Así pues, bastantes problemas tuvo el rey Fernando en su reinado como para pararse a “imaginar” Estados que no existían, ni nadie necesitaba que existiesen en Europa, ni en ese momento ni después. Como político pragmático que era, no nos lo imaginamos perdiendo el tiempo “imaginando España”. Más bien su preocupación en aquel momento era como mantener la independencia y la integridad de los Estados de la Corona de Aragón. Porque, desde Pedro II, muerto en 1213 en batalla de Muret, y el fin del imperio aragonés en Occitania, el principal enemigo de Aragón fue Francia, que avanzaba en sus ambiciones territoriales en el Pirineo y que comprometía el dominio de Aragón sobre el Reino de Nápoles. Francia era un peligro real e inminente en aquel momento para la Corona de Aragón, mayor que Castilla que no se percibía tan inmediatamente como tal. El genio personal y político de Fernando II estuvo dedicado a conjugar este peligro, con un sentido muy pragmático y muy realista y de acuerdo a la manera de hacer política en aquel tiempo. Sus alianzas matrimoniales, incluido el casamiento de su hija Catalina con los Tudor de Inglaterra, estuvieron dirigidas a aislar a Francia. Todo este esfuerzo político, diplomático y bélico permitió probablemente que los Estados de la Corona de Aragón sobrevivieran a las potencias emergentes de Francia y Castilla, prolongando, al menos durante 200 años más, su existencia como entidades políticas.

Sin embargo, y a pesar de que Fernando tenía en el pensamiento sus Estados patrimoniales en su acción política, estamos lejos de considerarlo un patriota aragonés. Su ambición de poder le impedía tener un buen entendimiento con las Cortes y las instituciones del Reino.  En un contexto de la Monarquía autoritaria y en el intento de hacer valer la supremacía del poder real en todos los ámbitos de la política, ejerció medidas  tan despóticas como la de implantar la inquisición castellana en Aragón o mismamente la expulsión de los judíos.

El matrimonio de Fernando con su prima castellana Isabel, de hecho una usurpadora, le dio a Fernando la posibilidad de controlar Castilla durante la mayor parte de su reinado, a pesar de los múltiples problemas y conflictos que le generó sacó dos ventajas; la financiación para sus empresas políticas (incluidas las aragonesas) y, al estar bajo su control efectivo, quedar neutralizada en cuanto potencial enemiga de Aragón. Como pragmático se decantó por el “mal menor”, una decisión criticable desde la perspectiva actual vista como origen remoto de la pérdida de Aragón de su condición de Estado independiente, aunque eso fuera realmente el resultado directo de la guerra de agresión de los borbones contra el Reino de Aragón, que sucedió 200 años más tarde.

La unión Isabel y Fernando fue una asociación de monarquías formalizada en las respectivas personas de los monarcas, no en los Reinos en cuanto a entidades políticas o nacionales. Cada monarca obtiene de esa simbiosis una particular ventaja personal y política en su reino, para Isabel, que tenía, además del conflicto dinástico, todos los frentes abiertos contra ella: el exterior, la guerra con Portugal y, el interior, contra la propia nobleza castellana, obtener y consolidar su posición de poder en Castilla, y para Fernando, como rey de sus propios Estados y rey fiduciario de otro, dar satisfacción a su ambición y disuadir con su poder crecido la presión de sus enemigos sobre Aragón. No pretendieron unir nada. La Concordia de Segovia no ofrece dudas: fue un pacto o protocolo de lo que cada monarca puede hacer en el Reino del otro, pero sin reciprocidad y sin igualdad en la competencia, pues, así como Fernando lo fue todo en Castilla, Isabel ni pinchaba ni cortaba en Aragón. Ambos monarcas obtenían con esa asociación lo que ambicionaban políticamente. Era una asociación personal y no pretendieron crear una nueva nacionalidad.

Cuando, muerta Isabel, los nobles castellanos dieron la espalda a Fernando no se pararon a contemplar si ellos se consideraban españoles o si consideraban español al rey, ese concepto era inexistente tanto antes como después de su reinado. Si Isabel y Fernando alguna vez secretamente pretendieron crear una nueva nacionalidad, se vio que había sido un fracaso. En Castilla tenían unos nuevos reyes con los floridos nombres de Juana “La Loca” y Felipe “El Hermoso”. Se habían cumplido las previsiones sucesorias de Isabel. Y él, después de todo, sólo era “el marido aragonés” de la difunta reina y desde la “cuna de la españolidad”, Castilla, le dieron a entender al rey más españolizado de la historia, ¡oh, paradojas!, que allí ya no hacía falta.

El eje axial de la política de Fernando conseguir una alianza que garantizará la seguridad, integridad e independencia de sus reinos aragoneses retornó en ese momento a su punto de partida. Caducada la opción castellana (lo que debería dar idea de cuan débil era aquella unión), Fernando se vio en la obligación de hacer del antiguo enemigo un nuevo aliado y se casó con la sobrina del rey de Francia, Germana de Foix. El nacionalismo español siempre ha pasado de puntillas sobre esta cuestión, porque aquí se enfrenta la visión ñoña, distorsionada y cansina hasta la agonía del españolismo del eje Zaragoza-Madrid del ser rey “más ensoñador de las Españas”, con la visión auténtica del rey ambicioso, pragmático, audaz, abierto a todas opciones que no desdeñaría pactar con el diablo para salvaguarda de su Patrimonio aragonés.

El matrimonio con Germana de Foix fue una jugada maestra de Fernando “El Pragmático”. Si el de Isabel fue un matrimonio por razón de Estado, con más razón lo fue el de Germana. Para pasarlo bien ya tenía a las amantes. La audacia, que descolocó a propios y extraños, estuvo en aliarse con el enemigo tradicional de Aragón y emparentar él mismo, por razón de Estado y aunque pareciera contradictorio, con la familia del rey de Francia. ¡Precisamente emparentar él, que intentó aislar a Francia con las políticas matrimoniales y los casamientos de sus hijas!. Por otra parte y en vista de lo loca que estaba su hija Juana y lo mal que se llevaba con su yerno El Hermoso, tenía la mismo tiempo la intención de tener un heredero propio para Aragón y evitar que coincidieran los de  Aragón y los de Castilla  en la misma persona.

Fernando de Aragón jamás imaginó España, ni hubiera perdido el tiempo en semejante sandez. Ello hubiera ido en contra de sus hechos y sus hechos son incontrovertibles. Esto ni el españolismo más revisionista puede cambiarlo con mil exposiciones que hagan. Fernando actuó siempre en función de su instinto político y, aunque sus actos resultaran contradictorios, siempre deseó obtener la mejor ventaja para la Corona de Aragón. En su deseo final estuvo  apartar a Aragón de Castilla para siempre.

A la pregunta del inicio hay que responder, que no lo fue, que esa estirpe de cretinos aún tardaría algún tiempo en aparecer.

Arnau de Borau

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